DECIMOCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
“AMA AL SEÑOR CON TODO TU CORAZÓN”
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor, tú solo eres nuestro Dios.
Por medio de tu Hijo Jesucristo nos has sacado
de la esclavitud y de la oscuridad del pecado
para darnos una participación en tu propia vida y amor.
Gracias, Señor Dios nuestro, por tu generosidad.
Ayúdanos a compartir libremente
todo lo que somos y tenemos
sin pedir nada a cambio,
e inspira todas nuestras obras y trabajos
con el amor que tú siempre nos has manifestado
en Jesucristo nuestro Señor.
Primera Lectura
La bella Primera Lectura de hoy es el Shema Israel, “Escucha, Israel”, un texto recitado por todo judío piadoso tres veces al día, o al menos una vez por la mañana, incluso hasta hoy. Este texto nos habla de un Dios liberador que gratuitamente ha hecho mucho por su pueblo. ¿Qué otra cosa debería hacer el pueblo, objeto del amor de Dios, sino responder con su amor y expresar esto con la fidelidad, lealtad y obediencia a sus mandamientos?
Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es solamente uno.
Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas.
Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria,
se las inculcarás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado;
las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal;
las escribirás en las columnas y en las puertas de tu casa.
Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que juró a tus padres –a Abrahán, Isaac y Jacob– que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido,
casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya cavados que tú no has cavado, viñas y olivares que tú no has plantado, cuando comas hasta hartarte,
ten cuidado de no olvidar al Señor, que te sacó de Egipto, de la esclavitud.
Al Señor, tu Dios, respetarás, a él sólo servirás, sólo en su Nombre jurarás.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Jesucristo, nuestro salvador, ha vencido la muerte
y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio.
R. Aleluya.
Evangelio
Si nos ponemos a mirar la Biblia y la historia, incluso la historia reciente de personas que hemos conocido o que quizás viven todavía, incluso gente discreta y humilde pero gente de fe que toma seriamente la palabra de Jesús, nos percatamos de que con ellos Dios pudo hacer grandes obras, hasta lo imposible. Pero tenemos que creer realmente. Aun un granito de fe puede hacer milagros. Pidamos al Señor que nos otorgue hoy ese grano de fe.
Sana a un niño epiléptico
Cuando volvieron adonde estaba la gente, un hombre se le acercó, se arrodilló ante él
y le dijo:
—Señor, ten compasión de mi hijo que es epiléptico y sufre horriblemente. Muchas veces se cae en el fuego o en el agua.
Se lo he traído a tus discípulos y no han podido sanarlo.
Respondió Jesús:
—¡Qué generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes y soportarlos? Tráiganmelo aquí.
Jesús reprendió al demonio, y éste abandonó al muchacho que desde aquel momento quedó sano.
Entonces los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte:
—¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?
Él les contestó:
—Porque ustedes tienen poca fe. Les aseguro que, si tuvieran la fe del tamaño de una semilla de mostaza, dirían a aquel monte que se trasladara allá, y se trasladaría. Y nada sería imposible para ustedes.
Oración de los Fieles
– Para que, unidos a toda la gente que cree profunda y sinceramente en Dios, nosotros también lo amemos con toda nuestra mente y corazón, roguemos al Señor.
– Para que los padres y abuelos de nuestras familias transmitan a sus hijos y nietos su viva fe en Dios, roguemos al Señor.
– Para que constantemente sepamos dar sinceras gracias a Dios por todo lo que nos ha dado graciosa y gratuitamente, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro,
Hemos elaborado este pan y este vino
del trigo y de las uvas
que crecen y maduran en nuestros campos.
Tú te afanaste con nosotros
para que se convirtieran
en nuestro pan de cada día
y en nuestra bebida de alegría.
Danos ahora en ellos a Jesús, tu Hijo predilecto,
para que él sea el alimento que nos sustente
y la bebida que nos alegre en tu Reino,
mientras él nos lleva hacia ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de Jesús, tu Hijo,
nos has hablado a nosotros, tu pueblo,
y lo hemos escuchado.
Lo hemos disfrutado sabrosamente
como nuestro alimento y bebida.
Te estamos agradecidos, y te amamos
por todo lo que nos has dado
y, más aún, por lo que tú eres:
nuestro Dios vivo que nos ama.
Acepta nuestros sentimientos de gratitud
y la garantía de que queremos servirte fielmente
junto con tu siervo siempre fiel y leal:
Jesucristo nuestro Señor,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: “Escucha, Israel.” Escuchen también, cristianos. Nosotros también profesamos con fe firme que el Señor es nuestro Dios, solo él. Y queremos amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra fuerza. Que Dios todopoderoso esté con ustedes y los bendiga, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.
