VIGESIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
ORACIÓN INSISTENTE
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Cuando clamamos a ti,
a veces nos preguntamos si realmente nos oyes,
ya que tu silencio es a veces opresivo.
Mantén nuestra confianza en tu bondad
y en tu constante presencia amorosa.
Danos lo bueno cuando te lo pedimos
y también cuando nos olvidamos de pedirlo;
que te encontremos cuando te busquemos;
ábrenos cuando llamemos a tu puerta,
en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Para el profeta Malaquías y para los piadosos judíos, la vida aparentemente feliz de los pecadores era todo un escándalo. Sentían que, aunque practicaban su fe, Dios estaba ausente y era sordo a sus súplicas. Pero Dios los oirá y les asegurará la justicia. Porque Dios escucha y nos da lo que necesitamos.
La justicia de Dios
Dice el Señor: sus discursos son insolentes contra mí. Y ustedes todavía preguntan: ¿en qué te ofenden nuestras palabras?
–Porque dicen: No vale la pena servir a Dios, ¿qué sacamos con guardar sus mandamientos y andar enlutados ante el Señor Todopoderoso?
Tenemos que felicitar a los arrogantes: los malvados prosperan, desafían a Dios y quedan sin castigo.
Así comentaban entre sí los fieles del Señor, el Señor atendió y lo oyó. Ante él se escribía un libro de memorias: Fieles del Señor que estiman su nombre.
Dice el Señor Todopoderoso: el día que yo actúe, ellos serán mi propiedad; los perdonaré como un padre al hijo que le sirve;
entonces verán la diferencia entre buenos y malos, entre los que sirven a Dios y los que no le sirven.
Miren que llega el día, ardiente como un horno, cuando arrogantes y malvados serán la paja: ese día futuro los quemaré y no quedará de ellos rama ni raíz –dice el Señor Todopoderoso–.
Pero a los que respetan mi nombre los alumbrará el sol de la justicia que sana con sus alas. Saldrán saltando como terneros del establo;
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Abre, Señor, nuestros corazones,
para que comprendamos las palabras de tu Hijo.
R. Aleluya.
Evangelio
San Lucas nos dice que Jesús oraba con frecuencia. E insistentemente. Como en su agonía en el Huerto de los Olivos. Su evangelio nos invita a revisar nuestra oración. Porque Dios nos dará no solo cosas buenas, sino también el Espíritu Santo, el don que contiene todos los dones.
Y les añadió:
—Supongamos que uno tiene un amigo que acude a él a media noche y le pide: Amigo, préstame tres panes,
que ha llegado de viaje un amigo mío y no tengo qué ofrecerle.
El otro desde dentro le responde: No me vengas con molestias; estamos acostados yo y mis niños; no puedo levantarme a dártelo.
Les digo que, si no se levanta a dárselo por amistad, se levantará a darle cuanto necesita para que deje de molestarlo.
Y yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá,
porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre.
¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra?
O, si pide un huevo, ¿le dará un escorpión?
Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!
Oración de los Fieles
– Por aquellos a quienes se les ha confiado especialmente en la Iglesia el ministerio del perdón. Para que sean intransigentes con el mal, pero al mismo tiempo acojan a los pecadores con respeto y con amor misericordiosos, roguemos al Señor.
– Por los consagrados y las consagradas a la vida contemplativa. Para que apreciemos y agradezcamos su vida de oración permanente que también nos acerca las bendiciones de Dios, roguemos al Señor.
– Por todos los cristianos. Para que nuestras oraciones por los pobres y por los que sufren nos comprometan más en la promoción de la justicia, en el compartir sus cargas y en restaurar su dignidad, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú quieres que experimentemos tu bondad
al darnos a Jesús, tu Hijo.
En estos signos de pan y vino
expresamos nuestra confianza en ti.
Sé misericordioso con nosotros
y escucha nuestras súplicas.
Otórganos el Pan de Vida
y lo que necesitamos para vivir,
por medio de Jesucristo
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En respuesta a nuestra súplica
nos has dado el Pan de Vida,
a nosotros, que somos especial posesión tuya.
Acepta nuestra acción de gracias
y ayúdanos a no ser sordos
a los gritos de los que apelan a nosotros
pidiendo solidaridad y ayuda.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: El Señor nos ha dicho: “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá.” Porque Dios es bueno y lleno de misericordia. Que su bendición bondadosa, la del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
