SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA VIERNES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
EL SUFRIMIENTO SALVA
Oración Colecta
Oh Dios, Padre nuestro:
Nosotros no queremos morir
ni sufrir dolor alguno.
Queremos vivir y ser felices.
Oh Dios nuestro,
haz que percibamos claramente
que las dificultades y el dolor
son un misterio en cuyo seno
siempre se encuentra un aprendizaje
profundo y de superación
que amplía el sentido a nuestra vida.
Y que los atravesamos mejor
unidos a Jesucristo, nuestro Señor,
muerto y resucitado.
Primera Lectura
Ahí viene; vamos a matarlo
La historia de José nos descubre la poderosa raíz del amor que Dios quiere hacer crecer en nosotros: él tuvo que sufrir muchísimo los celos y la envidia de sus propios hermanos. Sin embargo no lo tendrá en cuenta… y será ejemplo de lo que supone realmente amar. Una sombra del Mesías que habría de venir…
Jacob amaba a José más que a todos sus demás hijos, porque lo había engendrado en la ancianidad. A él le había hecho una túnica de amplias mangas. Sus hermanos, viendo que lo amaba más que a todos ellos, llegaron a odiarlo, al grado de negarle la palabra.
Un día en que los hermanos de José llevaron a Siquem los rebaños de su padre, Jacob le dijo a José: "Tus hermanos apacientan mis rebaños en Siquem. Te voy a enviar allá". José fue entonces en busca de sus hermanos y los encontró en Dotán. Ellos lo vieron de lejos, y antes de que se les acercara, conspiraron contra él para matarlo y se decían unos a otros: "Ahí viene ese soñador. Démosle muerte; lo arrojaremos en un pozo y diremos que una fiera lo devoró. Vamos a ver de qué le sirven sus sueños".
Rubén oyó esto y trató de liberarlo de manos de sus hermanos, diciendo: "No le quiten la vida, ni derramen su sangre. Mejor arrójenlo en ese pozo que está en el desierto y no se manchen las manos". Eso lo decía para salvar a José y devolverlo a su padre.
Cuando llegó José a donde estaban sus hermanos, éstos lo despojaron de su túnica y lo arrojaron a un pozo sin agua. Luego se sentaron a comer, y levantando los ojos, vieron a lo lejos una caravana de ismaelitas, que venían de Galaad, con los camellos cargados de especias, resinas, bálsamo y láudano, y se dirigían a Egipto. Judá dijo entonces a sus hermanos: "¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su muerte? Vendámoslo a los ismaelitas y no mancharemos nuestras manos. Después de todo, es nuestro hermano y de nuestra misma sangre". Y sus hermanos le hicieron caso. Sacaron a José del pozo y se lo vendieron a los mercaderes por veinticinco monedas de plata. Los mercaderes se llevaron a José a Egipto.
Salmo Responsorial
Salmo 104, 16-17. 18-19. 20-21
R. (5a) Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
Cuando el Señor mandó el hambre sobre el país
y acabó con todas las cosechas,
ya había enviado por delante a un hombre:
a José, vendido como esclavo.
R. Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
Le trabaron los pies con grilletes
y rodearon su cuerpo con cadenas,
hasta que se cumplió su predicción,
y Dios lo acreditó con su palabra.
R. Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
El rey mandó que lo soltaran,
el jefe de esos pueblo lo libró,
lo nombró administrador de su casa,
y señor de todas sus posesiones.
R. Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Éste es el heredero: ¡matémoslo!
Jesús, como José en el Antiguo Testamento, también fue despreciado y rechazado por los de su propia casa. Y llevó la plenitud de su amor a la cruz, como el grano de trigo, para darnos vida nueva.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?" Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".
Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos".
Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.
Oración de los Fieles
Oremos por todos los que padecen actualmente dolores en el cuerpo y en el alma diciendo: R/Señor, haz que llevemos tu consuelo y Esperanza cierta a los que sufren.
Por los enfermos, especialmente los que están graves y agonizantes, para que encuentren fuerza y consuelo en la cruz y Resurrección de nuestro Señor, roguemos al Señor.
Por tantas personas que no tienen un acceso digno a la salud, para que se respete ese derecho humano esencial del que carecen, roguemos al Señor.
Por cuantos sufren pero no creen en Dios ni en la vida eterna, para que el amor y la fe de un cristiano conmueva y acompañe su camino a él, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Celebramos en esta eucaristía
la victoria de tu Hijo contra la muerte.
Por su medio tú nos das vida
y nos enseñas a aceptar la muerte.
Señor, ayúdanos a amar la vida
incluso con el sufrimiento que conlleva
en beneficio del amor y la renovación.
Que pongamos nuestro miedo a la muerte
y el deseo irrefrenable de la vida
en las manos de Jesucristo nuestro Señor,
que murió y resucitó para salvarnos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Haz que aceptemos plenamente
las realidades fundamentales de la vida:
que no hay nacimiento sin dolor,
ni crecimiento sin esfuerzo,
ni edad madura sin lucha,
ni sabiduría sin experiencia y dura práctica.
Oh Dios, levántanos por encima de nosotros mismos,
para que entendamos y aceptemos
la sabiduría de la cruz
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: José perdonó a sus hermanos y se convirtió en gran bendición para ellos. En la cruz, Jesús nos otorgó perdón y nos trajo vida. El signo hermoso de este perdón fue cómo perdonó a los que lo habían conducido a la cruz y a la muerte. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
