VIGESIMOSÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
DIOS QUIERE QUE TODOS SE SALVEN
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios:
Tú eres tierno y compasivo,
tardo para la ira, rico en bondad y benevolencia,
y poco dispuesto al castigo.
Tú quieres que todos los hombres participen de tu Amor.
Oh Dios, haz nuestro amor tan universal como el tuyo.
Haznos agradecidos por todo lo que tú nos has dado
por medio de tu Hijo Jesucristo,
para que el celo de una Iglesia misionera
ojalá pueda reunir a todos en tu Reino,
y todos te llamen Padre,
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Dios es un Dios que salva. Llama a todos los seres humanos a la Salvación en Jesucristo y no discrimina ni hace segregación. Su Reino está abierto a todos los hombres, a todas las razas, a todas las culturas, a todas las lenguas, y a gentes de toda condición aun cuando tiene clara preferencia por los más necesitados. ¿Hacemos nosotros lo suficiente para llevarlos a todos a su Hijo Jesucristo? ¿Abrimos la comunidad cristiana a todos, sin discriminación? ¿O hay un poco de Jonás vivo en nosotros?
La lección del ricino
Jonás sintió un disgusto enorme. Irritado,
rezó al Señor en estos términos: –¡Ah, Señor, ya me lo decía yo cuando estaba en mi tierra! Por algo me adelanté a huir a Tarsis; porque sé que eres un Dios compasivo y clemente, paciente y misericordioso, que te arrepientes de las amenazas.
Ahora, Señor, quítame la vida; más vale morir que vivir.
Respondió el Señor: –¿Te parece bien irritarte de esa manera?
Jonás había salido de la ciudad y se había instalado al oriente de la misma; allí se había hecho una choza, y estaba sentado a la sombra esperando el destino de la ciudad.
Entonces el Señor Dios hizo crecer una planta de ricino hasta sobrepasar a Jonás, para que le diese sombra en la cabeza y lo librase de una insolación. Jonás estaba encantado con aquel ricino.
Entonces Dios envió un gusano al amanecer el día siguiente, el cual dañó el ricino, que se secó.
Y cuando el sol apretaba, envió Dios un viento sofocante del este; el sol abrasaba la cabeza de Jonás y lo hacía desfallecer. Jonás se deseó la muerte y dijo: –Más vale morir que vivir.
Respondió Dios a Jonás: –¿Te parece bien enojarte a causa de esa planta de ricino? Contestó: –¡Claro que me parece bien enojarme hasta desear morir!
El Señor le replicó: –Tú sientes compasión de una planta de ricino que no te ha costado cultivar, que una noche brota y otra perece,
¿y yo no voy a apiadarme de Nínive, la gran ciudad, que habitan más de ciento veinte mil hombres que no saben distinguir el bien del mal, y donde hay además muchísimo ganado?
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Hemos recibido un espíritu de hijos,
que nos hace exclamar: ¡Padre!
R. Aleluya.
Evangelio
Los discípulos debieron admirar a Jesús cuando oraba, porque, cuando acabó, le pidieron que les enseñara a orar. Esto es, en verdad, lo que nosotros también deberíamos pedirle en esta eucaristía: que nuestra oración sea amplia y profunda como la suya, dando honor y gloria al Padre y llevándole el torrente de las necesidades y de los afanes de todos.
La oración: el Padrenuestro
Una vez estaba en un lugar orando. Cuando terminó, uno de los discípulos le pidió:
—Señor, enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos.
Jesús les contestó:
—Cuando oren, digan:
Padre,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino;
el pan nuestro de cada día
danos hoy;
perdona nuestros pecados
como también
nosotros perdonamos
a todos los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación.
Oración de los Fieles
– Para que la Iglesia misma sea la primera en practicar el ejemplo de Dios de perdonar a sus hijos difíciles y extraviados, roguemos al Señor.
– Para que los misioneros descubran primero lo bueno de la gente a la que son enviados, y también de su cultura, antes que criticar negativamente y condenar lo diferente, roguemos al Señor.
– Para que roguemos constantemente por los miles de millones de gentes que no conocen todavía a Dios y a su enviado, Jesucristo, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Dígnate aceptar este pan y este vino,
para que tu Hijo renueve entre nosotros,
y para todos, su muerte y Resurrección salvadoras.
Y te rogamos, con utópico anhelo, que llegue el tiempo
en el que él parta su Pan de Vida
y escancie su vino de alegría
sobre todas las personas de la Tierra,
de manera que tu nombre sea alabado
en todas partes, por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
No permitas que estemos descansando autosatisfechos
en un pedacito de sombra bajo un pequeño árbol
buscando alivio a nuestras frustraciones.
Danos coraje y valor para salir de nosotros mismos
e ir a los caminos del mundo
donde hay gente que te busca, aun sin saberlo.
Y ser para ellos, aun con nuestras limitaciones,
signos de tu Amor que unifica
y de la libertad y felicidad
que tú has preparado para todos
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Nos llamamos católicos, ¿no es verdad? Es decir, gente universal por definición. ¿Cuánto y cómo nos preocupamos de los otros y de su eterna felicidad? La gente, cercana o lejana, habría de ser siempre nuestra preocupación. Guardemos a todos en nuestra mente y en nuestro corazón, con la bendición del Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
