VIGESIMOCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES

“¡AY DE USTEDES, FARISEOS!”

Ciclo del Leccionario: I

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús personificaba el cumplimiento perfecto
de la Ley y los Profetas.
Él conocía, enseñaba y vivía
que el cumplimiento de la Ley y de las promesas
consiste en servirte a ti y al pueblo
con justicia y amor.
Queremos que estas dos virtudes
sean las guías de nuestras vidas,
para que, con él, busquemos a los hermanos
y sobre todo a ti,
Dios nuestro viviente por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

Rom 2,1-11

Pablo advierte a sus discípulos de Roma que no se comporten como paganos, cuya conducta escandalosa acaba él de denunciar. Pero todos están llamados a la conversión, sean de origen pagano o judío, ya que Dios no muestra parcialidad.

1

El juicio de Dios

Por tanto no tienes excusa, tú que juzgas, seas quien seas; pues al juzgar al otro, tú te condenas; ya que tú haces lo mismo que condenas.

2

Sabemos que la sentencia de Dios contra los que obran así es justa.

3

Y tú, que juzgas a los que obran así y haces lo mismo, ¿piensas librarte del juicio de Dios?

4

¿O desprecias su tesoro de bondad, su paciencia y aguante, olvidando que su bondad quiere conducirte al arrepentimiento?

5

Con tu cerrazón de mente y tu corazón impenitente estás juntando castigo para el día del castigo, cuando se pronuncie la justa sentencia de Dios,

6

que pagará a cada uno según sus obras:

7

Él dará vida eterna a los que perseverando en las buenas obras buscan la gloria, el honor y la inmortalidad.

8

En cambio castigará con la ira y la violencia a los que por egoísmo desobedecen a la verdad y obedecen a la injusticia.

9

Habrá angustia y tribulación para todo el que obre mal –primero para el judío, después para el griego–.

10

Habrá gloria y honor para todo el que obre bien –primero para el judío, después para el griego–.

11

Porque Dios no hace diferencia entre unos y otros.

Aclamación antes del Evangelio

Juan 10, 27

R. Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 11, 42-46

Es sorprendente cómo Jesús podía curar todas las enfermedades –ceguera, sordera, lepra…– y también recuperar del pecado a los hombres y mujeres conscientes de sus fallos, pero no podía curar a los fariseos y escribas de su ceguera espiritual. Jesús los reprende por vivir tan absortos en los detalles de la ley olvidando la raíz de todas las leyes: la justicia y el amor divinos.

42

¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de verduras y descuidan la justicia y el amor de Dios! Eso es lo que hay que observar sin descuidar lo otro.

43

¡Ay de ustedes, fariseos, que buscan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos por la calle!

44

¡Ay de ustedes, porque son como sepulcros sin señalar, que los hombres pisan sin darse cuenta!

45

Un doctor de la ley tomó la palabra y le contestó:

—Maestro, al decir eso, nos ofendes.

46

Jesús contestó:

—¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, que imponen a los hombres cargas insoportables pero ustedes ni siquiera mueven un dedo para llevarlas!

Oración de los Fieles

– Por los misioneros y todos los que proclaman la fe. Para que su estilo de vida sea un fuerte argumento para seguir a Cristo, roguemos al Señor.
– Por todos los profetas en la Iglesia. Para que su encuentro personal con Cristo les dé el poder de hablar sobre lo que es recto y justo, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que no nos preocupemos por la exhibición externa de nuestras buenas obras, sino por lo que realmente importa: honestidad, justicia y amor, roguemos al Señor.

Oración sobre las ofrendas
Señor Dios nuestro:
Nosotros mismos nos ofrecemos hoy a ti
por medio de estos dones de pan y vino
y te pedimos que nos envíes
el Espíritu Santo que procede de ti y de tu Hijo.
Que él transforme estas ofrendas
en el Cuerpo y la Sangre de Jesús
y que guíe nuestras mentes y corazones
para que den frutos de vida: amor, alegría, paciencia y paz,
y todo lo que produce felicidad a tu Pueblo.
Que ojalá sepamos vivir la vida
de Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo ha pronunciado palabras duras,
no exclusivamente dirigidas a los escribas y fariseos del pasado
sino a nosotros hoy.
Que estas palabras nos despierten
de nuestra auto-complacencia
y de nuestra tranquilidad egoísta.
No permitas que nos decepcionemos
ni perdamos nuestro tiempo y esfuerzo
en cosas sin importancia;
haznos absolutamente sinceros
con nosotros mismos y con la gente
Y sobre todo honestos contigo, Dios nuestro,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Creemos en Jesucristo. Lo reconocemos como nuestro Señor y Salvador. Esto nos compromete, por tanto, a practicar justicia y amor a Dios y a nuestro prójimo. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

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