4 DOMINGO DE CUARESMA – AÑO A

Juan 9,1-41

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Un buen domingo para todos.

La descripción de la sanación del ciego de nacimiento, narrada solamente por el evangelista Juan está colocada en el contexto de la Fiesta de las Chozas. Esta era la más importante de las fiestas. Se la llamaba: ‘la fiesta por excelencia’. Se celebraba en otoño y marcaba el fin de la vendimia y de la estación agrícola. Así se comprende la alegría de todo un pueblo que recogía el fruto de las fatigas de un año. La fiesta duraba 7 días y el centro de esta fiesta era el templo de Herodes, que ven al fondo.

Noten también el camino que descendía desde el templo hasta la ciudad baja, donde se encontraba la piscina de Siloé. Se trataba de una piscina muy grande, tenía 4000 metros cuadrados de extensión. El agua de esta piscina venía de la surgente de Gijón, que la ven indicada. Esta agua de la surgente estaba encanalada hasta la piscina, a través de un túnel excavado en la roca en tiempos del rey Ezequías (estamos en el año 702 a.C).

Fue un inmenso trabajo el excavar la roca de este túnel que tiene 530 metros de largo y demoraron dos años en excavarlo. Y el agua de la surgente de Gijón venía a desembocar en la piscina de Siloé. De aquí le viene el nombre de ‘shilua’, el nombre de la piscina porque viene del verbo ‘shalaj’ que significa ‘enviar’. Y es en torno a este verbo ‘enviar’ que el evangelista Juan nos quiere hacer reflexionar: ‘agua enviada’ y Juan dirá: ‘agua del enviado’ –enviado del cielo que, naturalmente, es Cristo– pero esto lo veremos más adelante.

¿Cuáles eran las características de esta fiesta? Dos elementos.

El primero: la liturgia del agua. Cada mañana el sumo sacerdote descendía, por el camino que les he indicado, con una jarra de oro y se dirigía a la piscina de Siloé para recoger agua. Esta agua era considerada pura porque venía de la surgente. Una gran multitud acompañaba al sumo sacerdote entre cantos de alegría, los levitas que tocaban sus trompetas, tambores, cítaras. Luego de recoger agua, el sumo sacerdote junto con todo el pueblo regresaba al templo y derramaba esta agua sobre el altar.

¿Cuál era el significado de este rito? Era una invocación al Señor para que envíe la lluvia otoñal tan importante para las semillas. Este rito era aún más solemne en el séptimo díaporque antes de verter el agua, el sumo sacerdote giraba 7 veces en torno al altar.

Nos interesa este rito del agua porque Jesús participó en esta fiesta y ¿qué hizo Jesús?Precisamente en este contexto alzó su voz y se presentó a sí mismo como la vertiente de agua viva. Gritó con fuerte voz: “El que tenga sed que venga a mí y beba”. ‘No tendrá más sed’ le había dicho a la samaritana. Esta agua que van a buscar a la piscina es el agua material, pero existe otra agua que da la vida plena; es el Espíritu que él trajo del cielo, la vida divina.

Jesús dice que nuestras aguas no sacian la sed porque son agua que vamos a buscar a la fuente, a los pozos que luego se secan. Los pozos materiales donde nosotros vamos a buscar la realización de nuestras vidas acaban secándose. Dice Jesús que la verdadera vertiente de agua viva ‘soy yo’. Precisamente en el contexto del rito del agua en esta fiesta de las chozas.

También había un segundo elemento que es muy importante para tener presente, para que podamos luego comprender el mensaje del texto evangélico. Se trata de la fiesta de la luz. La ciudad de Jerusalén se iluminaba completamente con antorchas y cuatro de estas antorchaseran muy grandes y se encontraban en el patio de las mujeres (en el templo). Los hombres danzaban en la explanada del templo con antorchas encendidas. Luego tenía lugar la visita a los enfermos, a los que estaban de luto, pues era necesario llevar, también a ellos, la alegría de esta fiesta.

Y es en este contexto de la fiesta de las chozas que también es la fiesta de la luz, cuando Jesús alza la voz y se presenta como la luz del mundo. “El que me sigue no camina en la oscuridad, sino que tiene la luz de la vida. Yo soy la luz del mundo”.

Es en este contexto que se narra la curación de este ciego de nacimiento. Jesús ha sanado a muchos ciegos, pero la manera como el evangelista narra la curación de este ciego se convierte en una parábola del paso de la oscuridad a la luz que todos estamos invitados a hacer.

