DOMINGO DE RAMOS – Año A
Mateo 26,14—27,66
Un buen Domingo para todos.
Los evangelistas dedican un espacio similar al recuento de la pasión y muerte de Jesús. Y los hechos que narran son fundamentalmente los mismos, de manera que se puede seguir bien lo que ha sucedido. Con todo, los evangelistas introducen en su narración algunos episodios, detalles que sobresalen y que les son propios. La razón es que con eso ellos quieren dar una catequesis que interesa especialmente a su comunidad.
Este año leemos el texto de Mateo y en esta explicación nos concentraremos especialmente en estos elementos que el evangelista quiere hacer resaltar ya que eran útiles para la catequesis de su comunidad y nos servirán, también a nosotros, para entender mejor la pasión de amor de Jesús para todos nosotros. El primer detalle de este texto característico lo encontramos en la narración de la Última Cena de Jesús con sus doce discípulos. Escuchemos esta narración.
“Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían, les dijo: Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar. Muy tristes, empezaron a preguntarle uno por uno: ¿Soy yo, Señor? Él contestó: El que se ha servido de la misma fuente que yo, ése me entregará. El Hijo del Hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay de aquél por quien el Hijo del Hombre será entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. Le dijo Judas, el traidor: ¿Soy yo,maestro? Le respondió Jesús: Tú lo has dicho” (Mt 26,20-25).
En el texto que acabamos de escuchar Jesús tiene dos detalles que nos sorprenden. El primero es que todos los discípulos se dirigen a Jesús y le preguntan: ¿Soy yo, Señor el que te entregue a tus enemigos? ¿Soy yo el que quiero que tú seas eliminado de esta sociedad… porque disturbaste el poder religioso ¿soy yo? Es muy extraño, porque cada uno sabe muy bien si está de parte de Jesús o no. Entonces, ¿por qué lo preguntan? ¿Por qué surge esta duda? Saben que son discípulos, pero, claramente, comienzan a dudar… ¿seré yo el que esté contra el Maestro?
Como crónica este detalle es extraño, pero como catequesis esta pregunta que hacen los discípulos, es muy concreta y actual como veremos dentro de poco. El segundo detalle es que también Judas hace la misma pregunta como los demás. Y este es el detalle que solamente encontramos en el evangelista Mateo. Y también esto es muy extraño como crónica, porque cuando Jesús, respondiendo a Judas, dice: “Tú lo has dicho” – tú eres el que quiere entregarme.
Si se tratase de una crónica, ¿qué es lo que nosotros esperaríamos? Que los otros once se abalanzaran contra Judas y le pidieran cuenta sobre su comportamiento. En vez, la cena continua tranquila. Entonces, ¿cuál es el mensaje que el evangelista quiere dar con este interrogante que se hacen todos? ¿Soy yo un verdadero discípulo o estoy en contra del Maestro? Y también Judas hace la misma pregunta. Y Jesús le responde: Tú eres el que siendo mi discípulo me entregas. Veamos cuál es el mensaje para nuestras comunidades hoy. Los Doce están reunidos con Jesús en el Cenáculo. Están todos poniendo sus manos en el plato junto con el Maestro.
La mesa es el encuentro con los hermanos, con los amigos… de aquellos que se aman, no de aquellos que se traicionan. Contemplamos estas manos que están todas sobre la mesa junto con las de Jesús y entre estas manos están aquellas que quieren entregar al Maestro. Judas no se ha dejado involucrar. En los tres años que ha permanecido con Jesús no se ha involucrado con la propuesta de un mundo nuevo presentada por Jesús. Estaba muy arraigado a su concepción tradicional de Dios sobre la religión, sobre el valor del mundo antiguo y ha entregado al Maestro.
Es una pregunta que nos debemos hacer continuamente, especialmente en esta semana, ya que estamos confrontando la pasión de amor de Jesús. Quizás estemos convencidos que al estar bautizados y frecuentando la comunidad, sin faltar a las celebraciones litúrgicas… estamos convencidos de ser apóstoles – como Judas, que estuvo siempre con Jesús y si pone su pregunta juntamente con la de los demás, podría estar convencido de estar en lo justo pero, por las dudas, no me coloco contra el Maestro.
Esto nos puede pasar también a nosotros hoy: estar convencido que somos cristianos, coherentes, auténticos… pero, hagámonos esta pregunta. La invitación que hace el evangelista Mateo es que cada uno se haga esta pregunta: ¿Soy un verdadero discípulo? Confróntate con Cristo, con su Evangelio.
