SEGUNDA SEMANA DE CUARESMA MIÉRCOLES
Ciclo Litúrgico: A,B,C | Ciclo del Leccionario: I,II
Introducción
EL SUFRIMIENTO DEL PROFETA
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tus profetas nos recuerdan,
a tiempo y a destiempo,
nuestras responsabilidades hacia ti
y hacia el mundo de nuestros hermanos.
Te pedimos que, cuando esos profetas
nos molesten y disgusten,
lo tomemos como una sana molestia,
y que su profecía suscite en nosotros
inquietud y deseo sincero de hacer tu voluntad
y de crear justicia y amor alrededor nuestro.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Jeremías ruega a Dios lo proteja de la conspiración que persigue a todos los profetas por ser personas “molestas”, porque su misión es precisamente denunciar lo que nadie se atreve, ser la voz de los que no tienen voz y ponerse al servicio de la verdad cueste lo que cueste.
En aquellos días, los enemigos del profeta se dijeron entre sí: "Vengan, tendamos un lazo a Jeremías, porque no le va a faltar doctrina al sacerdote, consejo al sabio, ni inspiración al profeta. Vengan, ataquémoslo de palabra y no hagamos caso de sus oráculos".
Jeremías le dijo entonces a Dios:
"Señor, atiéndeme.
Oye lo que dicen mis adversarios.
¿Acaso se paga bien con mal?
Porque ellos han cavado una fosa para mí.
Recuerda cómo he insistido ante ti,
intercediendo en su favor,
para apartar de ellos tu cólera".
Salmo Responsorial
R. (17b) Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Sácame, Señor, de la trampa que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
y tú, mi Dios leal, me librarás.
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y tratan de quitarme la vida.
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Pero yo, Señor, en ti confío.
Tú eres mi Dios
Y en tus manos está mi destino.
Líbrame de los enemigos que me persiguen.
R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
el que me sigue tendrá la luz de la vida.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Jesús, el Hijo de Dios, es también el más grande de los profetas que vivió en la tierra, y un ejemplo acabado y completo de lo que supone entregar la vida por el Evangelio. Desacomodarse, desinstalarse y estar dispuestos incluso a conspiraciones y sufrimientos. Cuando nos llama a seguirlo, también a nosotros Jesús nos pregunta: ¿Están dispuestos a beber la copa que yo beberé?
En aquel tiempo, mientras iba de camino a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: "Ya vamos camino de Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará".
Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: "¿Qué deseas?" Ella respondió: "Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino". Pero Jesús replicó: "No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?" Ellos contestaron: "Sí podemos". Y él les dijo: "Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado".
Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos".
Oración de los Fieles
Con toda la Iglesia, te rogamos, Señor, que tu Espíritu nos sostenga y anime día y noche nuestra misión. Así te pedimos: R/Pon tu palabra en nuestros labios y tu amor en nuestras manos, Señor.
Por la santa Iglesia, para que sepa imitar al Señor, Jesús, y sea una Iglesia que ama y sirve constante y sinceramente, roguemos al Señor.
Por los profetas de hoy, que nos recuerdan que tenemos que vivir según nuestra fe. Para que sepamos escucharlos con respeto y docilidad, ya que es Dios mismo quien nos habla a través de ellos, roguemos al Señor.
Por todos nosotros. Para que, como seguidores del Señor sufriente, y profetas de su resurrección y de su vida, asumamos con coraje nuestra misión, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús se acerca a nosotros y nos pregunta:
“¿Pueden ustedes beber mi copa conmigo?”
Danos valor y fortaleza
para aceptar con Jesús cualquier sufrimiento,
a causa de tu reino,
porque sabemos que el sufrimiento
es la firma de autenticidad
en la vida del verdadero discípulo de Jesús.
Que nuestro sufrimiento nos traiga vida,
a nosotros y a nuestros hermanos.
Y ésta es la mejor ofrenda
que hoy te presentamos,
por medio del mismo Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Tu Hijo Jesús emprendió el camino hacia la cruz
sabiendo el sufrimiento que le esperaba,
pero consciente también de que su pasión y muerte
significaría vida y alegría para muchos.
Danos, Señor, un poco de su coraje y valor
para que no seamos ni evasivos ni miedosos en la vida,
sino que hablemos con energía y actuemos con firmeza
cuando se nos pida entrega y servicio
o cuando esté en juego tu reino.
Que tu Hijo permanezca con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Se nos ha dicho que “el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir”. ¿Cómo seguiremos a nuestro Señor como discípulos que se comprometen a servir? Que él mismo nos dé conciencia y fuerza para ello. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
