SEXTA SEMANA DE PASCUA MIÉRCOLES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD MORA EN NOSOTROS

Oración Colecta
Señor Dios, Padre nuestro:
Tú no estás lejos de ninguno de nosotros,
porque en ti vivimos, nos movemos y existimos,
y tú vives en nosotros
por medio de tu Santo Espíritu.
Quédate de verdad con nosotros, Señor;
envíanos tu Espíritu de la verdad
y, por medio de él,
haz que ahondemos en nuestro conocimiento
de la vida y el mensaje de tu Hijo,
para que aceptemos la verdad plena
y vivamos consistentemente conforme a ella.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Hechos 17, 15-16. 22–18, 1

     Pablo anuncia en el areópago de Atenas al Dios desconocido. Les ofrece a aquellos hombres la verdadera identidad y el anuncio de Vida eterna de ese Dios que también los ama y que quiere congregarlos no para que lo honren en imágenes de oro o plata sino en todo lo creado, en espíritu y en verdad.

En aquellos días, los cristianos que ayudaron a Pablo a escapar de Berea, lo llevaron hasta la ciudad de Atenas. Pablo los envió de regreso con la orden de que Silas y Timoteo fueran a reunirse con él cuanto antes.

Un día, mientras los esperaba en Atenas, Pablo sentía que la indignación se apoderaba de él, al contemplar la ciudad llena de ídolos. Entonces se presentó en el Areópago y dijo:

"Atenienses: Por lo que veo, ustedes son en extremo religiosos. Al recorrer la ciudad y contemplar sus monumentos, encontré un altar con esta inscripción: 'Al Dios desconocido'. Pues bien, yo vengo a anunciarles a ese Dios que ustedes veneran sin conocerlo.

El Dios que hizo el mundo y todo cuanto hay en él, siendo el Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por hombres, ni es servido por mano de hombres, como si necesitara de algo o de alguien; porque él es quien da a todos la vida, el aliento y cuanto tienen.

De un solo hombre sacó todo el género humano para que habitara toda la tierra, determinó las épocas de su historia y estableció los límites de sus territorios. Dios quería que lo buscaran a él y que lo encontraran, aunque fuera a tientas, pues en realidad no está lejos de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y somos. Como lo ha dicho alguno de los poetas de ustedes: 'Somos de su mismo linaje'.

Por lo tanto, si somos linaje de Dios, no debemos pensar que Dios es como una imagen de oro, plata o mármol, labrada artísticamente por los hombres según su imaginación. Dios no tomó en cuenta la ignorancia de la gente en tiempos pasados, pues ahora quiere que todos los hombres se conviertan, porque tiene determinado un día en el cual ha de juzgar al universo con justicia, por medio de un hombre designado por él, y ha dado a todos la prueba de esto, resucitándolo de entre los muertos''.

Al oír hablar de la resurrección de los muertos, algunos se burlaron y otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasión". Entonces Pablo se retiró. Sin embargo, algunos se adhirieron a él y creyeron. Entre ellos se contaban Dionisio, el areopagita; una mujer, que se llamaba Dámaris, y algunos más. Después de esto, Pablo salió de Atenas y se fue a Corinto.

Salmo Responsorial

Salmo 148, 1-2. 11-12ab. 12c-14a. 14bcd

R. La gloria del Señor sobrepasa cielo y tierra. Aleluya.
Alaben al Señor en las alturas,
Alábenlo en el cielo;
que alaben al Señor todos sus ángeles,
celestiales ejércitos.
R. La gloria del Señor sobrepasa cielo y tierra. Aleluya.
Reyes y pueblos todos de la tierra,
gobernantes y jueces de este mundo;
hombres, mujeres, jóvenes y ancianos,
alaben al Señor y denle culto.
R. La gloria del Señor sobrepasa cielo y tierra. Aleluya.
El nombre del Señor alaben todos,
pues su nombre es excelso,
su gloria sobrepasa cielo y tierra
y ha hecho fuerte a su pueblo.
R. La gloria del Señor sobrepasa cielo y tierra. Aleluya.
Que alaben al Señor todos sus fieles,
los hijos de Israel,
el pueblo que ha gozado siempre
de familiaridad con él.
R. La gloria del Señor sobrepasa cielo y tierra. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 14, 16

R. Aleluya, aleluya.
Yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador,
Que se quedará para siempre con ustedes, dice el Señor.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Te rogamos, Señor Dios, nos hagas siempre fieles mensajeros de tu Verdad liberadora. Por eso te decimos: R/Ayúdanos a vivir en tu verdad, que nos hace libres.

– Señor Jesús, que nuestro corazón aborrezca la mentira y tenga siempre sed de la verdad, te rogamos.
– Señor Jesús, cuando nos falten palabras para hablar al Padre en oración, que el Espíritu Santo ponga las plegarias justas en nuestros corazones y en nuestros labios, te rogamos.
– Señor Jesús, para que los hombres y mujeres que trabajan en los medios de comunicación sepan escuchar al Espíritu Santo y transmitan la verdad plena y entera, te rogamos.
– Señor Jesús, que el Espíritu Santo inspire a los artistas para que nos hagan admirar la grandeza de la creación de Dios, te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Señor de cielo y tierra:
Tú nos das vida y aliento
y nos has hecho tus hijos e hijas
por medio de nuestro hermano Jesucristo.
Danos a tu Hijo ahora en esta eucaristía.
Por medio de él y de su Espíritu
planta tu tienda entre nosotros, tu pueblo,
y moldéanos en una comunidad de fe y amor,
para que sepamos establecer eficazmente tu reino
y te alabemos por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos has cerciorado de nuevo,
en esta celebración eucarística,
de que estás con nosotros
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Que su Espíritu de verdad nos guíe
para afrontar la verdad
con todas sus consecuencias:
la verdad sobre tu Hijo y su Evangelio,
para que vivamos su vida más profundamente,
y la verdad sobre nosotros mismos
que no somos más
que pálidas imágenes y pobres testigos
de quien es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Que el Espíritu de verdad venga a nosotros y nos guíe hacia la verdad plena sobre nosotros, en nuestros vínculos y en todo lo que sucede en nuestro mundo. Que Dios envíe este Espíritu y nos bendiga. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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