PRIMERA SEMANA PASCUA SÁBADO
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
“NO PODEMOS CALLAR”
Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús vivió entre nosotros,
carne de nuestra carne, sangre de nuestra sangre;
por amor murió por nosotros
y tú lo resucitaste a una nueva vida.
Queremos fervientemente experimentar
su amor y su presencia
hasta tal punto que, como los apóstoles,
no podamos nunca parar de proclamar
lo que hemos visto y oído,
y que por ello los hombres
te den gloria y alabanza a ti, Dios nuestro.
Te lo pedimos en nombre de Jesucristo, el Señor.
Primera Lectura
Pedro y Juan no encubren su fe, y la misión a la que los mueve su fe, frente a quienes quieren prohibirles dar testimonio de Jesús Resucitado. No pueden callar lo que han visto y oído.
En aquellos días, los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas, se quedaron sorprendidos al ver el aplomo con que Pedro y Juan hablaban, pues sabían que eran hombres del pueblo sin ninguna instrucción. Ya los habían reconocido como pertenecientes al grupo que andaba con Jesús, pero no se atrevían a refutarlos, porque ahí estaba de pie, entre ellos, el hombre paralítico que había sido curado.
Por consiguiente, les mandaron que salieran del sanedrín, y ellos comenzaron a deliberar entre sí: “¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Han hecho un milagro evidente, que todo Jerusalén conoce y que no podemos negar; pero a fin de que todo esto no se divulgue más entre el pueblo, hay que prohibirles con amenazas hablar en nombre de Jesús”.
Entonces mandaron llamar a Pedro y a Juan y les ordenaron que por ningún motivo hablaran ni enseñaran en nombre de Jesús. Ellos replicaron: “Digan ustedes mismos si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos dejar de contar lo que hemos visto y oído”.
Los miembros del sanedrín repitieron las amenazas y los soltaron, porque no encontraron la manera de castigarlos, ya que el pueblo entero glorificaba a Dios por lo sucedido.
Salmo Responsorial
Salmo 117, 1 y 14-15. 16ab-18. 19-21
R. (21a) La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
Te damos gracias, Señor, porque eres bueno,
porque tu misericordia es eterna.
El Señor es mi fuerza y mi alegría;
en el Señor es mi salvación.
Escuchemos el canto de victoria
que sale de la casa de los justos.
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
“La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es nuestro orgullo”.
No moriré, continuaré viviendo
para contar lo que el Señor ha hecho.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me abandonó a la muerte.
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
Ábranme las puertas del templo,
que quiero entrar a dar gracias a Dios.
Esta es la puerta del Señor
y por ella entrarán los que le viven fieles.
Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste
y fuiste para mí la salvación.
R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
R. Aleluya.
Evangelio
Hoy, como ayer, Jesús se hace presente en personas y situaciones. Pero muchas veces los que nos decimos sus discípulos no lo reconocemos. Cuando aprendemos a mirar con los ojos de la fe, él nos envía. Reconocerlo y anunciarlo van de la mano. Por eso nos dice: "Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación".
Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.
Oración de los Fieles
Rogamos a nuestro Padre del Cielo por nuestras comunidades llamadas a la profecía aun cuando eso suponga seguir hasta el fin las huellas del Maestro. Y le decimos: R/Danos el valor que nos falta, Señor, para anunciarte.
– Para que la Iglesia no dude nunca en proclamar al mundo verdades, valores y estilos de vida inspirados en Jesús y en su Evangelio, que seguramente al mismo mundo no le agrada oír, roguemos al Señor.
– Para que los misioneros, y, de hecho, todos los cristianos sigamos proclamando con nuestro estilo de vida que Cristo vive y es importante para todos, roguemos al Señor.
– Para que perseveremos siempre en el seguimiento del Resucitado y conservemos el entusiasmo y la necesidad de anunciarlo, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Dígnate aceptar este pan y este vino
y mira con agrado el que tu Hijo Jesús
esté vivo y presente entre nosotros
en estos signos humildes,
frutos de la tierra y del trabajo del hombre.
Que él nos dé un poco de su fortaleza
para mantenernos firmes
en las tormentas de la vida,
y para vivir con la alegría
propia de personas redimidas,
ya que el Señor está vivo
y nosotros también lo estamos gracias a él,
ahora y ojalá por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tu Hijo nos ha escogido
para ser sus compañeros y compañeras.
Que los hombres lo reconozcan en nosotros
y que ellos lo acepten a él
cuando nuestra conducta y nuestro obrar los convenzan
de que él efectivamente está con nosotros
y de que tú eres nuestro Dios,
que vives en la unidad del Espíritu Santo
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Durante toda esta Semana después de Pascua nos hemos empapado de la fe en el Señor Resucitado. Que esta fe, desde luego, sea el núcleo de nuestra creencia y de nuestra vida. El Señor ha resucitado. Nosotros también resucitamos con él, incluso ahora, poco a poco, a una vida nueva y más hermosa, en Cristo Jesús. Permanezcamos en esta bella certeza y alegría. Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