Creo que no haya otro verbo como “ver”. Empleado en sentido metafórico lo utilizamos continuamente. Así, decimos: ‘abre los ojos que te están engañando… estás por comprar una casa que es un tugurio… abre los ojos… ¿no ves que te están engañando?’. También, a una persona pesimista le decimos que ‘ve todo negro’. Un avaro ve solamente el dinero. Decimos también que ‘uno ve lejos’.

Este verbo ‘ver’ empleado metafóricamente hay que tenerlo muy presente para comprender el camino de este ciego que Jesús encuentra durante la fiesta de las chozas y es llevado a la luz… representa precisamente este paso de las tinieblas a la luz, que es la luz de Cristo. Por tanto, la curación de este ciego ¿qué representa? Tratemos de aclararlo antes de escuchar el texto.

La ceguera es la imagen de la condición con la cual nacemos. Nuestra naturaleza biológica cuando aparece, aparece en la tiniebla. No se inclina hacia lo alto, sino hacia lo bajo. Nos lleva a dejarnos llevar por nuestras pasiones, por nuestros antojos, a volcarnossobre los bienes de este mundo convencidos de que así realizamos plenamente nuestra existencia. Caminamos en la oscuridad.

No vivimos como humanos si seguimos nuestras inclinaciones biológicas con las cuales nacemos. Tenemos necesidad de que en el caminar de nuestra vida se abran nuestros ojospara ver quiénes somos realmente, qué es lo que estamos haciendo en este mundo; hacia donde nos estamos dirigiendo. Si no se nos abren los ojos nos comportaremos como todas las otras creaturas contentándonos con lo que la naturaleza nos ofrece; no alzamos la mirada hacia el destino que nos caracteriza como humanos.

Por tanto, la necesidad que tenemos de ser iluminados para llegar a saber cuál es nuestro destino. A veces escuchamos decir que ‘la fe es ciega’. Schopenhauer decía: “O se piensa o se cree”. ¡NO! No se puede creer sin haber antes reflexionado, pensado, encontrado la racionalidad de las decisiones. Luego, cuando nuestra mente esté saciada entonces estamos llamados a hacer una opción: podemos jugarnos la vida sobre una propuesta que nos hacen.Pero esta propuesta no puede nunca negar la racionalidad, de otra manera no es fe… es irracionalidad, credulonería, superstición… y ciertamente aún hay mucho de esto.

La fe cristiana es un ‘ver’, un abrir los ojos para ver hacia lo lejos, para no confundir los fantasmas con la realidad, lo efímero con lo que vale realmente. Y Jesús ha venido para traer esta luz. Ya desde el comienzo, cuando Zacarías pronuncia aquel “Bendito el Señor, Dios de Israel (dice) nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte”. Y, al comienzo de su evangelio el evangelista Juan dice: “La luz brilló en las tinieblas; la luz verdadera que ilumina a todo hombre estaba viniendo al mundo”. Jesús se presenta como la luz que viene a iluminar las tinieblas del mundo.

Nosotros nacemos ciegos. Este es el significado metafórico que tiene esta curación tal como nos la narra el evangelista Juan.

Escuchemos como comienza este relato:

Al pasar Jesús vio un hombre ciego de nacimiento. Los discípulos le preguntaron:Maestro, ¿quién pecó para que naciera ciego? ¿Él o sus padres? Jesús contestó: Ni él pecó ni sus padres; ha sucedido así para que se muestre en él la obra de Dios. Mientras es de día, tienen que trabajar en las obras del que me envió. Llegará la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo. Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso en los ojos le dijo: Ve a lavarte a la piscina de Siloé –que significa enviado–. Fue, se lavó y al regresar ya veía.

Jesús se encuentra en la vecindad del templo y ve a un hombre que es ciego desde el nacimiento. No se nos dice el nombre: es un hombre. Representa a la humanidad que nace ciega. Y no es el ciego el que va a buscar la curación; es Jesús el que toma la iniciativa. El ciego no ha tenido nunca la experiencia de la luz y no puede imaginar que exista una manera distinta de vivir.

Cuando una madre se lamenta alguna vez… ¿cómo es que mi hijo solo se interesa de la fiesta que va a celebrar con sus amigos el sábado por la noche… y ni se le ocurre lo hermoso que sería preparar la liturgia dominical, prepararse para escuchar el evangelio. Es porque aún no ha abierto los ojos; no se imagina que pueda existir una manera distinta de vivir fuera de lo que hacen todos. La persona que no ve se adapta a lo que hacen los demás y son como ovejas pequeñas.