Acabada la cena, Jesús va a Getsemaní y allí llega Judas que guía una turba con espadas y bastones. Una turba enviada por los sumos sacerdotes. En un cierto momento comienzan las confrontaciones y uno de los discípulos echa manos a la espada. Así cuenta Mateo, de manera característica, la reacción de Jesús – escuchémosla: “Uno de los que estaban con Jesús desenvainó la espada y de un tajo cortó una oreja al sirviente del sumo sacerdote. Jesús le dijo: Envaina la espada: Quien a espada mata, a espada muere”.
Aquí encontramos un mensaje donde Mateo insiste más que los otros evangelistas: el repudio incondicional de la violencia. Jesús prohíbe el uso de las armas para obtener justicia, para construir un mundo nuevo. Solamente Mateo trae la frase de Jesús a Pedro: Envaina la espada. Todos los que recurren a la espada, morirán por la espada. El mundo nuevo no se construye con la violencia. Este era el criterio por el cual se regían los reinos antiguos cuando era la fuerza la que establecía quien dominaba sobre los demás.
En el mundo nuevo se excluye la violencia. Entra una fuerza nueva que es el amor. Los primeros cristianos entendieron muy bien el mensaje del Maestro y sabemos que para refutar el recurso a las armas, a la espada, al servicio militar hemos tenido mártires que han donado la vida porque quisieron ser fieles a lo que el Maestro había dicho. Esto es lo que decía Tertuliano sobre la no violencia del cristiano. Se refería a la frase de Jesús: “Tomando la espada de la mano de Pedro, Jesús ha quitado la espada de las manos a todos los soldados”. Y continuaba diciendo: “Va al combate el hijo de la paz, al cual no le es permitido pelear. Infligirá a los otros, cadenas, prisión, torturas, suplicios aquel que no pueden vindicarse de las injusticias que le hacen… o el soldado peleará con la espada en mano, se apoyará en la lanza cuando su Maestro ha sido traspasado por la lanza”.
Algunos años después el biblista Orígenes, del siglo tercero, decía: “Nosotros los cristianos no empuñamos más la espada, no aprendemos más el arte de la guerra, porque por Jesús hecho sido hechos hijos de la paz”. Los primeros cristianos tomaron muy en serio estas palabras de Jesús. Los que utilizaban las armas debían deponerlas, de lo contrario no eran aceptados al bautismo, porque el discípulo conoce solamente una fuerza, la del amor. Y esta es la fuerza que construye el mundo nuevo.
Escuchemos ahora una escena que tiene dos hechos que solo nos trae el evangelista Mateo. El sueño de la mujer de Pilatos y luego el célebre gesto de Pilatos de lavarse las manos.
“Estando él sentado en el tribunal, su mujer le envió un recado: No te metas con ese inocente, que esta noche en sueños he sufrido mucho por su causa. Mientras tanto los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidieran la libertad de Barrabás y la condena de Jesús. Viendo Pilato que no conseguía nada, al contrario, que se estaban amotinando, pidió agua y se lavó las manos ante la gente diciendo: No soy responsable de la muerte de este inocente. Es cosa de ustedes. El pueblo respondió: Que caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Mt 27,19-20.24-25).
La frase dramática pronunciada por el pueblo de Israel: Que caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos, ha recibido a lo largo de los siglos una interpretación falsa, insensata. Esta frase ha dado origen a acusaciones absurdas de odio, violencia contra el pueblo de Israel como si fuesen ellos los responsables de la muerte de Jesús. El significado que el evangelista daba a estas palabras era totalmente diverso.
Tratemos de entenderlas. El evangelista escribe en la segunda mitad del primer siglo y tiene presente lo que le ha pasado a su pueblo. Israel había sido golpeado por muchas catástrofes, carestías, pestilencias y la corrupción del último Procurador enviado por Roma. Recordemos a Albino, Gesio Floro, especialmente Gesio Floro quien se gloriaba de ser corrupto. Al menos, dice Flavio Jossefo, Albino y sus predecesores procuraron ocultar su corrupción, no así Gesio Floro que se gloriaba en ello. Toda forma de robos, no conocía la piedad, ninguna ganancia lo saciaba. Es en esta situación que surge la revuelta de los zelotes que luego acabó todo en un baño de sangre.
