VIGÉSIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
UN DIOS GENEROSO
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, tú te elevas por encima de nosotros:
y sin embargo, estás más cercano a nosotros
de lo que estamos a nosotros mismos.
Tú odias el mal, y, sin embargo,
das una oportunidad al que cae.
Tú nos conoces como somos
y aun así todavía nos amas.
Enséñanos tus sorprendentes maneras,
para que tus pensamientos lleguen a ser nuestros
y para que compartamos generosamente
con los que nos rodean
todos los buenos dones y la vida que nos has dado
por la generosidad de tu corazón,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Después de la caída de Jerusalén, Ezequiel critica a los reyes que, como pésimos pastores, han conducido a su pueblo a la ruina y la miseria. Deberían haber pastoreado y apacentado al pueblo en el nombre del Señor, y no jugar a la sucia política.
Los pastores de Israel
Me dirigió la palabra el Señor:
–Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles: ¡Pastores!, esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deberían los pastores apacentar a las ovejas?
Se alimentan con su leche, se visten con su lana; matan a las más gordas, pero no apacientan el rebaño.
No fortalecen a las débiles, ni sanan a las enfermas, ni vendan a las heridas; no recogen las descarriadas, ni buscan las perdidas y maltratan brutalmente a las fuertes.
Al no tener pastor, se dispersaron y fueron pasto de las fieras salvajes.
Mis ovejas se dispersaron y vagaron sin rumbo por montes y altos cerros; mis ovejas se dispersaron por toda la tierra, sin que nadie las buscase siguiendo su rastro.
Por eso, pastores, escuchen la Palabra del Señor:
¡Lo juro por mi vida! –oráculo del Señor–. Mis ovejas fueron presa, mis ovejas fueron pasto de las fieras salvajes, por falta de pastor; porque mis pastores no cuidaban mi rebaño, los pastores se apacentaban a sí mismos y mi rebaño no lo apacentaban.
Por eso, pastores, escuchen la Palabra del Señor:
Esto dice el Señor: Me voy a enfrentar con los pastores: les reclamaré mis ovejas, los quitaré de pastores de mis ovejas para que dejen de apacentarse a sí mismos, los pastores; libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar.
Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré mis ovejas siguiendo su rastro.
Salmo Responsorial
R. (1) El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas. R.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume,
y llenas mi copa hasta los bordes. R.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida,
y viviré en la casa del Señor
por años sin término. R.
R. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz
y descubre los pensamientos e intenciones del corazón.
R. Aleluya.
Evangelio
La parábola de los trabajadores en la viña nos dice, en contra de lo que frecuentemente se oye, que Dios no es como un contador de libros. Naturalmente, él ama a los que llevan una vida ejemplar cristiana. Pero en su corazón hay también espacio para los que luchan, y para los que llegan tarde, lo mismo que para los pioneros. Dios nos ama y es generoso con nosotros, no porque nosotros seamos buenos sino porque él es bueno.
Parábola de los jornaleros de la viña
El reino de los cielos se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar trabajadores para su viña.
Cerró trato con ellos en un denario al día y los envió a su viña.
Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo
y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido.
Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacen aquí ociosos todo el día sin trabajar?
Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Vayan también ustedes a mi viña.
Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los trabajadores y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.
Pasaron los del atardecer y recibieron un denario.
Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron la misma paga.
Al recibirlo, se quejaron contra el hacendado:
Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día.
Él contestó a uno de ellos: Amigo, no estoy siendo injusto; ¿no habíamos cerrado trato en un denario?
Entonces toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti.
¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?
Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.
Oración de los Fieles
– Para que los cristianos contribuyan y beneficien a nuestro mundo egoísta fomentando un sentido de donación de sí mismos por pura generosidad y bondad, roguemos al Señor.
– Para que en nuestras comunidades cada uno sea aceptado como es; que no excluyamos de nuestro amor a nadie; que aprendamos a perdonar a todos y cada uno, roguemos al Señor.
– Por los que no tienen trabajo, y están tristes o amargados porque piensan que son ya inútiles y nadie los necesita. Para que los ayudemos de alguna manera, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Generoso Padre:
En estos signos de pan y vino tú nos das,
aunque a veces nos sintamos débiles y cansados,
a tu Hijo como nuestro compañero.
Queremos abrirnos a su fuerza y a su Amor.
Que ojalá él nos ayude en el calor sofocante del día
a portar las cargas de nuestras luchas
y a buscar tu voluntad en todo lo que hacemos.
Concédenoslo por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Generoso Padre:
En esta eucaristía hemos experimentado de nuevo
que la vida y todo lo que somos
no son más que un regalo tuyo.
Que la exigente Palabra de tu Hijo
nos mueva a aceptar y a servir a nuestro prójimo
como tú nos has aceptado y amado a nosotros
sin ningún mérito de nuestra parte.
Y que la Eucaristía nos sustente
para poner en práctica tu Palabra.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús el Señor.
Bendición
Hermanos: Hemos visto hoy a Dios como un Dios increíblemente bueno. Para Dios cada persona es valiosa, también los débiles y los que consideramos inútiles. Cada uno cuenta. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