Las ovejas no ven bien y por eso van una en pos de otras… ¡‘ovejismo’! Para ser conscientes de las opciones que uno hace en la vida, es necesario que alguien nos abra los ojos para saber dónde estamos caminando y cuál es nuestro destino. Los discípulos le preguntan: “¿quién pecó para que naciera ciego?”. Jesús no quiere sentir hablar de culpa porque uno haya nacido ciego.

En aquel tiempo era normal pensar que cualquiera que tuviese alguna enfermedad era porque estaba castigado por Dios… y aún hoy algunos piensan así. Jesús no quiere sentir hablar de estas cosas. La desgracia es un evento, no es nunca un castigo de Dios. El dolor no tiene nada que ver con Dios.

Ahora trataremos de comprender el significado metafórico que evangelista Juan a esta ceguera. No es culpa del hombre si nace ciego; no es ni culpa suya ni de los padres. Es la condición con la cual nacemos. No es un pecado nacer en esta condición. Es la condición del hombre en cuanto hombre.

Por tanto, es totalmente inadecuado hablar de ‘pecado original’; no existe ninguna culpa al nacer de esta manera. Jesús no quiere sentir hablar de pecado. Nacemos en esta condición de ceguera necesitados que alguien, o sea Dios, nos abra los ojos. Y por eso Jesús dice: desde que llegué al mundo yo soy la luz del mundo.

Y ahora el hecho. “Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva, se lo puso –este barro suyo, repito ‘su barro’– en los ojos del ciego. El gesto de Jesús nos avergüenza un poco… ¿qué significa? Primeramente, la saliva. En aquel tiempo la saliva era la concentración del aliento, del soplo. ¿Qué está haciendo Jesús?

Nosotros ya hemos encontrado en la Biblia este amasar con el polvo de la tierra… es lo que hizo Dios cuando creo al hombre. Su soplo que ha sido dador de vida a aquel hombre que ha sido amasado con el barro de la tierra. Ahora el significado del gesto de Jesús resulta muy claro. Estamos frente a la repetición del gesto creador de Dios. Jesús se presenta con su realidad de hombre, amasado también él, como nosotros, del barro de la tierra pues también Jesús estaba compuesto de hidrógeno, oxígeno, carbón, nitrógeno, un poco de cada cosa exactamente como nosotros, pero con el Espíritu, que es la vida divina que él trajo al mundo.

Entonces, ¿qué es lo que hace Jesús? Toma ‘su’ barro, o sea su persona, su encarnación de hombre auténtico, amasado por el polvo de la tierra y del Espíritu y lo pone delante de los ojos del ciego para abrirle los ojos.

Es muy claro el significado metafórico: si el hombre no tiene delante de sus ojos la imagen del hombre auténtico, exitoso, que es quien está amasado con la realidad material,pero con la plenitud del Espíritu que es la vida divina, no ve, no es un hombre auténtico. Lo que abre los ojos al ciego será este barro que Jesús le ha puesto en los ojos.

Y nosotros lo debemos tener presente si queremos caminar con los ojos abiertos en nuestra vida. Es el hombre nuevo. Jesús le dijo a este ciego: “Ve a lavarte a la piscina de Siloé”. y recuerda el evangelista que ‘shiloaj’ significa enviado–. En realidad, ‘shiloaj’ no significa ‘enviado’. Enviado se dice ‘shalúa’, pero lo que le interesa al evangelista es la concordancia, la armonía: es necesario acudir al agua del ‘enviado’ si queremos abrir los ojos. Y, por tanto, se le pide al ciego una opción: debe moverse para ir al agua que luego le abra los ojos.

El símbolo de ‘ir a buscar el agua’ del enviado, es la aceptación del don del Espíritu. Por tanto, es necesario hacer una opción por esta agua. Y, ahora, Jesús se aleja de la escena mientras que el hombre que nació ciego se dirige a la piscina de Siloé. Y durante esta ausencia aquel a quien se le han abierto los ojos comienza a moverse y se debe enfrentar con aquellos a los cuales los ojos aún no se les han abierto.

Escuchemos el primer diálogo del que antes estaba ciego con aquellos que lo habían conocido de antes:

Los vecinos y los que antes lo habían visto pidiendo limosna comentaban: ¿No es éste el que se sentaba a pedir limosna? Unos decían: Es él. Otros decían: No es, sino que se le parece. Él respondía: Soy yo. Así que le preguntaron: ¿Cómo pues se te abrieron los ojos?Contestó: Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo que fuera a lavarme a la fuente de Siloé. Fui, me lavé y recobré la vista. Le preguntaron: ¿Dónde está él? Responde: No sé.

