DECIMOCTAVA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
“TÚ ERES EL MESÍAS, EL CRISTO”
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios, fuente de vida:
También nosotros profesamos
que Jesús es tu Hijo,
que vino de ti y regresó a ti.
Te damos gracias por nuestra fe,
que hemos recibido
como incomparable regalo tuyo.
Pero perdónanos cuando nos resulta difícil
seguir siempre a Jesús
en su camino de sufrimiento y de muerte,
aun cuando creemos que ése precisamente es
el camino hacia la felicidad y la gloria.
Ayúdanos a pensar y a vivir según tu voluntad,
siguiendo fielmente a nuestro único modelo,
Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.
Primera Lectura
El agua, indispensable para la vida, convertida en nuestro mundo moderno en moneda de intercambio y mercancía, derecho humano esencial del que muchos no disfrutan, con todas sus consecuencias, se convierte en el símbolo de Dios. Dios, roca firme y agua vivificadora.
Error: Libro o formato no reconocido: Núm 20,1-13
Evangelio
Jesús dirige abiertamente a los apóstoles esta pregunta: “¿Quién soy yo?” Pedro, en nombre de todos, profesa que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo, aun cuando probablemente no hay aquí todavía reconocimiento directo de su divinidad sino más bien de su origen divino. Después de esta “confesión”, el Señor encomienda a Pedro su misión como cabeza del colegio apostólico y de la Iglesia. Ahora que ya saben quién es él, les puede informar también de su pasión, muerte y Resurrección. Sin embargo, eso parece demasiado duro en este preciso momento: Pedro protesta. Su fe no es todavía suficientemente fuerte. Pedro piensa todavía en términos humanos. Nosotros profesamos conocer quién es Jesús. Pero ¿no pensamos nosotros también, con demasiada frecuencia, de forma simplemente humana?
Confesión de Pedro
Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a los discípulos:
—¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Ellos contestaron:
—Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; otros, Jeremías o algún otro profeta.
Él les dijo:
—Y ustedes, ¿quién dicen que soy?
Simón Pedro respondió:
—Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le dijo:
—¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo!
Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá.
A ti te daré las llaves del reino de los cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo; lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.
Entonces les ordenó que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
Primer anuncio de la pasión y resurrección
A partir de entonces Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, padecer mucho por causa de los ancianos, sumos sacerdotes y letrados, sufrir la muerte y al tercer día resucitar.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo:
—¡Dios no lo permita, Señor! No te sucederá tal cosa.
Él se volvió y dijo a Pedro:
—¡Aléjate, Satanás! Quieres hacerme caer. Piensas como los hombres, no como Dios.
Oración de los Fieles
– Para que nuestro Señor Jesucristo sea la piedra angular sobre la que se construyan nuestras vidas, roguemos al Señor.
– Para que aprendamos de Jesús a entregarnos al servicio de Dios y de los hermanos, totalmente y sin reservas ni condiciones, roguemos al Señor.
– Para que los que le ven poco sentido a la vida descubran en el Señor Jesús y en su Evangelio qué ricas pueden ser sus existencias y llenas de sentido, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con profunda fe profesamos
que Jesús, tu Hijo viviente,
se hará presente entre nosotros
en estos signos de pan y vino.
Que él nos fortalezca con su Espíritu
para seguirlo a dónde quiera llevarnos,
aun a través de dolor y de muerte,
para que podamos compartir con él
tu gloria y tu alegría eternas,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios de poder y majestad:
Tu Hijo Jesucristo
se ha hecho presente aquí entre nosotros
sin ningún despliegue de poder,
sino más bien como el siervo humilde
de sus hermanos y hermanas.
Que los que llevan en la Iglesia
el peso de la autoridad
lleguen a ser, cada vez más, como tu Hijo Jesús.
Que, indiferentes al prestigio y al poder,
reflejen en sus vidas y en su ministerio
la misma actitud de tu Hijo,
que vino no a ser servido sino a servir.
Y que sea ése su camino para ser grandes
a los ojos de Dios,
en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hemos oído a Pedro proclamar: “Tú eres el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Esta es también nuestra profesión de fe. A Cristo pertenecemos; somos sus discípulos. Ojalá seamos buenos discípulos suyos, con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.