El evangelista Mateo se pregunta: ¿Cómo es que esto ha acaecido? ¿Por qué estos males, culminada después con la destrucción de la ciudad de Jerusalén, han golpeado al pueblo de Israel? Y da una respuesta teológica. Dice: estos males han golpeado a mi pueblo porque han rechazado la propuesta de mundo nuevo hecha por Jesús. Recordemos que Jesús lloró sobre la ciudad de Jerusalén porque no estaban dispuestos a cambiar el corazón en Israel. Y, al no aceptar la propuesta de mundo nuevo, hechas por el Maestro… estas son las consecuencias. El que se aleja de Cristo – este el mensaje que se repite hoy… el que cree al mesías de este mundo que tienen como objetivo la gloria, el poder, la riqueza y, por tanto, están dispuesto a todo, incluso a recurrir al engaño, a la violencia… los que se fían de estos mesías acaba por refutar la propuesta de Cristo y luego vienen las consecuencias. Aquí entran juntos los israelitas del tiempo de Jesús y los apóstoles. La sangre caída sobre ellos y sus hijos si no acogemos la propuesta de mundo nuevo que hizo Jesús, las consecuencias las pagamos
nosotros y las generaciones que sigan.
Escuchemos ahora el relato de los hechos extraordinarios que sucedieron a la muerte de
Jesús y que solamente Mateo narra.
“El velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo, la tierra tembló, las piedras se partieron, los sepulcros se abrieron y muchos cadáveres de santos resucitaron. Y, cuando él resucitó, salieron de los sepulcros y se aparecieron a muchos en la Ciudad Santa” (Mt 27,51- 53).
Hemos escuchado una larga lista de hechos dramáticos que ocurrieron en el Calvario en la muerte de Jesús. Son muy extraños como crónica pero, digámoslo inmediatamente, no hemos escuchado un reportaje de periodismo con hechos milagrosos. Son imágenes con las cuales el evangelista Mateo quiere hacernos comprender lo que realmente ha sucedido sobre el Calvario.
Cuando hablamos de un hecho real, no son solamente las cosas que vemos con los ojos, y es verificable. Esto es un real material. Pero existe un real que no es menos real, es incluso más real, aunque no se ve. Y es precisamente este ‘real’ que no se ve, que no era posible ver, el evangelista nos quiere hacer comprender con esta imagen que él retoma del Antiguo Testamento.
Muchas veces nosotros confundimos lo real con lo sensible. Si nos fijamos en la ‘mirada’ de Jesús a Pedro. Pedro ha negado al Maestro… para quien observaba esa mirada materialmente le ha dicho bien poco. Una mirada como tantas otras. Nosotros sabemos que lo real, verdadero, no visible era mucho mayor que ese pequeño detalle que era verificable exteriormente.
El evangelista Mateo se encuentra delante de lo que ha ocurrido en el Calvario. Si alguno de nosotros hubiese estado presente ¿qué habría visto? Un hombre, del cual algunos decían que era un justo, moría en la cruz junto con dos criminales. Esto es lo que todos veían, pero ¿era esa la verdadera realidad? Lo que los ojos no podían ver era mucho mayor, era el evento que cambiaba la historia de la humanidad, era el evento que señalaba el punto máximo de la revelación de Dios. ¿Qué hace el evangelista? Se sirve de imágenes que el pueblo de Israel, sus lectores entendían muy bien, para comunicar la realidad que no era visible pero que era fundamental para que nosotros comprendiésemos, porque de este evento – de lo acontecido en el Calvario, a las tres de la tarde del 7 de abril, del año 30 – ha alterado el mundo y altera nuestra vida si nosotros damos la adhesión a esta propuesta de ‘hombre’ que nos hace Jesús.
Mateo quiere poner delante de los ojos la realidad invisible del evento extraordinario que ha marcado el nacimiento del mundo nuevo. Veamos estos hechos. El primero: “el velo del templo se rasgó” dice la traducción. NO. Son todos pasivos. El velo del templo fue rasgado. El sujeto de este pasivo y de los otros 6 (son 7 pasivos) que encontramos que son la imagen que el evangelista utiliza para hacernos comprender – para hacernos ver lo invisible… el sujeto es Dios.