Al hombre que ha sido iluminado por Jesús ya no lo reconocen. Los vecinos, que estuvieron junto a él durante años, se preguntan: ‘¿es él o no es él?’. La anterior condición de este hombre era la de estar sentado y de pedir limosna. O sea, inmóvil, dependiente, iba a donde los demás lo llevaban. Ahora ya no más. Ahora es él el que decide, ahora es libre, sabe a dónde quiere ir, sabe lo que quiere en la vida. Es una persona nueva. Antes estaba movido por las pasiones sin control, ahora está movido por el Espíritu.

Por tanto, es alguien totalmente otro. Si antes ofendía, era descortés, arrogante, pensaba solamente en el dinero, se tenía por listo, ahora es una persona tierna, servicial, atento a los demás, honesto. Por tanto, la gente le pregunta: ¿cómo es que tu vida es tan diferente a la de antes cuando eras ciego? Y le preguntan: ¿Qué es lo que te pasó? Y el ciego comienza su relato a partir del camino que hizo, de la tiniebla a la luz. ‘Encontré a ese hombre que se llama Jesús, me puso barro en los ojos; pude ver al hombre exitoso, al hombre verdadero; fui a lavarme en el agua del enviado’.

El agua del enviado es el Espíritu donde se sumerge el que cambia su vida. El que es bautizado en el agua del bautismo, sale como persona nueva. Dice el ciego: ‘Y cuando salí del agua, he visto, he abierto los ojos’. Tomemos nota. El ciego no va a molestar a los que aún están ciegos… predicándoles para convertirlos… NO. Son los demás, quienes frente a una vida totalmente diferente a la de antes le preguntan: ¿qué es lo que te ha pasado? ¿Cómo ves la vida, la muerte, la enfermedad, la sexualidad, los problemas que pueden aparecer? ‘Ves la política de manera diferente que los demás… ¿qué te pasó?’.

Tratemos de preguntarnos: Acaso no te han hecho esta pregunta… tú ya no piensas como los demás… ¿por qué este cambio? ¿Por qué ves el mundo de manera diferente? El ciego narra toda su historia.

Y ahora entran en escena aquellos que se preocupan porque él ahora vea, que ya no sea el de antes. Escuchemos qué es lo que hace esta gente:

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos le preguntaron otra vez cómo había recobrado la vista.Les respondió: Me aplicó barro a los ojos, me lavé, y ahora veo. Algunos fariseos le dijeron:Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no observa el sábado. Otros decían: ¿Cómo puede un pecador hacer tales milagros? Y estaban divididos. Preguntaron de nuevo al ciego: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? Contestó: Que es profeta.

En este momento, continuamos leyendo el texto no ya desde el punto de vista de una curación de una ceguera material, hecha por Jesús. Leeremos el texto como una parábola del paso de las tinieblas a la luz por parte de aquellos que se han dejado abrir los ojos por el evangelio.

Por ejemplo, no hace muchos años atrás hemos sentido hablar de ‘guerra justa’; algunos se han dejado abrir los ojos por el evangelio y se han preguntado: ¿es cierto que es compatible con el mensaje de Cristo? Otro ejemplo: la justicia de este mundo. O sea, tu puedes comprar, vender, acumular si quieres, basta seguir las leyes del estado, haces un poco de limosna… pero algunos se han dejado abrir los ojos por la palabra de Dios, por el evangelio, y dicen: no se puede hacer esto porque los bienes son todos de Dios, nosotros no somos dueños, debemos administrar bien lo que no es nuestro compartiendo con quien tiene necesidad.

Algunos se han dejado abrir los ojos por el evangelio, mientras que otros no. Por ejemplo, la objeción de conciencia. Otro ejemplo: el rostro de Dios. Hasta hace pocos años se lo imaginaba (y algunos aún lo predican hoy) como el Dios justiciero; como el que dio mandamientos para ser observados y se enoja si alguien desafía su autoridad. Hasta que algunos se han dejado abrir los ojos por el evangelio, por Cristo, y han visto (los demás todavía no lo han visto), han visto un rostro de Dios completamente diferente. Un rostro de Dios que es amor y solamente amor, un Dios que odia al mal, pero ama perdidamente al pecador.

