SEGUNDA SEMANA DE PASCUA MIÉRCOLES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

NO CONDENAR SINO SALVAR

 
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú amaste tanto al mundo –es decir a nosotros–
que nos diste a tu único Hijo
para liberarnos
y para darnos vida eterna.
No nos condenes, Señor;
no nos abandones a nuestra suerte
y a nuestros pequeños y ridículos esquemas humanos,
sino danos a tu Hijo para que permanezca con nosotros
y para que haga que el amor, la justicia y la paz
lleguen a ser realidades siempre nuevas entre nosotros,
tu pueblo renacido por el bautismo en tu Hijo,
Jesucristo, nuestro Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R. (7a) Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya.
Bendeciré al Señor a todas horas,
no cesará mi boca de alabarlo.
Yo me siento orgulloso del Señor,
que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya.
Proclamemos la grandeza del Señor
y alabemos todos juntos su poder.
Cuando acudí al Señor, me hizo caso
y me libró de todos mis temores.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya.
Confía en el Señor y saltarás de gusto,
jamás te sentirás decepcionado,
porque el Señor escucha el clamor de los pobres
y los libra de todas sus angustias.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya.
Junto a aquellos que temen al Señor
el ángel del Señor acampa y los protege.
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor.
Dichoso el hombre que se refugia en él.
R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 3, 16

R. Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Aleluya.

Evangelio

Juan 3, 16-21

     Dios nos amó tanto que envió a su único Hijo al mundo para salvarnos. Pero, ¿acaso tenemos nosotros necesidad de salvación? Nos hemos vuelto tan autosuficientes y orgullosos de nuestras realizaciones y logros humanos, que subestimamos esta necesidad… Sin embargo, ¡necesitamos tanto salvarnos de nosotros mismos, de nuestros propios logros, de nuestro así llamado progreso…! Solo Jesús, Dios-con-nosotros, puede rescatarnos del desastre que hemos producido y de la confusión en la que estamos metidos.

"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios''.

Oración de los Fieles

Señor Dios, sabemos que tu Iglesia no crece por el marketing de cualquier empresa. Que nuestra mejor propaganda sea el amor que nos une, y que vivamos una fraternidad auténtica. Por eso te pedimos: R/Que seamos uno, Señor, para que el mundo crea.

– Para que aquellos que no pueden creer en Dios porque la vida les es muy difícil, perciban el amor de Dios reflejado en gente buena, humilde, acogedora y cercana, oremos.
– Para que no condenemos a nadie, sino que aceptemos a las personas de la misma forma como Dios las acepta, oremos.
– Para que seamos inclusivos, comprensivos y contenedores de lo más despreciado y vulnerable, tal como Jesús nos enseñó, oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Así como tu Hijo Jesús está aquí presente
y se da a sí mismo a nosotros
en este banquete de la eucaristía,
que también esté él presente en nuestras vidas
y dé sentido a todo lo que hacemos.
Que aprendamos de él
a hacer lo que seríamos incapaces de hacer
sólo por nosotros mismos, dejados a nuestra suerte:
como olvidar ofensas y perdonar a nuestros enemigos.
ser pacientes con los que no nos comprenden,
llevar libertad a los que no la aprecian.
Que Jesús trabaje todo esto en nosotros
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor:
Tú oyes los gritos y el llanto de los pobres;
tú enviaste a tu Hijo al mundo
no para condenarlo, sino para salvarlo.
Danos fuerza, no para condenar,
sino para edificar;
no para juzgar, sino para sanar y ayudar,
no para maldecir, sino para bendecir.
Y cuando nuestros torpes esfuerzos nos fallen,
recuérdanos que tu Hijo permanece aquí con nosotros
y que él puede hacer las cosas
–aun por medio de nosotros–
mejor de lo que nunca nos atreveríamos a esperar.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Dios no envió a Jesús al mundo para condenarlo sino para salvarlo. Con Jesús, y por medio de él, somos parte de ese hermoso plan. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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