TRIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO

“CONOCE TU LUGAR: EL DEL SERVICIO”

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro, que enalteces a los humildes:
Tu Hijo Jesús vino a nuestro mundo
como el Siervo de todos
y tuvo especial cariño por los desvalidos y desamparados.
Con él, haz que sepamos respetar y apreciar
a los débiles, los indefensos y los humildes,
y aceptar ser contados entre ellos.
Disponnos para ayudarlos
y para buscar la ayuda que ellos puedan brindarnos,
pues tú también has derramado
tu misericordia sobre nosotros,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Rom 11,1-2.11-12.35-29

Si un amigo en quien confiamos nos es desleal, nos sentimos gravemente heridos. Con Dios no sucede así. Él permaneció siempre fiel a Israel aun cuando casi todo el Pueblo, excepto un pequeño resto, lo abandonó.

1

El resto de Israel

Pregunto: ¿ha rechazado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Yo también soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín.

2

Dios no ha rechazado al pueblo que había elegido. Ustedes conocen lo que cuenta la Escritura de Elías, cómo suplicó a Dios contra Israel:

11

Pregunto: ¿tropezaron hasta sucumbir? ¡De ningún modo! Sólo que su tropiezo ha provocado la salvación de los paganos, despertando a su vez los celos de Israel.

12

Ahora bien, si su tropiezo representa una riqueza para el mundo, si su ruina representa la riqueza de los paganos, cuánto más lo será su conversión en masa.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 11, 29

R. Aleluya, aleluya.
Tomen mi yugo sobre ustedes, dice el Señor,
y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 14, 1. 7-11

Nuestro Señor nos invita a su mesa. Él sabe que tenemos defectos, que lo hemos ofendido; conoce el mal que hemos hecho y el bien que hemos omitido. Pero nos ama y nos invita a sentarnos a su mesa con él. Participemos humildemente en su banquete eucarístico y pidámosle que nos haga mejores, más fraternos, más misericordiosos.

1

Sana a un hidrópico 

Un sábado que entró a comer en casa de un jefe de fariseos, ellos lo vigilaban.

7

Los primeros puestos 

Observando cómo elegían los puestos de honor, dijo a los invitados la siguiente parábola:

8

—Cuando alguien te invite a una boda, no ocupes el primer puesto; no sea que haya otro invitado más importante que tú

9

y el que los invitó a los dos vaya a decirte que le cedas el puesto al otro. Entonces, lleno de vergüenza, tendrás que ocupar el último puesto.

10

Cuando te inviten, ve y ocupa el último puesto. Así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, acércate más. Y quedarás honrado en presencia de todos los invitados.

11

Porque quien se engrandece será humillado, y quien se humilla será engrandecido.

Oración de los Fieles

– Señor, en nuestro mundo los poderosos son respetados y los humildes, despreciados. Recuerda y bendice a los humildes. Por eso te decimos.
– Señor, en muchos de nuestros hogares, vecindarios o localidades hay enfermos, ancianos, personas solas, vulnerables, que son desatendidas y abandonadas. Recuerda y bendice a todos ellos y a todos los que sufren. Por eso te decimos.
– Señor, muchos niños pobres y migrantes, y muchos ancianos sin hogar, tienen solamente la calle donde vivir y dormir. Recuérdalos a todos, bendícelos y alivia sus penas con la solidaridad de sus hermanos. Por eso te decimos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú no tienes en cuenta
la pobreza de nuestros corazones
y nos has dado un puesto de honor
en la mesa de tu Hijo.
Junto a él vamos a participar
del Pan de Vida
y del Vino de Salvación.
Que aprendamos de él a vivir
al servicio de todos,
para que un día puedas
reservarnos un puesto,
por humilde que sea,
en el banquete de la fiesta eterna,
junto al mismo Jesucristo, tu Hijo,
nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Aquí estamos ante ti como huéspedes,
invitados a tu mesa por tu Hijo Jesucristo.
Te damos gracias porque él nos ha aceptado
sin juzgarnos ni condenarnos,
a pesar de que nuestra fe es vacilante
y frecuentemente cojeamos y caemos
cuando intentamos seguirlo.
Disponnos también a aceptar en nuestra vida,
como amigos y huéspedes, a los pobres y a los débiles,
justamente como tú nos has aceptado a nosotros
en Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Si queremos que Jesús, el Señor, viva entre nosotros, solamente hay un lugar que nos cuadra bien: el último lugar, el puesto de la gente que sabe cómo servir. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezcan para siempre.

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