SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo Litúrgico: A
Introducción
Un Dios grande e inagotable
Dios se Llama Amor
Saludo
Los saludo, hermanos, con el saludo de la segunda lectura de hoy:
La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos ustedes.
R/ Y con tu espíritu.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Un Dios grande e inagotable
Con alegría y gratitud celebramos hoy la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Cuando pensamos en el misterio que hoy veneramos, la cuestión no es tanto quién es Dios, sino como la misma Escritura nos dice: quién es Dios para nosotros. Y la Biblia, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento, responde de varias maneras: Dios es un misterio de amor. Dios nos ama. Con el Salmo 8 decimos, anonadados: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?” Gracias, Señor; gracias, Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¡A ti toda gloria y alabanza por Cristo Jesús! Amén.
2. Dios se llama Amor
En la fiesta de hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, ¿qué podemos decir realmente acerca de Dios? Si tratamos de dar una definición de Dios, describir quién es Dios realmente, no podemos hacer más que balbucear y hacer uso de algunas imágenes que nos aproximen al misterio. Comenzamos a entender a Dios de un modo mucho más fácil si reflexionamos en lo que él ha hecho por nosotros y por todo su pueblo. Y entonces descubrimos que, sobre todo, Dios nos ha amado y nos sigue amando como un Dios misericordioso que perdona, un Padre que se preocupa de nosotros y es tierno como una madre para con nosotros. Descubrimos también a Dios como el Hijo que se hizo uno de nosotros y nos hizo libres a costa de su vida. Y también lo descubrimos como un Espíritu de amor, de unidad y de fuerza, que sigue guiándonos e inspirándonos, y que ruega con nosotros y dentro de nosotros, aquí y ahora, en esta eucaristía.
Acto Penitencial
Pidamos al Dios de ternura y amor
que nos perdone por no haber respondido a su amor.
(Pausa)
Señor Jesús, rostro visible del Padre,
en ti vemos reflejado el amor de Dios.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, que eres paz del Padre para nosotros,
tú traes reconciliación para todo el mundo.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, vida y unidad nuestra,
por el Espíritu derramado en nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor;
por tu compasión líbranos de todos nuestros pecados
y condúcenos a las alegrías de la vida eterna.
R/ Amén.
Oración Colecta
Oremos a nuestro Dios de amor
y pidamos que su Espíritu nos mueva
a responder fielmente a su amor.
(Pausa)
Señor, Dios nuestro,
somos demasiado limitados para entenderte,
pero sabemos que tú te preocupas por nosotros
y has vinculado nuestro destino al tuyo.
Gracias por amarnos
y por estar a nuestro lado
en nuestras tristezas y alegrías.
Gracias por darnos a Jesús
para librarnos de nuestros pecados
y traernos vida, confianza y felicidad.
Gracias por encomendar a tu Espíritu
que nos conduzca y mueva en la vida.
Anima cálidamente nuestros corazones y únenos;
dispón nuestro espíritu para acoger todo tu amor
y para responder a él confiándonos a ti
por todo lo que nos has dado y hecho en nosotros.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
R/ Amén.
Primera Lectura
Un Dios de ternura y compasión
Dios se da a conocer a Moisés como un Dios de ternura y compasión, lento para la ira y rico en amor, misericordia y fidelidad. Él camina con su pueblo.
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor. El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.
Moisés pronunció entonces el nombre del Señor, y el Señor, pasando delante de él, proclamó: "Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel".
Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo: "Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros, aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados, y tómanos como cosa tuya".
Salmo Responsorial
R. (52b) Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres:
Bendito tu nombre santo y glorioso.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito seas en el templo santo y glorioso.
Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.
Bendito eres tú, Señor,
que penetras con tu mirada los abismos
y te sientas en un trono rodeado de querubines.
Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.
Segunda Lectura
Bendición de Dios, una Trinidad de Amor
El Dios de amor y de paz está con nosotros como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Usamos frecuentemente este saludo de San Pablo al principio de la eucaristía.
Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente, vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.
Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz.
Los saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Al Dios que es, que era y que vendrá.
R. Aleluya.
Evangelio
El Padre nos envió a su Hijo
Dios está enamorado de su pueblo. La prueba es que él envió a su propio Hijo al mundo, entre los hombres, no para condenarnos sino para salvarnos. ¿Qué prueba mayor podemos tener del amor de Dios?
"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios".
Oración de los Fieles
Introducción al Credo
Unidos a los cristianos de todo el mundo, profesamos hoy nuestra fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es la fe en la que recibimos el bautismo.
Dios es nuestro Creador y nuestro Padre, que se manifestó a nosotros en su Hijo, Jesús. Por medio de su Espíritu, él nos ama y quiere que Jesús sea conocido y amado. Oremos: R/ Dios, Señor nuestro, escucha nuestra oración.
– Dios Padre, Creador del cielo y de la tierra, ayúdanos a respetar tu creación, a desarrollar este mundo y a hacer fructífera esta tierra para beneficio de todos, y así te pedimos.
