TERCERA SEMANA DE CUARESMA MARTES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
“PERDÓNANOS COMO NOSOTROS PERDONAMOS”
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Nos consideramos a nosotros mismos
como tu pueblo elegido,
el pueblo que afirma ser tu signo de reconciliación.
¡Oh Dios, qué pobres somos!
Con cuánta frecuencia te fallamos
al perdonar quizás sólo por un acto de condescendencia,
como si hiciéramos un gesto de gran favor
a los que buscan reconciliarse con nosotros.
Señor, enséñanos a perdonar
de la misma manera y con la misma amplitud
con que tú nos perdonas:
totalmente, sin condiciones,
desde la bondad de nuestros corazones.
Danos esta grandeza de corazón
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Exilado en Babilonia, el pueblo de Dios, que se siente humillado y esclavizado a causa de su pecado, implora a Dios su perdón y su liberación.
En aquel tiempo, Azarías oró al Señor, diciendo:
“Señor, Dios nuestro, no nos abandones nunca;
por el honor de tu nombre no rompas tu alianza;
no apartes de nosotros tu misericordia,
por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Jacob, tu santo,
a quienes prometiste multiplicar su descendencia,
como las estrellas del cielo y las arenas de la playa.
Pero ahora, Señor, nos vemos empequeñecidos
frente a los demás pueblos
y estamos humillados por toda la tierra,
a causa de nuestros pecados.
Ahora no tenemos príncipe ni jefe ni profeta;
ni holocausto ni sacrificio ni ofrenda ni incienso;
ni lugar donde ofrecerte las primicias y alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón adolorido
y nuestro espíritu humillado,
como un sacrificio de carneros y toros,
como un millar de corderos cebados.
Que ése sea hoy nuestro sacrificio
y que sea perfecto en tu presencia,
porque los que en ti confían no quedan defraudados.
Ahora te seguiremos de todo corazón;
te respetamos y queremos encontrarte;
no nos dejes defraudados.
Trátanos según tu clemencia
y tu abundante misericordia.
Sálvanos con tus prodigios
y da gloria a tu nombre”.
Salmo Responsorial
R. (6a) Sálvanos, Señor, tú que eres misericordioso.
Descúbrenos, Señor, tus caminos,
guíanos con la verdad de tu doctrina.
Tú eres nuestro Dios y salvador
y tenemos en ti nuestra esperanza.
R. Sálvanos, Señor, tú que eres misericordioso.
Acuérdate, Señor, que son eternos
tu amor y tu ternura.
Según ese amor y esa ternura,
acuérdate de nosotros.
R. Sálvanos, Señor, tú que eres misericordioso.
Porque el Señor es recto y bondadoso,
indica a los pecadores el sendero,
guía por la senda recta a los humildes
Y descubre a los pobres sus caminos.
R. Sálvanos, Señor, tú que eres misericordioso.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor,
Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a mí,
que soy compasivo y misericordioso.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Oremos juntos a nuestro Padre celestial, que nos enseña a perdonar sin medidas, diciendo: R/Señor, haznos instrumentos de tu Reconciliación.
Para que sepamos ser pacientes los unos con los otros, como Dios ha sido paciente con nosotros, roguemos al Señor.
Para que sepamos perdonarnos los unos a los otros, como Dios nos ha perdonado, roguemos al Señor.
Para que sigamos amándonos los unos a los otros como Dios continúa amándonos aun cuando repetidamente hemos herido su amor, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Padre misericordioso:
Acogemos a tu Hijo Jesucristo
en estos signos de pan y vino
como al Señor del perdón
que entregó su vida por nosotros.
Que nosotros, a quienes llamas tus elegidos,
queridos y llamados a ser santos,
estemos dispuestos a perdonar de buena gana
a pesar de antipatías y de sentimientos heridos,
de modo que seamos los unos para los otros
signos de tu perdón,
como fieles seguidores de Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor:
Es hermoso pero difícil
ser el Cuerpo místico de tu Hijo,
signo de perdón y vida
que él trae al mundo.
Pero danos el valor, a pesar de y más allá
de nuestros sentimientos demasiado humanos
–simpatías y antipatías–
para llevar a todos los que nos rodean
tu mensaje de amor, tolerancia,
alegría y paz,
que tú nos dado aquí de nuevo
por medio del Cuerpo y Sangre
de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Somos hombres y mujeres que hemos recibido perdón del Señor, y –así lo esperamos– también de los hermanos. Nosotros deberíamos aprender también a perdonar, de modo que nuestra oración en el Padre Nuestro sea verdadera. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
