VIGESIMONOVENA SEMANA DEL TIEMPO OREDINARIO LUNES

SALVADOS POR GRACIA

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Nosotros somos tu obra de arte.
Cuando estábamos condenados a muerte por el pecado,
tú nos llamaste a la vida por medio de la muerte de tu Hijo Jesús.
Señor, ábrenos a tu Amor y a tu Vida,
otorgadas gratuitamente como don,
sin precio ni pesar,
y danos un corazón agradecido.
Que aprendamos de ti y de tu Hijo
a ponernos generosamente al servicio de nuestros hermanos,
por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Efesios 2, 1-10

La carta a los Efesios nos habla de nuestra salvación gratuita por la muerte y Resurrección de Jesucristo. Nos colma de una alegría nada comparable a la humana: una alegría profunda e infinita porque Dios, rico en misericordia, por el gran Amor con que nos ama, aun estando nosotros muertos por el pecado, nos dio su Vida, la vida que no acaba.

1

De la muerte a la vida

También ustedes estaban muertos por sus pecados y transgresiones.

2

Seguían la conducta de este mundo y los dictados del jefe que manda en el aire, el espíritu que actúa en los rebeldes…

3

Lo mismo que ellos, también nosotros seguíamos los impulsos de los bajos deseos, obedecíamos los caprichos y pensamientos de nuestras malas inclinaciones, y naturalmente, estábamos destinados al castigo como los demás.

4

Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo,

5

estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo –¡ustedes han sido salvados gratuitamente!–;

6

con Cristo Jesús nos resucitó y nos sentó en el cielo,

7

para que se revele a los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia y la bondad con que nos trató por medio de Cristo Jesús.

8

Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios;

9

y no por las obras, para que nadie se gloríe.

10

Somos obra suya, creados por medio de Cristo Jesús para realizar las buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea.

Salmo Responsorial

Salmo 99, 2. 3. 4. 5

R. (3b) El Señor es nuestro dueño.
Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría
y con júbilo entremos en su templo. R.
R. El Señor es nuestro dueño.
Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño. R.
R. El Señor es nuestro dueño.
Entremos por sus puertas dando gracias,
crucemos por sus atrios entre himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo. R.
R. El Señor es nuestro dueño.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es eterna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba. R.
R. El Señor es nuestro dueño.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 5, 3

R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 12, 13-21

Cuando Jesús habla abiertamente contra los ricos, no intenta condenarlos sino liberarlos. Lo que él denuncia no es el hecho de que tengan bienes materiales sino su propio apego a ellos y el uso egoísta que hacen de sus riquezas acumulando y atesorando indiferentes al hambre y la sed de tantos hermanos y hermanas sobre la Tierra, que son despojados de sus más mínimos derechos.

13

Contra la ambición 

Uno de la gente dijo:

—Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo.

14

Jesús le respondió:

—Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?

15

Y les dijo:

—¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!

16

Y les propuso una parábola:

—Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha.

17

Él se dijo: ¿qué haré, si no tengo dónde guardar toda la cosecha?

18

Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes.

19

Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta.

20

Pero Dios le dijo: ¡Insensato, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?

21

Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios.

Oración de los Fieles

– Con corazón agradecido, porque Dios nos ha hecho sus hijos e hijas en Cristo Jesús, roguemos al Señor.
– Con corazón bondadoso y cariñoso, porque Dios nos ha traído la paz para con él, para con nuestros hermanos y para con nosotros mismos, roguemos al Señor.
– Con corazón abierto de par en par, con el que podamos amar a la multitud de hermanos y hermanas que la gracia de Dios nos ha dado en la Iglesia, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú nos permites utilizar estas ofrendas de pan y vino
como regalos procedentes de tus manos
para comer y beber la vida de tu Hijo.
Confírmanos en tu gracia,
sin ningún mérito de nuestra parte;
y que el Espíritu de Jesús nos ayude
a vivir la vida santa de tu Hijo
que tú desde el principio habías ideado
para que también la viviéramos nosotros.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
¿Qué otra cosa podemos hacer
sino darte gracias y alabanza
por hablarnos por medio de Jesucristo
y fortalecernos con su Pan de Vida
en esta eucaristía?
Que todo lo que digamos y hagamos
y todas nuestras vidas
sean un don tuyo para los que nos rodean
y un acto de gratitud a ti, Dios y Señor nuestro,
que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Todo es gracia, todo es don tuyo, dado graciosa y gratuitamente a nosotros. Incluso el uso de nuestros talentos y nuestro trabajo es don de Dios. Compartamos también nuestro amor a nuestro prójimo y demos nuestra ayuda generosa a los hermanos que sufren. Y que la bendición del Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.

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