Son los famosos “pasivos divinos” que el evangelista utiliza para evitar nombrar el nombre inefable de Dios. Es Dios el que ha rasgado el velo del templo. Lo ven al fondo. El velo que separaba el ‘santo de los santos’ donde nadie podía entrar. Solamente el sumo sacerdote una vez al año para derramar la sangre de los bueyes o de los corderos sobre la piedra de la fundación del mundo. La piedra, decían que mantenía cerrado el abismo de manera que su surgiesen las aguas para crear un nuevo diluvio para castigar a la humanidad. Por tanto, era la expiación que se hacía solamente una vez al año y que solo el sumo sacerdote podía entrar en el ‘santo de los santos’ donde, se decía, habitaba la presencia de Dios.
Ese velo, en el momento de la muerte de Jesús, fue rasgado. Materialmente no ha pasado absolutamente nada. El velo del templo material permaneció como estaba. Pero es otro el velo que ha sido rasgado en aquel momento. ¿qué velo? Era el velo que separaba a los hombres de Dios. Ese velo ha sido removido por Dios para siempre. Y así, el hombre, tiene acceso a la casa de Dios, ve en la cara de Jesús el rostro de Dios. Y este rostro ya no tiene ningún velo, más allá de todos los velos que nosotros hemos puesto que son nuestras imágenes de Dios: el Dios que ama a los buenos y castiga a los que le desobedecen; el Dios que ama solamente a los buenos y no se acerca a los malos. Estos son todos los velos que han sido rasgados, porque sobre el Calvario nosotros tenemos ahora acceso a Dios y no se rasgará más.
Esta cortina ha caído para siempre. Jesús que muere sobre la cruz, ha puesto en mano de los hombres: el Señor se ha manifestado como el Dios que es amor y solo amor. Esta es la imagen del velo del templo que ha sido rasgado por Dios. No el velo del templo material. Es la imagen de la cual el evangelista Mateo se sirve para mostrarnos lo invisible: lo que realmente ha sucedido sobre el Calvario.
Segunda imagen: “la tierra tembló”. No es que la tierra tembló, sino que se la hizo temblar. Es la imagen del terremoto que era conocida en el Antiguo Testamento. Recordemos que cuando Dios bajó al Sinaí para hablar con Moisés, el monte temblaba, porque donde Dios entra hay siempre un temblor y hay cosas que vuelan por el aire. Concretamente, sobre el Monte Sinaí, el terremoto no sucedió en el monte, sino en la mente y en el corazón de Moisés, porque cuando Dios entra en nuestra mente, en nuestro corazón sucede un terremoto. Es una hermosa imagen bíblica que dice lo que sucedió aquel día sobre el Calvario. Se hizo temblar al mundo.
Y los que leían a Mateo entendían muy bien el mensaje que el evangelista estaba dando. Era el colapso del mundo antiguo y el inicio de un mundo completamente nuevo. Este terremoto reaparecerá nuevamente en la mañana de Pascua – siempre el evangelista Mateo. Es una manera eficaz para hablar sobre la intervención de Dios. Cuando Dios entra, nada permanece igual que antes.
Podemos pensar en nuestra vida: lo que sucede cuando realmente dejamos entrar a Dios, el evangelio, su palabra. Es una experiencia que todos hacemos en nuestra vida. Vuelan nuestros sueños, nuestra manera de relacionarnos con los demás, nuestros rencores… todo esto viene removida por la palabra del Maestro. Luego se construye una vida nueva, con fundamentos completamente nuevos, sobre valores que no son los del mundo antiguo. Este es el terremoto… no materialmente… no hubo ningún terremoto, nada registrado por los historiadores, no hay señales que hayan quedado y atestiguadas por los arqueólogos… Nada de esto. El terremoto no sucedió sobre la tierra material. El terremoto vino al mundo, porque el mundo no permaneció lo mismo después de la muerte de Jesús sobre el Calvario.
La tercera imagen: “las rocas que se abren”. Se trata de un significado muy claro para los que conocen el Antiguo Testamento. El profeta Ezequiel habló del corazón de piedra que sería destruido. Los corazones de piedra fueron cambiados por lo que ocurrió sobre el Calvario, porque desde aquel día el hombre debe compararse no con la gente de éxito en este mundo, sino con aquel hombre que es reconocido por Dios como su Hijo, o sea, como el hombre realmente resucitado, el da su vida por amor. Cuando uno lo contempla, se raja el corazón de piedra que ha heredado y recibe el corazón nuevo del Maestro.
