PRIMERA SEMANA PASCUA (OCTAVA DE PASCUA) LUNES

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

SOMOS TESTIGOS DE LA PASCU

 
Oración Colecta
Oh Dios nuestro:
Nuestro corazón está contento y se regocija
y nos sentimos seguros en nuestra fe
porque tenemos una persona viva en la que creer:
Jesucristo, resucitado de entre los muertos.
Que él nos muestre el verdadero camino de la vida
para que vivamos en la alegría de su presencia
y que él nos dé la gracia de hacernos sus testigos,
de forma que podamos proclamar con nuestra vida entera
que Jesucristo es nuestro Señor,
glorioso y resucitado,
ahora y por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Hechos 2, 14. 22-33

Pedro, en su primer mensaje a aquellas comunidades todavía vacilantes a pesar de tantos signos, afirma, proclama, procura convencerlos de que Jesús, tal como se había anunciado, no quedó atrapado bajo el poder de la muerte. Es él… el mismo Pedro que había negado al Maestro la noche de la Pasión…

El día de Pentecostés, se presentó Pedro, junto con los Once, ante la multitud, y levantando la voz, dijo: "Israelitas, escúchenme. Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes, mediante los milagros, prodigios y señales que Dios realizó por medio de él y que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes utilizaron a los paganos para clavarlo en la cruz.

Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, ya que no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio. En efecto, David dice, refiriéndose a él: Yo veía constantemente al Señor delante de mí, puesto que él está a mi lado para que yo no tropiece. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua se alboroza; por eso también mi cuerpo vivirá en la esperanza, porque tú, Señor, no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que tu santo sufra la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida y me saciarás de gozo en tu presencia.

Hermanos, que me sea permitido hablarles con toda claridad; el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.

Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido a él y lo ha comunicado, como ustedes lo están viendo y oyendo''.

Salmo Responsorial

Salmo 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11

R. (1) Protege, Señor, a los que esperamos en ti. Aleluya.
Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio.
Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor.
El Señor es la parte que me ha tocado en herencia;
mi vida está en sus manos.
R. Protege, Señor, a los que esperamos en ti. Aleluya.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
y con él a mi lado, jamás tropezaré.
R. Protege, Señor, a los que esperamos en ti. Aleluya.
Por eso se me alegran el corazón y el alma
y mi cuerpo vivirá tranquilo,
porque tú no me abandonarás a la muerte,
ni dejarás que sufra yo la corrupción.
R. Protege, Señor, a los que esperamos en ti. Aleluya.
Enséñame el camino de la vida,
sáciame de gozo en tu presencia
y de alegría perpetua junto a ti.
R. Protege, Señor, a los que esperamos en ti. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Salmo 117, 24

R. Aleluya, aleluya.
Éste es el día del triunfo del Señor,
día de júbilo y de gozo.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Nosotros, los que, tantas veces andamos con cara de pepinillos en vinagre ofreciendo una amarga y triste imagen de nuestra fe en Jesús Resucitado, pidámosle la alegría y la esperanza genuina de los auténticos cristianos, no por negadores de las dificultades sino porque ya sabemos que el dolor, el pecado y la muerte han sido vencidos. Y digámosle: R/Haznos testigos fieles de tu Resurrección y tu vida.

– Por todos los nuevos bautizados, para que vayan creciendo constantemente en cercanía e intimidad con Jesús, el Señor Resucitado, roguemos al Señor.
– Por los misioneros, para que proclamen a todos los que quieran escucharlos que Jesús es el Señor Resucitado, que nos alza por encima de nuestro egoísmo, nuestras debilidades y nuestras limitaciones, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros, para que seamos personas llenas de alegría, firmes en nuestra fe, porque tenemos un Señor que venció al mal, al pecado y a la muerte, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Es una auténtica alegría para nosotros
el que tu Hijo Jesús nos haya invitado
a sentarnos con él a la mesa de la eucaristía.
Que él parta de nuevo para nosotros
el pan de sí mismo
y que nos modele como un pueblo
de alegría y esperanza,
que vive cercano a Jesús
y a nuestros hermanos y hermanas,
ya que estamos unidos juntos
por la vida y el amor del mismo Jesucristo,
nuestro Señor Resucitado,
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús nos ha dicho
su palabra de saludo –¡paz! –
que quita nuestros temores
y que nos colma de alegría.
En la mesa de la eucaristía,
nos ha fortalecido
con el calor de su amable presencia.
Inspíranos ahora
para que toda nuestra vida dé testimonio de ti,
proclame que creemos en su mensaje de esperanza
y que él es el centro y el sentido pleno de nuestra vida.
Porque él es Jesús, nuestro Señor vivo y resucitado,
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: No tengan miedo. Digan a sus hermanos y hermanas que el Señor está vivo y resucitado. Que él esté también vivo en nuestras comunidades, en nuestra alegría, en nuestra fe, en nuestra disposición para servir y amar. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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