ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Ciclo Litúrgico: A

Introducción

Ausente, pero también presente
“Yo me voy pero los envío a ustedes…”

 

Saludo (Ver las Lecturas)
“Sean mis testigos
hasta los confines de la tierra”, dice el Señor.
“Sepan que estaré con ustedes siempre,
hasta el fin del mundo.”
Que el Señor Jesús esté siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Ausente, pero también presente
Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos. El Señor Jesús regresa a la gloria del Padre. Hay una contradicción aparente en esta partida de Jesús: Al partir, nos asegura que se queda con nosotros. Éstas son sus últimas palabras en el evangelio de Mateo, justamente tal como el mismo Mateo nos había asegurado en su primer capítulo, que Jesús es nuestro “Dios-con-nosotros”. La partida de Jesús a los cielos no es realmente una despedida: Él era “Dios-con-nosotros” en su vida terrena, estaba cercano al pueblo, especialmente a los pobres y los débiles. Él se queda ahora con nosotros, pero de otra manera: por medio de su Espíritu, en la Iglesia, ya que somos su Cuerpo, en los signos de pan y vino en la Eucaristía, dondequiera que la gente se reúna en su nombre, como lo estamos haciendo aquí en este momento, y también en los pobres y débiles de nuestros días. Nuestra oración hoy es: ¡Quédate con nosotros, Señor!

2. “Yo me voy pero los envío a ustedes…”
Este día de la Ascensión del Señor a los cielos es para nosotros una fiesta de alegría, pues celebramos al Señor Jesús en su gloria. Tenía que partir de esta tierra para no ser ya por más tiempo el compañero privilegiado exclusivamente de un pequeño grupo de apóstoles y discípulos. Una vez que fuera glorificado en el cielo, él pertenecería a todos los que quisieran acogerlo como su Señor. De ahora en adelante nosotros, su pueblo, tenemos que ser su figura y su rostro, su latido del corazón, su mano caritativa, su sonrisa y su fuerza, que remueve nuestra impotencia. No temamos: Él ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos como está aquí ahora con nosotros en esta eucaristía.

Acto Penitencial
Jesús nos ha asignado una tarea, o mejor, una misión.
Pidamos perdón porque tantas veces
no hemos estado a la altura de sus expectativas
y no hemos contado con su presencia.
(Pausa)
Señor Jesús: Tú hiciste tu vida entre la gente
y partiste a la gloria del Padre.
Tú volverás, pues tu amor no tiene fin.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú vives todavía entre nosotros
por medio de tu Espíritu
que nos da fuerza y amor,
pues tu amor no tiene fin.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, nosotros no te vemos,
pero nos has dado hermanos en los que podemos verte,
y una misión de verdad y de bondad entre ellos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor;
perdona nuestros desalientos,
nuestras tristezas y nuestros pecados.
Ayúdanos a buscar la voluntad del Padre
y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que el Espíritu del Señor resucitado
nos guíe siempre.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Nuestro Señor resucitado, Jesucristo,
vive ahora glorioso en tu presencia
y nos pide, al igual que a sus discípulos,
que pongamos “manos a la obra”
que él nos ha asignado aquí en la tierra.
Y que aprendamos a reconocer su rostro
en nuestros hermanos.
Cuando nos sintamos demasiado apegados a esta tierra,
recuérdanos que un buen día
completarás la obra de Jesús en nosotros
y nos llevarás a tu gloria y alegría eternas
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Hechos 1, 1-11

“¿Qué hacen ahí mirando al cielo?”

     Al ascender a los cielos, Jesús confía su misión a los apóstoles sin demora y les promete que el Espíritu Santo les infundirá la fuerza para dar testimonio de Cristo, el Señor, ante todo el mundo.

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí acerca de todo lo que Jesús hizo y enseñó, hasta el día en que ascendió al cielo, después de dar sus instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles que había elegido. A ellos se les apareció después de la pasión, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta días se dejó ver por ellos y les habló del Reino de Dios.

Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: “No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.

Los ahí reunidos le preguntaban: “Señor, ¿ahora sí vas a restablecer la soberanía de Israel?” Jesús les contestó: “A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, los llenará de fortaleza y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra”.

Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocultó a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: “Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo, volverá como lo han visto alejarse”.