La cuarta imagen: Los sepulcros fueron abiertos. No es que se abrieron, fueron abiertos por Dios. Y muchos cuerpos de santos que habían muerto fueron resucitados. Esto se refiere claramente al profeta Ezequiel que había dicho que un día Dios abrirá sus sepulcros, resucitarán los israelitas de sus tumbas, abrirá las tumbas, resucitarán… Se trata de la realización de esta profecía.
Materialmente ¿qué pasó? Porque el texto continúa diciendo: saliendo del sepulcro después de la resurrección entraron en la ciudad santa y fueron manifestados a muchos. Como crónica esto no puede ser, porque después de la resurrección se aparecieron a muchos en la ciudad santa. Y nos preguntamos: ¿después regresaron otra vez al sepulcro? No se trata de una crónica.
Estamos de frente a una página de teología escrita por el evangelista Mateo para decir, utilizando el lenguaje bíblico, que las profecías se han realizado. Se trata de la verdad que conocemos muy bien. Cuando Jesús murió, descendió a los infiernos donde fue precedido por todos los que habían muerto antes que él desde el inicio de la humanidad – ese infierno en el que entró fue vaciado. Y cuando él ha entrado, entró la fuerza divina, esa fuerza que vence a la muerte, y la vence definitivamente, no como hacemos nosotros cuando llevamos de vuelta a la vida biológica a las personas – la muerte las vuelve a llevar.
Por tanto, se trata de una intervención de Dios cuando Jesús muere, desciende a los infiernos para vaciarlo, pero no para traer nuevamente aquí a los que habían muerto sino introduciéndolos a todos en la vida que no tiene fin. Estas son las siete imágenes de las que el evangelista Mateo se ha servido para decir lo que realmente ha acontecido en el Calvario. Materialmente, los ojos de los presentes han visto muy poco.
Con esta imagen el evangelista nos ha ayudado a entender la verdad. La verdadera realidad. La que toca las decisiones de nuestra vida. También conocemos otro episodio que solo es narrado por el evangelista Mateo. Se trata de la muerte de Judas – que los otros evangelistas no mencionan.
Escuchemos este pasaje:
“Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo: He pecado entregando a un inocente a la muerte. Le contestaron: Y a nosotros, ¿qué? Eso es problema tuyo. Arrojó el dinero en el santuario, se fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo el dinero, dijeron: No es lícito echarlo en la alcancía, porque es precio de una vida. Y, después de deliberar, compraron el Campo del Alfarero para sepultura de extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta hoy, Campo de Sangre. Así se cumplió lo que profetizó Jeremías: Tomaron las treinta monedas, precio del que fue tasado, del que tasaron los israelitas, y con ello pagaron el campo del alfarero; según las instrucciones del Señor (Mt 27,3-10).
Hemos escuchado un episodio que presenta aspectos oscuros, misterioso. Me parece que no será esclarecido desde el punto de vista histórico. Judas muere ahorcado después de haber ido al templo a devolver las 30 monedas que le habían dado los sumos sacerdotes. En los Hechos de los Apóstoles encontramos un relato muy diferente sobre la muerte de Judas.
Lo hace Pedro al comienzo de Los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,16-20).
Digámoslo enseguida: no nos interesa saber cómo acabó materialmente este hombre. Tuvo que ser una muerte dramática que ha sido releída por los cristianos para acentuar un mensaje: prestar atención a las opciones que hacemos, porque podemos arruinar nuestra vida, como ha hecho este hombre que pasó tres años con Jesús, pero que en cierto momento
se desconectó.
Lo ha entregado – dice el Nuevo Testamento que Judas ha abandonado al Maestro. No
se dice nunca que lo ha traicionado. Su acción fue entregarlo a las autoridades religiosas. Creo que es importante, al menos por un momento, liberarse de los estereotipos que tenemos sobre esta figura de Judas. No podemos menos de mostrar respeto y piedad por el gran drama que tuvo este hombre que, según lo que dicen Pedro, Juan y los demás evangelistas en general, aparece que en el grupo de los apóstoles no tenía amigos.
