QUINTA SEMANA DE CUARESMA VIERNES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
SIGNOS DE CONTRADICCIÓN
Oración Colecta
Señor, Dios nuestro:
Tú eres un Dios leal,
siempre fiel a tus promesas.
Robustece nuestra fe,
para que, con Jesús,
sigamos siempre confiando en ti
a pesar de los prejuicios,
del ridículo y de la contradicción.
Otórganos la firme convicción
de que tú estás
irrevocablemente comprometido con nosotros
en Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
El Señor está conmigo
En esta Primera Lectura, Jeremías nos comparte su canto de alabanza a Dios, “poderoso gigante” que lo libra de la mano de sus enemigos, de los que quieren destruirlo, porque rechazan al Dios que él vino a anunciar.
En aquel tiempo, dijo Jeremías:
“Yo oía el cuchicheo de la gente que decía:
‘Denunciemos a Jeremías,
Denunciemos al profeta del terror’.
Todos los que eran mis amigos espiaban mis pasos,
esperaban que tropezara y me cayera, diciendo:
‘Si se tropieza y se cae, lo venceremos
y podremos vengarnos de él’.
Pero el Señor, guerrero poderoso, está a mi lado;
por eso mis perseguidores caerán por tierra
y no podrán conmigo;
quedarán avergonzados de su fracaso
y su ignominia será eterna e inolvidable.
Señor de los ejércitos, que pones a prueba al justo
y conoces lo más profundo de los corazones,
haz que yo vea tu venganza contra ellos,
porque a ti he encomendado mi causa.
Canten y alaben al Señor,
porque él ha salvado la vida de su pobre
de la mano de los malvados’’.
Salmo Responsorial
R. (cf 7) Sálvame, Señor, en el peligro.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
el Dios que me protege y me libera.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
Tu eres mi refugio,
mi salvación, mi escudo, mi castillo.
Cuando invoqué al Señor de mi esperanza
al punto me libró de mi enemigo.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
Olas mortales me cercaban,
torrentes destructores me envolvían;
me alcanzaban las redes del abismo
y me ataban los lazos de la muerte.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
En el peligro invoqué al Señor,
en mi angustia le grité a mi Dios;
desde su templo, él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos.
R. Sálvame, Señor, en el peligro.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
Tú tienes palabras de vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Intentaron detenerlo, pero se escapó
Jesús es apedreado por los de su pueblo. Lo consideran un blasfemo. ¿Cuál es su blasfemia? Manifestar que es el Hijo de Dios. Pero no le creen. Lo rechazan obstinadamente. Ni siquiera creen por sus obras, que hablan de la gloria de su Padre. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, los judíos cogieron piedras para apedrearlo. Jesús les dijo: “He realizado ante ustedes muchas obras buenas de parte del Padre, ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?”
Le contestaron los judíos: “No te queremos apedrear por ninguna obra buena, sino por blasfemo, porque tú, no siendo más que un hombre, pretendes ser Dios”. Jesús les replicó: “¿No está escrito en su ley: Yo les he dicho: Ustedes son dioses? Ahora bien, si ahí se llama dioses a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede equivocarse), ¿cómo es que a mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, me llaman blasfemo porque he dicho: ‘Soy Hijo de Dios’? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre”. Trataron entonces de apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.
Luego regresó Jesús al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado en un principio y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: “Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan decía de éste, era verdad”. Y muchos creyeron en él allí.
Oración de los Fieles
Oremos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nos hace fuertes en nuestra debilidad, para vivir confiados plenamente en su providencia diciendo: R/ El Señor es nuestra fuerza y nuestro escudo. Nada hay que temer.
Por los hombres y mujeres perseguidos por causa de su fe. Para que encuentren fortaleza en la oración, te decimos.
Por todos los que se sienten abandonados por Dios y por los hombres. Para que, a través de gente buena que se les acerque y los acoja, experimenten que Dios los ama, te decimos.
Por todos cuantos tenemos faltas y pecados que redimir, que esta Cuaresma nos impulse a arrepentirnos sinceramente y volver al abrazo de nuestro Dios misericordioso, te decimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios:
El signo de tu lealtad para con nosotros
es que tu Hijo viene a nosotros,
aquí y ahora en la Eucaristía.
Guárdanos también a nosotros leales a ti
cuando tengamos que afrontar contradicciones
a causa de nuestra fe.
Que el Espíritu Santo nos dé el don de fortaleza;
el mismo Espíritu que inspiró y fortaleció a tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Jesús sufrió oposición
porque afirmó ser tu Hijo, el Hijo de Dios.
Que nosotros, que afirmamos también
ser tus hijos e hijas,
hagamos por amor
lo que tú quieres que hagamos,
para que la gente crea en ti y en tu Hijo,
no tanto por lo que hablamos y decimos,
sino por lo que somos y hacemos
inspirados por Jesucristo,
tu Hijo, nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Que nuestra fe en Jesús, el Señor, sea firme e inquebrantable. Sabemos muy bien lo mucho que él ha hecho por nosotros; cómo aguantó la contradicción, cómo sufrió y murió por nosotros. Él, el Hijo amado de Dios hecho hombre, nos ha hecho hijos e hijas del Padre. Por eso, con gozo recibimos ahora su bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