¿Qué sucede con aquellos que aún no han abierto los ojos? Algo que también sucede hoy en día… Llegaron los fariseos y denunciaron a este hombre que es diferente de los demás. Y todavía peor, es uno que sigue a alguien que no va con la tradición porque no observa el sábado. Por tanto, no puede ser un hombre de Dios el que se aparta de aquello que siempre se ha hecho, de la tradición que él ha violado. Estemos atentos, los fariseos…, los de aquel tiempo están muertos, pero representan a todos aquellos que están prisioneros de prejuicios, de sus propias convicciones y no quieren dejarse abrir los ojos por el evangelio.

No se trata de seguir todas las ideas desbaratadas que circulan por ahí, pero cuando está el evangelio que te quiere abrir los ojos, deja que el evangelio te los abra. Estos fariseos son los custodios de lo que siempre se ha hecho… ‘siempre se ha hecho así y éstas son las normas, siempre se ha predicado de esta manera’.

Pero si el evangelio te dice alguna cosa diferente, déjate abrir los ojos. Y ahora los fariseos comienzan a interrogar al ciego. Le preguntan qué te ha pasado. Él se los dice y al final le preguntan: Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos? …No lo mencionan por nombre… nunca ellos mencionarán a Jesús. ‘Ese tal…’. Contestó: Que es profeta. Antes había respondido a la pregunta de quién se trataba y había respondido: ‘No lo sé. Aquel hombre’… era un hombre.

Ahora ha dado un paso adelante en el descubrimiento de la identidad de Jesús de Nazaret. “Es un profeta”. Es un paso adelante el que hace. Pero la autoridad, que quiere proteger lo que siempre se ha hecho, llaman a los padres del que estaba ciego.

Escuchemos el interrogatorio que les hacen:

Los judíos no terminaban de creer que había sido ciego y había recobrado la vista; así que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: ¿Es éste su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Contestaron sus padres:Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él, que es mayor de edad y puede dar razón de sí. Sus padres dijeron esto por temor a los judíos; porque los judíos ya habían decidido que quien lo confesara como Mesías sería expulsado de la sinagoga. Por eso dijeron los padres que tenía edad y que le preguntaran a él.

Esta vez, el interrogatorio al ciego fue hecho por los judíos. ¿Quiénes son estos judíos?En el evangelio de Juan, no son el pueblo de Israel, sino que representan a los que se oponen a Cristo y al evangelio. Son los jefes religiosos. Por su parte, los padres del ciego representana aquellos que han inculcado en el hijo los valores tradicionales.

Como sabemos, era responsabilidad de los padres el educar a los hijos de acuerdo a la tradición del pueblo de Israel. Si el hijo ha encontrado realmente a Cristo, ha descubierto nuevos valores y ha rechazado aquellos que habían sido inculcado por los criterios de este mundo. Repito que estamos leyendo este texto como parábola del paso de las tinieblas a la luz obrado por el evangelio. Le preguntan a sus padres: “¿Es éste su hijo, el que ustedes dicen que nació ciego?”. O sea, le preguntan a sus padres si no es que cuando nació este niño veía. Y ellos contestaron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego”.

Es otro el que le dio la luz. Sus padres no entran en la realidad nueva: “quién le abrió los ojos, no lo sabemos”. Es Cristo quien le abrió los ojos. Es lo que Jesús dijo a Nicodemo: “Lo que nace de la carne es carne; lo que nace del Espíritu es Espíritu”. La parte biológica de este hombre viene de este mundo, pero la persona se caracteriza por el don que Dios le ha dado, de la nueva vida.

Los padres crecieron sintiéndose responsables de la ceguera del hijo. Es como la catequesis del pasado que hablaba de ‘pecado original’. Jesús no quiere sentir hablar de pecado. Es la condición con la que nacemos. Nacemos ciegos. Esto es lo que produce la realidad de este mundo. Ahora hay una nueva luz y esta no viene del mundo, viene de lo alto.“Pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos”.

Esta luz que ahora tiene nuestro hijo no procede de nosotros. Tienen miedo de la curación, de la nueva visión de la vida… les da miedo porque los llevaría a cambiar de perspectiva, esto es, lo que ellos le han inculcado queda atrás porque ahora hay un descubrimiento nuevo.

Tratemos de concretizar un poco más. Si se toma conciencia que los hijos abren los ojos,o que se dejan abrir los ojos por el evangelio significa reencontrarse con los hijos que en la vida llevarán las de perder… no por ser incapaces, que no saben sacar fruto de sus capacidades… por el contrario, solo que no utilizarán los dones recibidos de Dios para enriquecerse, para dominar, para aparentar, sino para inclinarse para servir a los demás. Y esto no viene de la carne; viene de la apertura de los ojos dada por el evangelio. Los padres tienen miedo porque los jefes religiosos los amenazan con echarlos de la sinagoga. O sea, de excluirlos de lo que siempre ha sido la comunidad tradicional.

