VIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES

EL GRAN MANDAMIENTO

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor Dios, Padre amoroso:
Tú te has vinculado a nosotros
con lazos de amor
y, en tus misteriosos designios,
quisiste que este amor apareciera entre nosotros
en forma y figura humana
en Cristo Jesús, tu Hijo.
Por nuestra parte, queremos que nuestro amor,
aunque limitado y vacilante,
refleje un poco la grandeza
del Amor con que tú nos amas
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Primera Lectura

Ezequiel 37, 1-14

 En un tiempo en que muchos están confusos e inciertos con respecto al futuro de la Iglesia, e incluso del mundo, la profecía de Ezequiel es alentadora. Dios puede reavivar a su Pueblo, soplar su Espíritu sobre huesos secos para que vuelvan a tener vida. ¿Acaso no es la vida de Cristo y su Santo Espíritu de amor quienes pueden hacer que la Iglesia y el mundo afronten el futuro con nueva esperanza?

1

Los huesos y el espíritu  

La mano del Señor se posó sobre mí y el Señor me llevó en espíritu, dejándome en un valle todo lleno de huesos.

2

 Me hizo pasarles revista: eran muchísimos los que había en la cuenca del valle; estaban resecos.

3

 Entonces me dijo: –Hijo de hombre, ¿podrán revivir esos huesos? Contesté: –Tú lo sabes, Señor.

4

 Me ordenó: –Profetiza así sobre esos huesos: Huesos secos, escuchen la Palabra del Señor.

5

 Esto dice el Señor a esos huesos: Yo les voy a infundir espíritu para que revivan.

6

 Les injertaré tendones, les haré crecer carne; tensaré sobre ustedes la piel y les infundiré espíritu para que revivan. Así sabrán que yo soy el Señor.

7

 Pronuncié la profecía que se me había mandado, y mientras lo pronunciaba, resonó un trueno, luego hubo un terremoto y los huesos se juntaron, hueso con hueso.

8

 Vi que habían prendido en ellos los tendones, que brotaba la carne y tenían la piel tensa; pero no había espíritu en ellos.

9

 Entonces me dijo: –Llama al espíritu, llama, Hijo de hombre, diciéndole al espíritu: Esto dice el Señor: Ven, espíritu, desde los cuatro vientos y sopla en estos cadáveres para que revivan.

10

 Pronuncié el llamado que se me había mandado. Penetró en ellos el espíritu, revivieron y se pusieron en pie: era una muchedumbre inmensa.

11

 Entonces me dijo: –Hijo de hombre, esos huesos son toda la casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos.

12

 Por eso profetiza diciéndoles: Esto dice el Señor: Yo voy a abrir sus sepulcros, los voy a sacar de sus sepulcros, pueblo mío, y los voy a llevar a la tierra de Israel.

13

 Sabrán que yo soy el Señor cuando abra sus sepulcros, cuando los saque de sus sepulcros, pueblo mío.

14

 Infundiré mi espíritu en ustedes para que revivan, los estableceré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago –oráculo del Señor–.

Salmo Responsorial

Salmo 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R. (1) Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
de norte y sur, de oriente y occidente. R.
R. Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Andaban errantes por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ningún poblado;
sufrían hambre y sed,
se les iba agotando la vida. R.
R. Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a un poblado. R.
R. Demos gracias a Dios, porque nos ama.
Demos gracias a Dios porque nos ama,
por las maravillas que hace con los hombres.
El calmó la sed de los sedientos,
y a los hambrientos los llenó de bienes. R.
R. Demos gracias a Dios, porque nos ama.

Aclamación antes del Evangelio

Salmo 24, 4. 5

R. Aleluya, aleluya.
Descúbrenos, Señor, tus caminos
y guíanos con la verdad de tu doctrina.
R. Aleluya.

Evangelio

Mateo 22, 34-40

 En la Última Cena Jesús dijo: “En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros.” Él está hablando no precisamente de cualquier clase de amor, sino del amor con que él mismo amó a sus discípulos, es decir, un amor que llega hasta el final, que no pone condiciones, que sacrifica todo si es necesario por los otros. Este es el amor calificado como “con todo el corazón, con toda el alma” y tan fuerte o más que el amor a sí mismo, del que habla el evangelio de hoy. Esta es una tremenda tarea para el cristiano; tarea que nunca acabará. ¿Es éste el tipo de amor que nos mueve?

34

Sobre el precepto más importante

Al enterarse los fariseos de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron alrededor de él;

35

y uno de ellos, [doctor en la ley] le preguntó maliciosamente:

36

—Maestro, ¿cuál es el precepto más importante en la ley?

37

Le respondió:
—Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón,
con toda tu alma,
y con toda tu mente.

38

Éste es el precepto más importante;

39

pero el segundo es equivalente:
Amarás al prójimo como a ti mismo.

40

De estos dos mandamientos dependen la ley entera y los profetas.

Oración de los Fieles

– Para que la Iglesia, Pueblo de Dios, no deje nunca de proclamar que el amor a Dios y al prójimo es el corazón del Evangelio, y que nuestros hermanos son don valioso de Dios para nosotros, roguemos al Señor.
– Para que no perdamos nuestras vidas en la búsqueda de bienes materiales, éxito, competencia, placeres y demás, sino que prioricemos los vínculos de amistad, respeto, justicia y solidaridad, roguemos al Señor.
– Para que en nuestras comunidades cristianas nos apoyemos unos a otros en vez de derribarnos; que nos aceptemos mutuamente con confianza y afecto sincero, y caminemos juntos en amor y esperanza, roguemos al Señor.

Oración de la Ofrendas
Señor Dios, Padre amoroso:
Tu mismo amor se nos mostró en forma humana
en tu Hijo Jesucristo, Dios hecho Hombre.
Que en esta eucaristía
eleve él nuestro amor humano a tu nivel divino,
para que entre nosotros
el amor no sea ya nunca más
un “deber u obligación”,
sino nuestra alegría y nuestra vida,
por causa de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre amoroso,
todo amor digno de este nombre
comienza en ti, conduce a ti y acaba en ti.
Por el Amor que nos has mostrado en tu Hijo Jesús,
convócanos a todos juntos
y que todo lo que hagamos
se convierta en un regalo y ofrenda
para ti y para los hermanos;
para que nuestro amor
sea más fuerte que la muerte
y así vivamos felices contigo para siempre,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: En esta eucaristía Jesús nos ha enardecido con su amor. Que su calor irradie en todos y cada uno de los que nos rodean. Con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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