SEGUNDA SEMANA DE PASCUA SÁBADO
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
SERVIDORES EN EL ESPÍRITU
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
También hoy en día necesitamos
mujeres y hombres
llenos del Espíritu de amor y servicio
que estén atentos a las necesidades del pueblo.
Suscita, Señor, en la Iglesia
muchos cristianos dispuestos a servir.
Que escuchen incluso el clamor apenas evidente
de gente demasiado tímida
para verbalizar su pobreza y su aflicción
y que ayuden eficazmente y sin discriminación
a sus hermanos y hermanas en Cristo,
porque él es Señor nuestro
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
La primera comunidad cristiana empezaba a organizarse en vocaciones, carismas y ministerios. A los que oraban y difundían la Palabra de Dios, misión primordial de la Iglesia, se sumaron otros con diversas tareas. La única condición que se les pedía es que fueran servidores llenos de Espíritu Santo, sensibles a las necesidades de los hermanos.
En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.
Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: “No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”.
Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.
Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.
Salmo Responsorial
R. (22) El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Que los justos aclamen al Señor;
es propio de los justos alabarlo.
Demos gracias a Dios, al son del arpa,
que la lira acompañe nuestros cantos.
R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Sincera es la palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen
y en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambre les da vida.
R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Ha resucitado Cristo, el Señor, que creó el mundo,
y que ha salvado a los hombres por su misericordia.
R. Aleluya.
Evangelio
El hermoso mensaje de este evangelio viene a recordarnos que Jesús está en la noche de nuestras angustias y dificultades. En esos momentos en los que no vemos salida y nos invade la desesperación. Allí está y nos dice: “No teman”. Él nos conduce siempre a nuestro destino mejor.
Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.
Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
Oración de los Fieles
Elevamos en este día una oración a ti, Padre de todo poder y consuelo, para que encontremos a tu Hijo en nuestras dificultades y, con fe, nos cobijemos en su presencia, diciendo: R/Danos tu luz y tu Salvación en toda tribulación.
– Para que tengamos la más absoluta confianza en la presencia del Señor cuando somos probados, y para que no nos olvidemos de hacernos cercanos y presentes a los hermanos en dificultad y en aflicción, roguemos al Señor.
– Para que la Iglesia predique, a tiempo y a destiempo, la Buena Noticia del Señor, aun cuando al mundo no le agrade su mensaje, roguemos al Señor.
– Para que nuestras comunidades estén atentas a las necesidades materiales y espirituales de los hermanos, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Aquí están, sobre el altar,
nuestros sencillos dones de pan y vino.
Que tu Santo Espíritu los transforme
en Cristo, tu Hijo entre nosotros,
y que él nos transforme también a nosotros, tu pueblo,
en servidores generosos,
dispuestos a ayudar a los necesitados,
especialmente a los privados de amor
y a los que apenas han experimentado en su vida
lo que es la verdadera justicia.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Salvador nuestro:
Cuando seamos sacudidos
por las agitadas olas de la vida,
calma nuestros temores y dinos:
“No tengan miedo; estoy aquí con ustedes”.
Danos la gracia de ser conscientes
de tu presencia y de la de tu Hijo Jesús
especialmente en las dificultades de nuestra vida.
Haznos hombres y mujeres de fe y esperanza
que sigamos siempre confiando en ti.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Las comunidades cristianas dignas de ese nombre se preocupan por sus hermanos necesitados. Pero no solo hay necesidades materiales sino también espirituales, de gente cansada, confusa, triste, desanimada, a quien hay que socorrer y animar. Ya que el Señor está con nosotros, estemos siempre al lado de los que sufren. Y, para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