Y la expulsión de la sinagoga implicaba grandes riesgos, era el aislamiento social, la inseguridad completa. Perdían el derecho a la herencia. Es lo que Jesús dice a sus discípulos,‘tengan en cuenta todos los riesgos que corren si se dejan abrir los ojos de mi evangelio;verán la vida y el mundo de manera completamente diferente’.

Y ahora el último intento de la autoridad religiosa de hacer regresar a este hombre, que había nacido ciego, hacerlo regresar a pensar según los criterios de la tradición. Y en su respuesta recogeremos todas las características de la persona iluminada.

Escuchemos:

Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: Da gloria a Dios. A nosotros nos consta que aquél es un pecador. Les contestó: Si es pecador, no lo sé; de una cosa estoy seguro, que yo era ciego y ahora veo. Le preguntaron de nuevo: ¿Cómo te abrió los ojos? Les contestó: Ya se lo dije y no me creyeron; ¿para qué quieren oírlo de nuevo? ¿No será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos? Lo insultaron diciendo: ¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios le habló a Moisés; en cuanto a ése, no sabemos de dónde viene. Les respondió: Eso es lo extraño, que ustedes no saben de dónde viene y a mí me abrió los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que escucha al que es piadoso y cumple su voluntad.Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada. Le contestaron: Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones? Y lo expulsaron.

En este interrogatorio que le hacen al ciego nosotros encontramos nuevamente a los fariseos. Ya los habíamos encontrado en el interrogatorio precedente y vimos que al final estaban divididos entre ellos. Ahora los encontramos nuevamente reagrupados. Cuando se trata de defender el propio interés, las propias convicciones, los propios privilegios, aquellos que tienen el poder se reagrupan siempre. Y en este grupo han prevalecido los más fanáticos,los defensores de las tradiciones teológicas más conservadoras.

Son aquellos que más se sienten molestos por la luz del evangelio. Y comienzan el interrogatorio presentándose como los que saben: sabemos que este es un pecador… te debes fiar de nosotros… no debes pensar… debes ponerte en sintonía con lo que nosotros enseñamos. Y ahora debes dar gloria a Dios. ‘Dar gloria a Dios’ quiere decir alinearte con nuestra posición.

En vez, ‘dar gloria a Dios’ quiere decir estar en sintonía con las conductas de la luz nueva que has recibido. Las respuestas de este hombre, que de ahora en adelante encontraremos, son las respuestas de una persona cada vez más libre, porque ahora este hombre ‘ve’. “Les contestó: Si es pecador, no lo sé; de una cosa estoy seguro, que yo era ciego y ahora veo” … yo estoy feliz en poder ver.

Pero los fariseos buscan de encasillarlo de aluna manera. “Le preguntaron de nuevo: ¿Cómo te abrió los ojos?”. ¿Por qué le quieren hacer narrar nuevamente lo sucedido? Porque quieren llegar a la conclusión que Jesús ha violado el sábado, por tanto, es un pecador… ‘te debes alejar de él’. Y ahora, el hombre que era ciego es una persona plenamente libre al punto que utiliza la ironía, muy peligrosa porque luego lo amenazan con violencia y lo echarán fuera. ¿Qué les responde? “Les contestó: Ya se lo dije y no me creyeron; ¿para qué quieren oírlo de nuevo?”. No se los digo de nuevo porque sé a dónde ustedes quieren llegar. Y ahora con ironía les pregunta: “¿No será que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”.

Ahora queda claro que los fariseos se ponen furiosos y lo insultan. “¡Tú serás discípulo de ese hombre…!”. No dicen de Jesús… sino de ese hombre, de ese tal… Nosotros sabemos… “nosotros somos discípulos de Moisés. Sabemos que Dios le habló a Moisés; en cuanto a ése, en cuanto a ése, no sabemos de dónde viene”.

Vemos aquí el miedo que tienen esas personas que ocupan el poder, que tienen la autoridad, cuando uno cuestiona sus convicciones frente a una luz nueva que es la de Cristo y su evangelio. Estemos atentos porque los fariseos ya están muertos, pero los ‘fariseos’ son una secta que se perpetúa en el mundo y Jesús estaba muy preocupado que se perpetuase en su comunidad.

