PRIMERA SEMANA DE CUARESMA SÁBADO
Ciclo Litúrgico: a,B,C | Ciclo del Leccionario: i,II
Introducción
EL AMOR GRATUITO DE LA ALIANZA
Oración Colecta
Señor Dios nuestro,
de quien procede la iniciativa de amar:
Tú nos buscas y nos dices:
“Yo soy su Dios; ustedes son mi pueblo”.
Tú nos amas en Jesucristo, tu Hijo.
Señor, que nuestra respuesta de amor
vaya mucho más allá de las exigencias de cualquier ley.
Que sepamos buscarte y estar en comunión contigo
en lo más profundo de nuestro ser
y que te expresemos nuestra gratitud
saliendo de nosotros mismos hacia nuestro prójimo
con un amor sincero y comprometido como el tuyo.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Serás el pueblo santo del Señor
Dios le declara su amor a su pueblo a través de Moisés, su profeta. Nosotros seremos su Pueblo y él será nuestro Dios en el cumplimiento de sus mandamientos.
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: "El Señor, tu Dios, te manda hoy que cumplas estas leyes y decretos; guárdalos, por lo tanto, y ponlos en práctica con todo tu corazón y con toda tu alma.
Hoy has oído al Señor declarar que él será tu Dios, pero sólo si tú caminas por sus sendas, guardas sus leyes, mandatos y decretos, y escuchas su voz.
Hoy el Señor te ha oído declarar que tú serás el pueblo de su propiedad, como él te lo ha prometido, pero sólo si guardas sus mandamientos. Por eso él te elevará en gloria, renombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho y tú serás un pueblo consagrado al Señor, tu Dios, como él te lo ha prometido".
Salmo Responsorial
R. (1b) Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Dichoso el hombre de conducta intachable,
que cumple la ley del Señor.
Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas
y lo busca de todo corazón.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Tú, Señor, has dado tus preceptos
para que se observen exactamente.
Ojalá que mis pasos se encaminen
al cumplimiento de tus mandamientos.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Te alabaré con sincero corazón,
cuando haya aprendido tus justos mandamientos.
Quiero cumplir tu ley exactamente.
Tú, Señor, no me abandones.
R. Dichoso el que cumple la voluntad del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Este es el tiempo favorable,
este es el día de la salvación.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Dios toma la iniciativa increíble de ofrecernos su amor gratuito en la persona de Jesús. Nosotros procuramos darle una respuesta de amor fiel y de ofrecer también a nuestro prójimo un amor sincero y gratuito, que brota de lo profundo de nuestro ser y que nos compromete más allá del llamado de la ley. La vida cristiana es, pues, comunión con Dios y comunión con todos –todos– los hermanos sin exclusión.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Sean, pues, perfectos como su Padre celestial es perfecto".
Oración de los Fieles
Oremos al Padre que amorosamente la vida nos ha dado y digámosle: R/Queremos responder con nuestra vida a tu Alianza de amor.
Para que el amor sea siempre lo que nutra e inspire nuestra opción por los mandamientos, roguemos al Señor.
Para que, imitando el amor que Dios nos da, amemos sin medida; seamos generosos, pacientes y solidarios, roguemos al Señor.
Para que amemos incluso a los que no nos aman, a los que sentimos enemigos, tal como nos enseñó Jesús, roguemos al Señor.
Para que oremos también por los que nos hieren y ofenden, roguemos al Señor.
Para que cada día sea una ofrenda de gratitud a Dios por su amor, que nos da vida, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios nuestro, Padre bondadoso:
En esta eucaristía
tu Hijo Jesús se da a sí mismo
a ti y a todos nosotros
con una respuesta libre de total entrega.
¡Qué bueno saber que él comparte con nosotros
esta clase de amor!
Que así seamos inventivos y creadores
para comprometernos con la felicidad
de todos los hermanos, cercanos o lejanos,
con el fin de que todos juntos seamos tu Pueblo
y tú seas nuestro Dios por siempre
en Jesucristo, nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro:
Tú nos has hecho tu pueblo sacerdotal
para que proclamemos al mundo entero
que tú eres un Dios que nos ama y nos salva.
Profundamente agradecidos por tu sincero amor,
queremos ser conscientes de nuestra misión,
y ser para nuestros hermanos
como la presencia viva de Jesús:
palabra que siga alentando y perdonando,
manos que curen y bendigan,
pies que busquen lo que está perdido,
corazón que ame hasta el extremo…
Todo esto con la fuerza del mismo Jesús,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: El Señor nos dice: “Amen a sus enemigos y rueguen incluso por los que los hieren y ofenden”. No es una tarea fácil, pero es algo que debería ser la señal y el sello distintivo de los cristianos. Hemos ofendido a Dios y él nos perdona. Nosotros deberíamos hacer lo mismo: perdonarnos los unos a los otros, con la inspiración y la fuerza del Espíritu. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
