TERCERA SEMANA DE CUARESMA SÁBADO
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
DIOS, PRÓDIGO EN SU MISERICORDIA
Oración Colecta
Oh Padre bondadoso, siempre fiel:
Tú eres nuestro Dios de gracia, misericordia y perdón.
Cuando en estos tiempos modernos
las palabras “misericordia y perdón”
suenan como actitudes paternalistas,
haz, Señor, que nos percatemos
de que tú nos desafías
a confrontarnos con nosotros mismos
y a ser hombres y mujeres nuevos,
responsables de nuestro propio destino
y también de la felicidad de otros.
Danos la gracia de corresponder a tu amor
por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
El Señor volverá a compadecerse
El profeta Miqueas anuncia a un Dios que se deleita en su amor, que se complace en su misericordia. Un Dios que echa a lo profundo del mar todos nuestros pecados.
Esto dice el Señor:
"En su aflicción, mi pueblo me buscará
y se dirán unos a otros: 'Vengan, volvámonos al Señor;
él nos ha desgarrado y él nos curará;
él nos ha herido y él nos vendará.
En dos días nos devolverá la vida,
y al tercero, nos levantará
y viviremos en su presencia.
Esforcémonos por conocer al Señor;
tan cierta como la aurora es su aparición
y su juicio surge como la luz;
bajará sobre nosotros como lluvia temprana,
como lluvia de primavera que empapa la tierra'.
¿Qué voy a hacer contigo, Efraín?
¿Qué voy a hacer contigo, Judá?
Su amor es nube mañanera,
es rocío matinal que se evapora.
Por eso los he azotado por medio de los profetas
y les he dado muerte con mis palabras.
Porque yo quiero misericordia y no sacrificios,
conocimiento de Dios, más que holocaustos".
Salmo Responsorial
R. (cf Os 6,6) Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Por tu inmensa compasión y misericordia.
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos,
y purifícame de mis pecados.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Tú, Señor, no te complaces en los sacrificios
y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
Un corazón contrito te presento
Y un corazón contrito, tú nunca lo desprecias.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Señor, por tu bondad, apiádate de Sión,
edifica de nuevo sus murallas.
Te agradarán entonces los sacrificios justos,
ofrendas y holocaustos.
R. Misericordia quiero, no sacrificios, dice el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice:
"No endurezcan su corazón".
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
"Este hermano tuyo estaba muerteo y ha revivido"
Hoy la bella Parábola del Hijo pródigo nos toca el corazón. Porque entre nosotros no siempre es fácil ni rápido sanar las heridas. Pero el corazón amante y misericordioso del Padre se abre de par en par y nos muestra el camino de regreso a casa anticipándonos la fiesta que siempre nos espera.
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:"Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'.El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido''.
Oración de los Fieles
Dios nuestro, Padre de todos y de toda misericordia, oramos para que tu amor incondicional se derrame sobre nosotros y así te decimos: S/Danos, Señor, un corazón semejante al tuyo.
Por los que todavía no han aprendido a perdonar. Para que descubran la alegría y la paz que trae consigo la fiesta del perdón, roguemos al Señor.
Por los sacerdotes de la Iglesia. Para que aprendan de Dios Padre a ser alegres, compasivos, pacientes y animadores cuando administran el Sacramento de la Reconciliación, roguemos al Señor
Por los que se sienten con remordimiento y culpables de pecado. Para que tengan el valor de buscar el perdón y la reconciliación, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de Jesucristo,
en esta eucaristía
tú te adelantas a acogernos
para la fiesta y alegría del perdón y de la paz.
Que tu Hijo nos dé fuerza
para ser misericordiosos, como tú Padre lo eres,
para que podamos construir y acoger
–más que rechazar y condenar–,
porque nosotros también necesitamos tu perdón
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Padre nuestro que estás en el cielo:
Tu amor nos re-crea, nos crea de nuevo
cuando hemos fallado y fracasado.
Que nuestros corazones salgan al encuentro
de los pecadores y de todos los necesitados
sin condescendencia alguna.
Mantennos firmes en nuestro deseo
de llevar a cabo nuestra tarea
de reconciliar y unir a todas las razas,
lenguas y clases sociales,
y de construir puentes de paz
para que caminemos juntos
hacia las alegrías de tu Casa Acogedora en el cielo.
Te lo pedimos por medio de Aquel
cuyo sacrificio y reconciliación compartimos,
tu Hijo Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Tenemos que celebrar y regocijarnos porque muchos de nuestros hermanos y hermanas estaban muertos y ahora han vuelto a la vida por medio del perdón y reconciliación. Estaban perdidos y los hemos encontrado. Alegrémonos, con la bendición de Dios. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