Es el miedo que el evangelio cuestione lo que siempre se hizo, lo que hemos pensado siempre. Pongamos en cuestionamiento todo lo que hemos tenido como indiscutible porque si el fundamento de estas convicciones y de estas opciones es sólido mantendrá credibilidad;pero si, en vez, no es sólido estará desenmascarado como una falsedad a la luz del evangelio.Los hechos hay que tomarlos por lo que son y no adaptar el hecho a las propias convicciones.

La respuesta del que era ciego –continúa respondiendo con ironía: “Eso es lo extraño, que ustedes no saben de dónde viene y a mí me abrió los ojos”. Y continúa empleando los propios argumentos religiosos de los fariseos: “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que escucha al que es piadoso y cumple su voluntad. Jamás se oyó contar que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si ese hombre no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada”.

Le contestaron, llegando al insulto: “Tú naciste lleno de pecado, ¿y quieres darnos lecciones?”. ‘Si eres ciego, es porque eres un pecador… en cambio nosotros vemos’. Creen que ven, pero en realidad están ciegos. Dentro de poco sentiremos el juicio que Jesús pronuncia; el juicio que realmente cuenta.

Y a este punto lo expulsan. Lo expulsan de la institución. Podemos ver cuáles son las características de la persona iluminada por Cristo, de uno que ha pasado de las tinieblas, del pensar común, de lo que todos piensan, dicen y hacen a aquellos que siguen la luz del evangelio. La primera característica: es uno que ha comenzado de decir ‘no sé’. Repite ‘yo no sé’. Le preguntan dónde está el que te curó… son los vecinos suyos que ya no lo reconocían.Les respondió: ‘no lo sé’.

Después, cuando las autoridades religiosas le dicen ‘sabemos que es un pecador’; él les responde: ‘yo no lo sé’. Y dentro de poco cuando Jesús lo encuentre, cuando Jesús vaya a buscarlo y lo encuentra, le preguntará si cree en el hijo del hombre… y le responderá: ‘no lo sé… ¿quién es Señor?’. Es uno que se deja guiar, no se pone a defender… la verdad se acepta siempre. No tiene miedo a la verdad porque la verdad viene de Dios.

Esta es la primera característica. Por tanto, un camino que parte de reconocer que uno no sabe y está abierto para recibir la luz.

Segunda característica: es consciente de su nueva identidad: ‘soy yo’. Cuando le preguntan si era él realmente. ‘Soy yo’, soy una persona nueva y feliz de ser un hombre nuevo.

La tercera característica: es una persona libre para presentar sus propias convicciones.No le vende su cabeza a nadie. No es que uno tenga autoridad, prestigio… NO. Primero viene la verdad y es libre cuando ha recibido una nueva luz.

La cuarta característica: la relación con la autoridad. Es una persona que respeta a la autoridad, no la ofende, pero no la diviniza. Lo primero es el evangelio, primeramente viene Cristo y hay que poner mucha atención para no idolatrar a ninguna autoridad, ni política ni religiosa.

Quinta característica: es una persona valiente al punto de responder con ironía. Se ve bien, por tanto no tiene miedo de un enfrentamiento y si es provocado muestra toda su libertad, no tiene nada de que defenderse, no tiene posiciones de prestigio o de ventaja o de privilegios… NO. Es una persona libre. Y no se deja intimidar por aquellos que abusando del poder insultan, amenazan y finalmente recurren a la violencia. No renuncia a la verdad aun cuando esta sea incómoda e indeseable para quien está en lo alto, para quien está acostumbrado a recibir siempre aprobación, aplausos, inclinaciones, adulaciones, inclinaciones… NO.

El que se ha dejado abrir los ojos por el evangelio tiene esta libertad. Finalmente, es uno que resiste a la presión y que no tiene miedo. Acepta incluso renunciar a la violencia antes que renunciar a la luz que lo hace feliz porque siente que es verdaderamente y plenamente hombre.

Y ahora reaparece nuevamente en escena Jesús, que luego de haber enviado este ciego a la piscina de Siloé había desaparecido. Ha acompañado a este hombre en su camino hacia la luz, pero él no estaba presente. Le dejó que se enfrentase con todos los interrogantes, con todas las dificultades y ahora Jesús lo va a buscar y lo encuentra.

