VIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO LUNES
NI AJENOS NI EXTRANJEROS, AMIGOS
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios, Padre de todos:
Tú llamas a gente de toda lengua, cultura y nación
para adorarte y vivir en tu Amor.
Que tu Hijo Jesucristo pronuncie entre nosotros,
como lo hizo con el centurión,
tu Palabra salvadora que lleva a todos curación.
Que muchos acepten su invitación
a sentarse con nosotros a su mesa.
Danos suficiente fe y amor
para que nosotros también, como tú y tu Hijo,
sepamos hacer de gente extraña y desconocida
verdaderos amigos.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Pablo, por medio de Timoteo, urge a los cristianos a ser mediadores e intercesores, con sus súplicas y oraciones, por toda la humanidad. La razón es que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres y que Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. ¡Qué universal es el Plan y la voluntad salvífica de Dios para salvar a todos!
Error: Libro o formato no reconocido: 1 Tim 2,1-8
Evangelio
Hoy contemplamos la bella escena del centurión romano, quien, por medio de emisarios, pide a Jesús que cure a su esclavo. Él amaba al pueblo judío y tenía fe en Jesús por lo que había oído acerca de él y de sus milagros. Y, algo insólito en un mundo de esclavitud, otra señal de su fe es que pidió por la curación de un esclavo. De él tomamos también las palabras que utilizamos en la celebración eucarística, en el momento de la comunión: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa”.
Sana al sirviente de un centurión
Cuando concluyó su discurso al pueblo, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía un sirviente a quien estimaba mucho, que estaba enfermo, a punto de morir.
Habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos judíos notables a pedirle que fuese a sanar a su sirviente.
Se presentaron a Jesús y le rogaban insistentemente, alegando que se merecía ese favor:
—Ama a nuestra nación y él mismo nos ha construido la sinagoga.
Jesús fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle:
—Señor, no te molestes; no soy digno de que entres bajo mi techo.
Por eso yo tampoco me consideré digno de acercarme a ti. Pronuncia una palabra y mi muchacho quedará sano.
Porque también yo tengo un superior y soldados a mis órdenes. Si le digo a éste que vaya, va; al otro que venga, viene; a mi sirviente que haga esto, y lo hace.
Al oírlo, Jesús se admiró y volviéndose dijo a la gente que lo seguía:
—Una fe semejante no la he encontrado ni en Israel.
Cuando los enviados volvieron a casa, encontraron sano al sirviente.
Oración de los Fieles
– Para que, los que creen en el Señor Jesús, expresen su fe en obras de justicia y amor, de servicio responsable y de compasión sin límites, roguemos al Señor.
– Para que todos los pueblos de la tierra oigan dónde pueden encontrar al Señor Jesús, llegar a conocer su nombre, creer en él, aceptarlo en su corazón y orarle confiadamente, roguemos al Señor.
– Para que acojamos con franca hospitalidad a desconocidos y extranjeros en nuestras comunidades cristianas y los hagamos sentirse como en su casa entre nosotros, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Te presentamos pan y vino aquí sobre el altar
para celebrar nuestra gratitud a ti
mientras estamos reunidos en torno a Jesús, tu Hijo.
en quien y por quien tú nos has acogido y aceptado.
Que hombres y mujeres de todas las culturas,
sentados alrededor de su mesa acogedora,
puedan comer su Pan de Vida
y beber su vino de alegría y redención,
para que todos conozcan tu nombre
y te alaben por tu misericordioso amor.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Oración después de la Comunión
Padre del cielo:
Te damos gracias porque tu Hijo Jesús
ha venido a nosotros,
en su Palabra y en el Pan de Vida,
aun cuando no somos dignos.
Que él encuentre gran fe en nosotros y en todo su Pueblo.
Que su Palabra llene nuestras palabras vacías
y que su Amor inspire todo lo que hacemos,
para que, con toda nuestra vida,
y en la armonía de nuestras muchas lenguas,
te cantemos a ti, Padre,
nuestra acción de gracias y alabanza.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Para Dios, no hay extraños ni extranjeros. Él conoce a todos, los acepta y los ama a todos, lo sepan ellos o no, porque todos son hijos suyos. Que nosotros también sepamos aceptarlos como lo hace Dios. Y para ello, que la bendición del Dios universal y rico en misericordia, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobe ustedes y los acompañe siempre.