¿Qué le habrá pasado a Judas? Ha escuchado al Maestro, pero con la catequesis que había recibido, con la convicción que se había hecho respecto al Mesías, se había quedado desilusionado de Jesús. Vio que Jesús era una persona peligrosa para la estructura porque se alejaba de las tradiciones de su pueblo y era rechazado por las autoridades religiosas. Y él se ha fiado de la autoridad religiosa y, en cierto momento, entregó a las autoridades religiosas al Maestro porque vio que Jesús había hecho un terremoto en el mundo. Esto es lo que le pasó a este hombre que, en cierto momento, se ha sentido solo, terriblemente solo, y cargó el peso de su propio error. Luego este hombre fue a desfogarse, a confidenciar su arrepentimiento y su tormento interior con las personas equivocadas – los sacerdotes del templo, que se sirvieron de él y luego se desinteresaron de él. Diría que se equivocó de confesor. Si hubiese ido a Jesús, si hubiese regresado a Cristo, su vida hubiese acabado de una manera completamente diversa. Este es el error que hizo Judas. Cometió el error de no fiarse de Cristo, hizo la opción equivocada y cuando se dio cuenta de su error debería haber acudido a Cristo, no con sus enemigos. Hubiese salvado su vida. Hay un último episodio referido solamente por Mateo.
Los guardias puestos para guardar el sepulcro. Escuchemos primeramente la narración, luego buscaremos de entender el mensaje:
“Al día siguiente, el que sigue a la vigilia, se reunieron los sumos sacerdotes con los fariseos y fueron a Pilato a decirle: Señor, recordamos que aquel impostor dijo cuando aún vivía que resucitaría al tercer día. Manda que aseguren el sepulcro hasta el tercer día, no vayan a ir sus discípulos a robar el cadáver, para decir al pueblo que ha resucitado de entre los muertos. Este engaño sería peor que el primero. Les respondió Pilato: Ahí tienen una guardia: vayan y asegúrenlo como saben. Ellos aseguraron el sepulcro poniendo sellos en la piedra y colocando la guardia” (Mt 27,62-66).
Mientras el Hijo de Dios estaba en este mundo, los dominadores han comprendido el peligro que su reino estaba corriendo. Recordemos lo que hizo Herodes el Grande – buscó eliminarlo inmediatamente, porque se dio cuenta que entraba un reino completamente nuevo que habría eliminado los reinos antiguos. Los reyes que tenían su poder basados en la fuerza, en la violencia, el abuso, la injusticia, el robo… estas son las fuerzas sobre las cuales se construye el éxito del reino de este mundo.
Ha entrado uno que dio comienzo a un mundo nuevo, no el mundo de las fieras, el reino de los que son corderos, que dan su vida, lo dan todo por amor. Es este reino nuevo, que con su propia debilidad está haciendo temblar el mundo antiguo, los reinos antiguos. Y los reinos antiguos no se resignan a desaparecer pacíficamente. Buscan sobrevivir, por tanto, reaccionan con agresión.
Es lo que ha acontecido con Jesús. Los reinos de este mundo, los dominadores políticos y religiosos están relacionados y han logrado poner en el sepulcro a aquel que para ellos era peligroso. Y aquel viernes estaban felices cuando finalmente pusieron esa piedra delante el sepulcro. Y solo el evangelista Mateo dice que no estaban tranquilos. Pensaban que habían puesto fin definitivamente, de haber celebrado la propia victoria sobre el que había anunciado el nuevo reino. Y con todo, se presentan a Pilatos y le dicen: debemos custodiar este sepulcro para que no pase nada. Y dicen, quizás vengan sus discípulos, lo saquen y luego digan que todavía está vivo. Quieren tener definitivamente cerrado este sepulcro.
Los soldados en el sepulcro representan el poder de este mundo que, luego de haber celebrado la propia victoria, intentan mantener siempre cerrado en el reino de los muertos al Señor de la vida. ¿Qué sucede? Este poder humano no se dio cuenta que no se estaba confrontando con una fuerza humana – hubiese vencido. Pero se estaba confrontando con un poder divino, que es el poder del amor. La explosión de esta fuerza divina la veremos en la noche de Pascua, cuando el ángel que baja del cielo hará rodar esa piedra, se sentará sobre ella, sello de la victoria total. Nadie más se podrá acercar para colocar nuevamente esa piedra donde antes estaba. Y los guardias, puestos para defensa del mundo antiguo, permanecerán desmayados, aterrorizados por la luz venida de lo alto. Estos guardias representan a aquellos que quieren defender el mundo antiguo.
Tengámoslo presente porque podríamos ser nosotros, quizás aun sin darnos cuenta, esos guardias que buscan proteger un mundo que, de hecho, sobre el Calvario, Cristo lo ha derrumbado.
Les deseo a todos una buena semana de preparación para recibir en la mente y en el corazón la luz de la Pascua.
