SEXTA SEMANA DE PASCUA VIERNES
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
LA PRUEBA DEL SUFRIMIENTO Y DE LA RENOVACIÓN
Oración Colecta
Señor Dios, Padre misericordioso:
Es difícil para nosotros aceptar el dolor,
porque sabemos que, por el contrario,
nos has hecho para la felicidad y la alegría.
Cuando el sufrimiento nos desafía
con un provocativo “¿por qué yo; por qué a mí?”,
ayúdanos a descubrir la profundidad
de nuestra libertad interior y nuestro amor
y toda la fe y lealtad
de que somos capaces,
con el poder del Señor, y juntamente con él,
Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Dios, una vez más, demuestra que es refugio y apoyo de cuantos dan testimonio con vida y con obras de su amor en este mundo. Asegura a Pablo, y nos asegura a nosotros, que por nada hay que temer. Dios está con nosotros.
En aquellos días, Pablo tuvo una visión nocturna en Corinto, en la que le dijo el Señor: "No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondrá la mano sobre ti para perjudicarte. Muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo". Por eso Pablo se quedó allí un año y medio, explicándoles la palabra de Dios.
Pero cuando Galión era procónsul de Acaya, los judíos, de común acuerdo, se abalanzaron contra Pablo y lo llevaron hasta el tribunal, donde dijeron: "Este hombre trata de convencer a la gente de que den a Dios un culto contrario a la ley". Iba Pablo a tomar la palabra para responder, cuando Galión dijo a los judíos: "Si se tratara de un crimen o de un delito grave, yo los escucharía, como es razón; pero si la disputa es acerca de palabras o de nombres o de su ley, arréglense ustedes". Y los echó del tribunal. Entonces se apoderaron de Sóstenes, jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, sin que Galión se preocupara en lo más mínimo.
Pablo se quedó en Corinto todavía algún tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, con Priscila y Aquila. En Céncreas se rapó la cabeza para cumplir una promesa que había hecho.
Salmo Responsorial
R. (8a) Dios es el rey del universo. Aleluya.
Aplaudan, pueblos todos,
aclamen al Señor, de gozo llenos,
que el Señor, el Altísimo, es terrible,
y de toda tierra, rey supremo.
R. Dios es el rey del universo. Aleluya.
Fue él quien nos puso por encima
de todas las naciones y los pueblos,
al elegirnos como herencia suya,
orgullo de Jacob, su predilecto.
R. Dios es el rey del universo. Aleluya.
Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todas.
R. Dios es el rey del universo. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Cristo tenía que morir y resucitar de entre los muertos,
para entrar así en su gloria.
R. Aleluya.
Evangelio
La Iglesia debe pasar constantemente por el parto doloroso de la renovación, por el repetido retorno a Cristo y al centro de su Evangelio, para mostrar auténticamente a Cristo ante el mundo de hoy. Pero, como todo alumbramiento, el Señor nos asegura vida nueva y una alegría que nadie nos podrá quitar.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes llorarán y se entristecerán, mientras el mundo se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero su tristeza se transformará en alegría.
Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegría de haber traído un hombre al mundo. Así también ahora ustedes están tristes, pero yo los volveré a ver, se alegrará su corazón y nadie podrá quitarles su alegría. Aquel día no me preguntarán nada''.
Oración de los Fieles
Oramos por toda la Iglesia, por todos los cristianos incomprendidos y perseguidos que dan su vida por el Evangelio, diciendo: R/Danos, Señor esa alegría que nadie nos puede quitar.
– Para que el Espíritu Santo nos otorgue paz y serenidad en tiempos de dolor y de prueba, ya que Dios nos ha hecho para la alegría y la felicidad, roguemos al Señor.
– Para que el sufrimiento y la contradicción, con la ayuda del Espíritu Santo, nos hagan crecer en la imagen y semejanza de Cristo Jesús, roguemos al Señor.
– Para que el Espíritu Santo nos guarde bien anclados en la fe y en la alegría, cuando andemos a tientas en la oscuridad de la incomprensión y de la soledad, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
En esta eucaristía participamos
en la muerte y Resurrección salvadoras
de nuestro Señor Jesucristo.
Danos a tu Hijo como nuestro Pan de Vida,
para que, por la fuerza de su Espíritu,
afrontemos el dolor y el sufrimiento
con nuevo talante, sin rebeldía ni rechazo.
Que sean para nosotros también
como el dolor liberador del alumbramiento
de una nueva vida y de una alegría renovada,
que durará por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre siempre fiel:
Tú no nos pides lo imposible
Y nosotros sabemos que nos amas.
Ayúdanos a aceptar las realidades de la vida
y las exigencias de lealtad y amor
con la fuerza de tu Hijo.
Danos valor para no rechazar
los dolores de la renovación
según Cristo y su Evangelio,
para que nuestros corazones
estén llenos de una alegría
que nunca nadie nos pueda arrebatar,
ya que tu Hijo es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Jesús nos asegura que cualquier cosa que pidamos al Padre en su nombre nos la concederá. Si tuviéramos suficiente fe, nunca dudaríamos o estaríamos preocupados. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