Salmo Responsorial

Salmo 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10

R. (6) Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Aplaudan, pueblos todos,
aclamen al Señor, de gozos llenos;
que el Señor, el Altisimo, es terrible
y de toda la tierra, rey supremo.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Entre voces de júbilo y trompetas,
Dios, el Señor, asciende hasta su trono.
Cantemos en honor de nuestro Dios,
al rey honremos y cantemos todos.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.
Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos.
Reina Dios sobre todas las naciones
desde su trono santo.
R. Entre voces de júbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 28, 19. 20

R. Aleluya, aleluya.
Vayan y enseñen a todas las naciones, dice el Señor,
y sepan que yo estaré con ustedes todos los días,
hasta el fin del mundo.
R. Aleluya.

Oración de los Fieles

Jesús, nuestro Señor resucitado, vive para siempre, para interceder ante el Padre por y con nosotros. Oremos, pues, por medio de él, por las necesidades de la Iglesia y del mundo, y digamos: R/ Señor, que venga a nosotros tu reino.

– Por la Iglesia, por todos sus líderes y sus miembros, para que todos aceptemos y llevemos a cabo nuestra misión de vivir la Buena Noticia de Salvación y de proclamarla a todos los pueblos y culturas, roguemos al Señor.
– Por la gente que está mirando al cielo esperando la ayuda de Dios, para que sus plegarias sean atendidas; pero también para que miren a sus hermanos y, con bondad y compasión, se comprometan en su servicio y ayuda, roguemos al Señor.
– Por los que se dedican a la acción social y a proyectos de justicia y solidaridad, para que trabajen sin descanso para llevar genuina justicia aun a los menos privilegiados, siempre con espíritu de reconciliación y de amor, roguemos al Señor.
– Por los enfermos terminales y por los agonizantes, para que un día se unan a Jesús, el Señor, en la casa del Padre, y participen de su gloria, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades cristianas, para que Cristo esté vivo entre nosotros y nos envíe su Espíritu, para edificarnos y confirmarnos unos a otros en la esperanza y en el espíritu de servicio, roguemos al Señor.

Oh Dios de esperanza y de vida, tú no has abandonado a tu Hijo en la muerte, sino que le has dado vida y gloria. En ti confiamos por medio del mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Aquí y ahora, en estos signos de pan y vino,
tu Hijo Jesús cumple su promesa
de estar siempre con nosotros hasta el fin del mundo.
Que él crezca y viva en nosotros
y, con el poder de su Santo Espíritu,
nos anime a ser su cuerpo visible para el mundo
y a hacer discípulos suyos en todas las naciones.
Escucha bondadoso nuestra oración,
presentada por tu mismo Hijo Jesús,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con gran alegría demos gracias al Padre, porque Jesús, aun ascendido al cielo, por medio de su Santo Espíritu permanece todavía con nosotros: aquí en la Eucaristía, en la Iglesia y en los hermanos que viven con nosotros.

Introducción al Padre Nuestro
Jesús, el Señor, vive ahora en el cielo, en la gloria del Padre;
allí intercede por nosotros.
Por medio de él, y con sus mismas palabras,
oremos a Dios Padre.
R/ Padre nuestro…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Señor, que dijo:
Sepan que estaré siempre con ustedes
hasta el fin de los tiempos.
Éste es su cuerpo glorioso y resucitado.
Dichosos nosotros porque Jesús mismo
es nuestro pan y alimento
que nos da fuerza
para caminar hacia el Padre.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Te damos gracias por confiar tanto en nosotros
al encomendarnos la misma misión de tu Hijo,
de forma que seamos su presencia viva en el mundo.
Te pedimos que podamos reinar
aprendiendo de él a servir constantemente a los hermanos.
Que ellos vean que Cristo vive
porque nosotros somos su Cuerpo visible en el mundo.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús, el Señor, nos dice lo mismo que a los apóstoles: “Sean mis testigos ante el mundo entero”. No nos quedemos encandilados mirando al cielo, sino que, por la forma cómo vivimos el Evangelio de Jesús, proclamemos su mensaje de esperanza. Para ello pidamos la solemne bendición de Dios:

Que ojalá sepamos llevar el mensaje del Señor
a nuestro tiempo y a nuestros hermanos.
Amén.

Que él continúe haciendo el bien por medio de nosotros,
y que nosotros lo hagamos visible hoy con nuestras obras.
Amén.

Que él permanezca con nosotros por medio de su Espíritu,
ahora y hasta el fin de los tiempos.
Amén.

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