CUARTA SEMANA DE PASCUA MIÉRCOLES
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
CRISTO NUESTRA LUZ-VIDA ETERNA
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por medio de tu mismo Hijo Jesucristo
tú nos aseguras que él vino no a condenar
sino a traernos perdón y vida,
una vida que es rica y valiosa,
que vale la pena vivir
y que nos revitaliza a nosotros y a nuestro mundo
con amor y espíritu de servicio.
Queremos que Cristo esté con nosotros
como luz con la que vemos
todo lo que es bueno y digno de vivirse.
Y danos la gracia de participar un día en su vida eterna.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
La Palabra crecía y se multiplicaba gracias a las acciones misioneras de los primeros apóstoles, que no cejaban en salir al encuentro de todos para anunciarles que había una forma de vida mejor y Alguien que la ofrecía gratuitamente y con amor.
En aquel tiempo, la palabra del Señor cundía y se propagaba. Cumplida su misión en Jerusalén, Saulo y Bernabé regresaron a Antioquía, llevando consigo a Juan Marcos.
Había en la comunidad cristiana de Antioquía algunos profetas y maestros, como Bernabé, Simón (apodado el “Negro”), Lucio el de Cirene, Manahén (que se crió junto con el tetrarca Herodes) y Saulo. Un día estaban ellos ayunando y dando culto al Señor, y el Espíritu Santo les dijo: “Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la misión que les tengo destinada”. Todos volvieron a ayunar y a orar; después les impusieron las manos y los despidieron.
Así, enviados por el Espíritu Santo, Saulo y Bernabé fueron a Seleucia y zarparon para Chipre. Al llegar a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.
Salmo Responsorial
R. (4) Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Ten piedad de nosotros y bendícenos;
vuelve, Señor, tus ojos a nosotros.
Que conozca la tierra tu bondad
y los pueblos tu obra salvadora.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Las naciones con júbilo te canten,
porque juzgas al mundo con justicia;
con equidad tú juzgas a los pueblos
y riges en la tierra a las naciones.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Que te alaben, Señor, todos los pueblos,
que los pueblos te aclamen todos juntos.
Que nos bendiga Dios
y que le rinda honor el mundo entero.
R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Aleluya.
Evangelio
“Vine no a juzgar al mundo sino a salvarlo”, nos dice Jesús hoy. Vine como luz para un mundo a oscuras. Es hora de preguntarnos si nosotros, los cristianos, somos hoy, aquí y ahora, al menos pequeñas luces que irradian su luz…
En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho’’.
Oración de los Fieles
Señor Dios del Cielo y de la Tierra, que nos pusiste como faros de esperanza para iluminar este mundo herido, te rogamos: R/Haznos siempre candiles encendidos que irradien tu bondad.
– Para que también las Iglesias jóvenes estén dispuestas y deseosas de enviar misioneros a gentes y pueblos que todavía no gozan de la luz de Cristo, roguemos al Señor.
– Para que las personas que viven con inseguridad e incertidumbre, y en la oscuridad del temor y del sufrimiento, vean la luz de Cristo, que les lleva alivio y fortaleza, roguemos al Señor.
– Para que todos nosotros en esta nuestra comunidad seamos al menos un humilde, pero eficaz, reflejo de la luz de Cristo, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Padre eterno:
¡Qué bueno que no tenemos que esperar
al final de nuestra peregrinación en la Tierra
para disfrutar la felicidad de la vida eterna!
Haz que, cuando comamos el Pan de Vida de Jesús,
y bebamos su Sangre de fortaleza,
su vida crezca en nosotros
y florezca para la vida eterna.
Cumple en nosotros esta promesa
que nos hizo tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Dichosos nosotros, que, gracias a Dios, no vivimos en la oscuridad, sino en plena luz. Podemos todavía plantearnos preguntas; no entendemos todo sobre nuestra fe, pero conocemos a la persona única de Jesús y creemos en él, que se proclamó a sí mismo como Luz del mundo. Que esta luz resplandezca siempre clara y radiante sobre nosotros. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
