CUARTA SEMANA DE CUARESMA LUNES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
FE EN EL FUTURO
Oración Colecta
Señor, Dios nuestro, Padre todopoderoso:
Tú quieres no que nos volvamos al pasado
para añorarlo y para llorar sobre él,
sino que tengamos esperanza en el futuro,
en la nueva tierra y en los nuevos cielos.
Danos una fe firme en tu Hijo, Jesucristo,
para que, a pesar de los defectos de nuestro tiempo,
tengamos fe en un futuro mejor,
que tú quieres que construyamos
con tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
No se oirán gemidos ni llantos
Isaías profetiza los cielos nuevos y la tierra nueva, hermosa y profunda alegoría del reino de Dios que está entre nosotros y que espera nuestros corazones y nuestras manos para prosperar.
Esto dice el Señor:
"Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva;
ya no recordaré lo pasado,
lo olvidaré de corazón.
Se llenarán ustedes de gozo y de perpetua alegría
por lo que voy a crear:
Convertiré a Jerusalén en júbilo
y a mi pueblo en alegría.
Me alegraré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo.
Ya no se oirán en ella gemidos ni llantos.
Ya no habrá niños que vivan pocos días,
ni viejos que no colmen sus años
y al que no los alcance se le tendrá por maldito.
Construirán casas y vivirán en ellas,
plantarán viñas y comerán sus frutos''.
Salmo Responsorial
Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b
R. (2a) Te alabaré, Señor, eternamente.
Te alabaré, Señor, pues no dejaste
que se rieran de mí mis enemigos.
Tú, Señor, me salvaste de la muerte
y a punto de morir, me reviviste.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Alaben al Señor quienes lo aman,
den gracias a su nombre,
porque su ira dura un solo instante
y su bondad, toda la vida.
El llanto nos visita por la tarde;
por la mañana, el júbilo.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Escúchame, Señor, y compadécete;
Señor, ven en mi ayuda.
Convertiste mi duelo en alegría,
te alabaré por eso eternamente.
R. Te alabaré, Señor, eternamente.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Busquen el bien y no el mal, para que vivan,
y el Señor estará con ustedes.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Anda, tu hijo está sano
La edificación del mundo nuevo comenzó con Cristo. Su palabra renueva a la gente. La fe en él lleva consigo vida y curación, algo por lo que vale la pena vivir, y una alegría que anticipa la plenitud del tiempo futuro.
En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.
Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: "Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen". Pero el funcionario del rey insistió: "Señor, ven antes de que mi muchachito muera". Jesús le contestó: "Vete, tu hijo ya está sano".
Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: "Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre". El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.
Ésta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
Oración de los Fieles
Oramos a Dios Padre todopoderoso porque queremos hacernos cargo de que su Reino crezca y arraigue entre nosotros. Por eso le decimos: R/Que venga a nosotros tu Reino, Señor.
Señor, pronuncia solamente tu Palabra y seremos sanados.
Señor, tócanos con tu gracia y llegaremos a ser mujeres y hombres nuevos y valerosos.
Señor, entrégate de nuevo a nosotros, y nos harás capaces de darnos a los demás.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios nuestro:
Éstos son nuestros dones:
no más que un poco de pan y vino:
pan ordinario, y una sencilla bebida de alegría,
pero se convierten en medio de nosotros
en los signos de un gran futuro.
Danos fe, Señor; una fe lo bastante fuerte
para creer con absoluta certeza
que todo es posible,
que podemos construir
un nuevo cielo y una nueva tierra
en y por medio de tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios de nuestro futuro:
Creemos en tu Hijo, Jesucristo,
que ha estado con nosotros
en esta celebración eucarística.
Por su causa estamos convencidos
de que incluso la muerte conduce a la vida,
de que no hay límites
a lo que tú puedes hacer con nosotros,
a pesar de lo poco fiables que somos a veces.
Estamos también convencidos
de que todos nuestros sueños
pueden hacerse realidad
por encima de nuestras expectativas,
en Jesucristo, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Cada año la Iglesia nos ofrece este tiempo de Cuaresma como una oportunidad para llegar a ser los seguidores de Cristo soñados por Jesús: valientes, cercanos a Dios, pensando de nuevo en los demás más que en nosotros mismos y en nuestros intereses insignificantes o mezquinos. Sigamos dejando al Señor que nos renueve con su fuerza. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.