– Dios Padre, tú has hecho visible tu amor a todos en tu querido Hijo Jesucristo, uno de nosotros, humano como nosotros, y Salvador nuestro. Ayúdanos a crecer más como él y a continuar en la tierra su misión de llevar salvación y libertad a todos, y así te pedimos.
– Dios Padre, tú derramas tu vida y tu amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. Por su mediación también, ayúdanos a curar lo que está herido, a suavizar lo endurecido y a dar calor a lo que está frío, y así te pedimos.
– Padre, Hijo y Espíritu Santo, que esta nuestra comunidad y toda tu Iglesia sean para este mundo necesitado una señal visible y viva de tu misma comunidad de amor en la Trinidad, y así te pedimos.
Dios, Señor nuestro, sé tú nuestro fundamento y da sentido profundo a nuestra vida cristiana. Conduce a tu Iglesia peregrina a la plenitud de tu vida y de tu amor, en la unidad del Espíritu Santo, por Jesucristo nuestro Señor.
R/ Amén.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro,
te presentamos hoy gozosamente este pan y este vino,
frutos de tu bondad y de nuestro trabajo y esfuerzo.
Que el Espíritu Santo los transforme con su poder,
para que tu Hijo Jesucristo
se haga presente aquí en medio de nosotros;
que podamos tomar parte en la ofrenda del mismo Jesús
y que, por medio de él, con él y en él,
te demos todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos. R/Amén.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Entramos ahora en el corazón de la celebración eucarística. Alabamos y damos gracias al Padre; le ofrecemos y le pedimos con y por mediación de Jesucristo; suplicamos al Espíritu Santo que transforme el pan y el vino en el mismo Cristo y que nos transforme también a nosotros en el cuerpo vivo de Jesucristo.
Introducción al Padre Nuestro
Unidos en el Espíritu Santo,
oremos a Dios nuestro Padre
con la oración de Jesús, el Señor.
R/ Padre nuestro…
Oración por la Paz y la Unidad
Hoy hay que subrayar el saludo de paz
teniendo en cuenta la invitación de la segunda lectura
a darnos el beso de paz.
Padre nuestro, tú nos prometiste tu paz
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Que ojalá haya paz en tu Iglesia,
en nuestras familias, y en el mundo entero.
Danos la paz a nosotros, que formamos esta tu comunidad.
Que el saludo de paz que nos vamos a dar unos a otros
exprese vivamente nuestra unidad y amistad
y nos comprometa a vivir más profundamente en tu amor,
como hermanas y hermanos en Cristo nuestro Señor. R/ Amén.
Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor, a quien el Padre envió al mundo
para traernos vida eterna y para unirnos como hermanos
por el Santo Espíritu.
Dichosos nosotros que creemos en él
y ahora le recibimos como nuestro Pan de Vida.
R/ Señor, no soy digno...
Oración especial a la Santísima Trinidad
El monitor, o toda la comunidad, si hay texto disponible, recita despacio la siguiente oración. El sacerdote concluye con la Oración después de la Comunión.
Señor, Dios, Padre nuestro,
tú eres mi Dios.
Que tu sabiduría me dirija,
tu gracia me anime,
tu amor me dé alegría,
tu verdad me proteja,
tu poder me guarde.
Jesucristo, Hijo de Dios,
hermano y Salvador mío.
Que tú te hicieras hombre
es mi gran alegría.
Quiero seguirte;
que tus sufrimientos sean mi victoria,
tu desgracia mi honor,
tu muerte mi vida,
tu resurrección mi bienestar.
Oh Dios, Espíritu Santo,
tú eres mi bienestar.
Conviérteme
porque soy pecador.
Devuélveme a la vida
porque estoy muerto,
despiértame
porque estoy dormido.
Disponme para la vida eterna.
Ilumina mi mente,
santifica mi voluntad,
fortalece mis débiles fuerzas.
Quédate conmigo,
vive en mí,
permanece conmigo,
oh Santísima Trinidad,
digna de toda alabanza. Amén.
(Caspar Neumann, hacia 1700)
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre Nuestro,
te alabamos y te damos gracias
por Jesucristo tu Hijo
a quien en esta eucaristía nos has dado
como nuestro alimento y bebida.
Mantennos unidos en tu Santo Espíritu,
y que la vida de cada uno de nosotros
y de toda la comunidad cristiana
sea una respuesta de amor y de adoración
al amor que nos has manifestado.
Danos tu ayuda a todos y cada uno de nosotros
para que logremos ser para todos
reflejo y señal de tu amor tierno y fiel;
y que todos te alaben por los siglos de los siglos.
R/ Amén.
Bendición
Hermanos: En esta eucaristía hemos reflexionado y orado, hemos adorado a Dios y le hemos dado gracias porque él es grande, santo, todopoderoso, tan por encima de nuestra comprensión humana, y sin embargo tan tierno y cercano a nosotros por su amor. Y ahora le pedimos que nos bendiga, que toda nuestra vida llegue a ser un acto de acción de gracias y de alabanza. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
