TERCERA SEMANA DE CUARESMA VIERNES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
CONVERSIÓN A DIOS POR AMOR
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
A través de la historia
los hombres han tenido la experiencia
de que no podemos ser felices
confiando sólo en nuestros recursos e intuiciones.
Oh Dios santo, no permitas que idolatremos
nada hecho con nuestras manos,
sino que busquemos humildemente
justicia, verdad y felicidad para todos,
en colaboración y comunión contigo,
tal como nos enseñaste por medio de tu Hijo Jesucristo,
que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Seré rocío para Israel
A través de Oseas llega el consuelo amoroso de Dios, que sostiene toda esperanza incluso en la mayor aflicción: “Seré para ti como el rocío, florecerás como el lirio, echarás tus raíces como los cedros del Líbano”, nos dice también a nosotros el Señor.
Esto dice el Señor Dios:
"Israel, conviértete al Señor, Dios tuyo,
pues tu maldad te ha hecho sucumbir.
Arrepiéntanse y acérquense al Señor para decirle:
'Perdona todas nuestras maldades,
acepta nuestro arrepentimiento sincero,
que solemnemente te prometemos.
Ya no nos salvará Asiria,
ya no confiaremos en nuestro ejército,
ni volveremos a llamar "dios nuestro"
a las obras de nuestras manos,
pues sólo en ti encuentra piedad el huérfano'.
Yo perdonaré sus infidelidades, dice el Señor;
los amaré aunque no lo merezcan,
porque mi cólera se ha apartado de ellos.
Seré para Israel como rocío;
mi pueblo florecerá como el lirio,
hundirá profundamente sus raíces, como el álamo,
y sus renuevos se propagarán;
su esplendor será como el del olivo
y tendrá la fragancia de los cedros del Líbano.
Volverán a vivir bajo mi sombra,
cultivarán los trigales y las viñas,
que serán tan famosas como las del Líbano.
Ya nada tendrá que ver Efraín con los ídolos.
Yo te he castigado, pero yo también te voy a restaurar,
pues soy como un ciprés, siempre verde,
y gracias a mí, tú das frutos.
Quien sea sabio, que comprenda estas cosas
y quien sea prudente, que las conozca.
Los mandamientos del Señor son rectos
y los justos los cumplen;
los pecadores, en cambio, tropiezan en ellos y caen".
Salmo Responsorial
Salmo 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17
R. (cf 11 y 9a) Yo soy tu Dios, escúchame.
Oyó Israel palabras nunca oídas:
"He quitado la carga de tus hombros
y el pesado canasto de tus manos.
Clamaste en la aflicción y te libré.
R. Yo soy tu Dios, escúchame.
Te respondí, oculto entre los truenos,
y te probé en Meribá, junto a la fuente.
Escucha, pueblo mío, mi advertencia.
¡Israel, si quisieras escucharme!
R. Yo soy tu Dios, escúchame.
No tendrás otro Dios, fuera de mí.
ni adorarás a dioses extranjeros,
porque yo el Señor, soy el Dios tuyo,
que te sacó de Egipto, tu destierro.
R. Yo soy tu Dios, escúchame.
¡Ojalá que mi pueblo me escuchara
y cumpliera Israel mis mandamientos!
Comería de lo mejor de mi trigo
y yo lo saciaría con miel silvestre".
R. Yo soy tu Dios, escúchame.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Conviértanse, dice el Señor,
porque ya está cerca el Reino de los cielos.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
El Señor, es el único Señor
Ha llegado el tiempo, y el tiempo es hoy, en el que no quedan dudas sobre lo que Dios espera de nosotros y es condición para nuestra plena felicidad: ¿Realmente amamos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra inteligencia y con todas nuestras fuerzas? Ha llegado el tiempo, y el tiempo es hoy, de revisar con honestidad nuestra escala de valores…
En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?" Jesús le respondió: "El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos".
El escriba replicó: "Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios".
Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios". Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Oración de los Fieles
Oremos al Señor para que esta comunidad haga cada día más y mejor eco de los mandamientos de nuestro Dios diciendo: R/Señor, haz que seamos el cambio que queremos ver en el mundo.
Para que nazcan de nuestro corazón, habitado por Dios, nuestras mejores acciones, como cristianos y ciudadanos de este planeta en crisis, te decimos.
Para que nuestro amor, muchas veces anémico, desesperanzado y seco, reviva y se fortalezca transformado en alabanza a Dios, en aliento fresco y en activa esperanza, te decimos.
Para que las naciones del mundo lleguen a respetarse, comprenderse y apreciarse mutuamente, y se empeñen en construir paz, progreso y bienestar, distribuyendo más equitativa los bienes de la tierra, te decimos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios y Padre nuestro:
Nos hemos reunido aquí en esta eucaristía
para celebrar la venida entre nosotros
de tu vida y amor, por medio de tu Hijo.
Nuestra ofrenda quiere expresar reconocimiento
porque nos amaste antes de que nosotros pudiéramos amarte.
Ayúdanos a expresarte nuestro amor agradecido
extendiendo nuestros brazos en acogida
a todos los llamados a ser hermanos y hermanas
de Jesucristo, nuestro Señor y Hermano Mayor,
que vive y reina por los siglos e los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía
tú has partido para nosotros
el Pan de tu Hijo, que da vida.
Que por la fuerza de este santo alimento
te amemos, nuestro Dios Vivo,
con todo lo que somos;
y que amemos a nuestros prójimos
–cercanos o lejanos–
tanto como nos amamos a nosotros mismos.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Amar a Dios con todo nuestro corazón y amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos es mucho más importante que todos los sacrificios rituales. Eso es “adorar a Dios en verdad”. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