Escuchemos:

Oyó Jesús que lo habían expulsado y, cuando lo encontró, le dijo: ¿Crees en el Hijo del Hombre? Contestó: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Lo has visto: es el que está hablando contigo. Respondió: Creo, Señor. Y se postró ante él. Jesús dijo: He venido a este mundo para un juicio, para que los ciegos vean y los que vean queden ciegos. Algunos fariseos que se encontraban con él preguntaron: Y nosotros, ¿estamos ciegos? Les respondió Jesús: Si estuvieran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen que ven, su pecado permanece.

Hemos acompañado el camino espiritual de este hombre que se ha dejado abrir los ojos por el ‘enviado’: Jesús, enviado del Padre del cielo. Nos preguntamos qué es lo que ha pasado… Este hombre ha descubierto la luz, es libre y es feliz. En vez de encontrarse con personas que simpaticen con él, se encuentra con gente que se le oponen.

La respuesta la encontramos en el evangelista Juan desde el comienzo de su evangelio cuando narra las palabras de Jesús a Nicodemo. Jesús dice ‘la luz ha venido al mundo, pero la gente ha preferido las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas’. Esto es extraño, pero es lo que acontece.

El hombre nuevo, el hombre verdadero molesta, no es aceptado por aquellos que quieren perpetuar el reino del hombre viejo, el que está guiado por las pasiones, por el propio interés,por la lógica del aprovecharse de los demás, de hacer lo que le agrada. El hombre nuevo molesta. Recordemos que cuando Pilatos, justo al mediodía, presenta Jesús al pueblo y dice: “Aquí tienen al hombre”. No lo soportan. Le dicen: ‘fuera, fuera, sácalo de en medio’. No quieren ver al ‘hombre’ porque el hombre nuevo pone en crisis a aquellos que quieren perpetuar al hombre viejo.

¿Qué sucede ahora? El ciego sanado es echado fuera de la institución. El evangelio dice:Oyó Jesús que lo habían expulsado y lo fue a buscar. Jesús había aparecido al principio de la narración y luego no está más presente y aparece al final. No ha intervenido antes. Ha dejado que el ciego se las arreglara solo en medio de la dificultad y el conflicto.

La persona iluminada no tiene necesidad de la presencia física del Maestro. La fuerza para continuar como hombre nuevo le viene de la luz que ha recibido. Jesús lo encuentra, se hace encontradizo con él y le dice: “¿Crees en el Hijo del Hombre?”. ‘Hijo del hombre’ es una expresión hebrea que significa simplemente ‘el hombre’. ‘¿Crees en el Hombre… el hombre que te hizo ver cuando puse mi barro en tus ojos?’. Y le responde: “¿Quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: Lo has visto: es el que está hablando contigo”. Este es el hombre exitoso. ‘Creo, Señor’ significa: ‘lo acepto en mi vida’.

Creer es una opción de amor. Uno mi vida a la propuesta que tú me haces. Es la profesión de fe de este hombre en la palabra que está oyendo y viendo. La revelación del Hijo de Dios que lo ha invitado a que lo acepte en su vida teniendo en cuenta lo que dice Jesús: cuando este hombre nuevo se presenta de frente al hombre viejo tendrá el mismo destino que le ha tocado al Hijo del Hombre exitoso que es Jesús de Nazaret. ‘Si me han perseguido a mí, también los perseguirán a ustedes’. Cuando reproduzcan este hombre exitoso, también ustedes serán perseguidos.

La respuesta del que había estado ciego es: “Creo, Señor”. Y ahora tenemos el juicio que Jesús pronuncia. Un juicio que no es de condena, sino un juicio de salvación. Esto es, te hace comprender que debes estar atento a las opciones que haces. “Algunos fariseos que se encontraban con él preguntaron: Y nosotros, ¿estamos ciegos?”.

Es muy poco probable que aparezcan nuevamente los fariseos mientras Jesús está hablando con este hombre sanado, iluminado. Los fariseos a los cuales Jesús se está dirigiendo somos nosotros. La respuesta de Jesús va dirigida a nosotros. Debemos preguntarle a Jesús: ‘¿También nosotros estamos ciegos?’.

Pongámonos este interrogante porque los fariseos de aquel tiempo estaban convencidos de ‘ver’, pero en realidad estaban ciegos. Y Jesús dijo que estar ciego no tiene culpa, pero decir que nosotros vemos… esto se convierte en pecado. Nacer ciego no tiene culpa, no es un pecado, pero rechazar la luz cuando llega, esto es pecado. Y pecado significa renunciar a encarnar en nosotros al hombre verdadero, al hombre auténtico, ser hijos de Dios.

Les deseo a todos un buen domingo y una buena semana.

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