La noche siguiente el Señor se le presentó y le dijo:
—¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio de mí en Jerusalén, tienes que darlo en Roma.
La noche siguiente el Señor se le presentó y le dijo:
—¡Ánimo! Lo mismo que has dado testimonio de mí en Jerusalén, tienes que darlo en Roma.