PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo Litúrgico: A,B,C

Introducción

Serviré

 

Cuarenta días hacia la Pascua

 

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Estamos reunidos en el nombre de Jesús.
Él nos trajo vida en vez de muerte;
con su obediencia compensó nuestra desobediencia.
Que su gracia y su paz esté siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante (Dos opciones)

1. Serviré
Cuando nos miramos con seriedad a nosotros mismos, nos percatamos de que hay cosas que nos impiden ser lo que desearíamos ser, como personas y como cristianos. Tenemos la impresión de que no somos libres para ser auténticamente nosotros mismos. Al principio de su misión, Jesús se miró a sí mismo y vio las tentaciones que le impedirían llevar a cabo su misión. La Cuaresma es para nosotros el tiempo propicio para mirar dentro de nosotros mismos y para ver qué es lo que nos impide ser verdaderamente libres para servir y amar a Dios y a los hermanos según es debido. Acompañemos a Jesús al desierto, entremos en la hondura de nuestro corazón, y, con Jesús, rechacemos lo que nos atenaza, lo que nos mantiene tibios e indiferentes, para que podamos servir con él y como él.

2. Cuarenta días hacia la Pascua
En este Primer Domingo de Cuaresma acabamos justamente de comenzar nuestra caminata de cuarenta días hacia la Pascua. Nosotros somos el pueblo de los cuarenta: El pueblo judío, en el Antiguo Testamento, necesitó cuarenta años a través del desierto, a través de sus pruebas y errores, para crecer como Pueblo de Dios preparado para la Tierra Prometida. Jesús pasó cuarenta días en el desierto ayunando y orando preparándose para su gran opción: aceptar ser el tipo de Mesías que Dios Padre quería para él. También nosotros tenemos hoy cuarenta días por delante para volver a examinarnos ante Dios si queremos ser y si somos el tipo de cristianos que Dios quiere que seamos.
Miramos con admiración a Jesús ahora, aquí, presente entre nosotros, para ver si con él y con su poder estamos dispuestos a rechazar las tentaciones que intentan desviarnos de la tarea y misión que Dios nos ha dado.

Acto Penitencial
¿Qué es lo que nos impide seguir más radicalmente a Jesús en el camino hacia Dios y hacia los hermanos?
Examinémonos ante el Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú que rehusaste servirte a ti mismo,
ya que elegiste más bien servir al Padre
y a la felicidad de los hombres.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú que rehusaste impresionar a la gente
con acciones espectaculares
y que, por el contrario, elegiste el camino humillante de la cruz.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú que rechazaste el poder y la riqueza
y que, por el contrario, hiciste del amor y la fe en los pobres
el fundamento del reino de Dios entre nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona nuestros pecados.
Danos la gracia de rechazar, contigo y como tú,
todas las tentaciones y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que durante esta Cuaresma
nos convirtamos de verdad.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
En el desierto tu Hijo luchó durante cuarenta días
por las exigencias de su misión,
y venció todas las tentaciones.
En estos cuarenta días de Cuaresma
conviértenos, haz que nuestros corazones giren
a la paz de tu perdón, a la luz de tu amor
y de tu preocupación por los hombres.
Haz que encontremos la vida y la alegría que Jesús nos trae
y que nos dispongamos a compartir con otros.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Gén 2,7-9; 3,1-7

Tentados desde el Principio

            En una historia de carácter simbólico, el escritor sagrado dice que, según tradición inmemorial, los hombres han sufrido siempre la tentación de hacerse a sí mismos sus propios dioses, dueños absolutos de su propia vida y felicidad. Ésta sigue siendo la tremenda tragedia humana.

Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en la nariz un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios. Un día le dijo a la mujer: “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?”

La mujer respondió: “Podemos comer del fruto de todos los árboles del huerto, pero del árbol que está en el centro del jardín, dijo Dios: ‘No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir’ ”.

La serpiente replicó a la mujer: “De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal”.

La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.

Salmo Responsorial

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R. (cf. 3a) Misericordia, Señor, hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija,
mantén en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios,
y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Segunda Lectura

Rom 5,12-19

El Hombre Jesucristo nos salva

            Adán, representando a toda la humanidad, echó a perder la buena y recta relación con Dios, con otros seres humanos, y consigo mismo. El Hijo de Dios, el Hombre Jesucristo, vino a restaurar esta relación. Ésta es la tragedia humana que Jesús vino a remediar.

Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se castiga cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás, Adán era figura de Cristo, el que había de venir.

Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de uno solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios. Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentencia de condenación, pero el don de la gracia vino a causa de muchos pecados y nos conduce a la justificación.

En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.

En resumen, así como por el pecado de un solo hombre Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 4, 4

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra
que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Oración de los Fieles

Oremos juntos al Señor con todos los cristianos que se esfuerzan como nosotros durante esta Cuaresma en ser libres, para Dios y para los demás, diciendo: R/ Señor, por tu amor sálvanos.

– Por la Iglesia que amamos, para que nosotros, sus miembros, crezcamos juntos por el camino del servicio y del amor, roguemos al Señor.

– Por los que dudan cuando son tentados, por los atraídos por la violencia, por los atrapados en las cadenas del mal, roguemos al Señor.

– Por los que abusan de su poder, por los que rechazan a Dios, por los que rehúsan servir, roguemos al Señor.

– Por los hambrientos, por los perseguidos, por las víctimas de la violencia, roguemos al Señor.

– Por los que dudan, por los desesperados, por los que son infieles, roguemos al Señor.

– Por las comunidades carentes de amor, por los que no pueden perdonar, por los endurecidos en odio y en rencor, roguemos al Señor.

Oh Dios y Padre nuestro: Te hemos pedido por tantos y tantos. Pero nos incluimos también a nosotros mismos, pues somos débiles y falibles. Tócanos con tu amor y conviértenos a todos, por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
En estos sencillos signos de pan y vino
Jesús viene a nosotros
para ayudarnos a servirte a ti y a los hermanos.
Que él venza en nosotros y en el mundo
la tentación de ser ricos, poderosos, influyentes,
más que buenos y justos.
Que aprendamos de él a hacer tu voluntad
y buscar tu felicidad,
pues tú eres nuestro Dios y Señor
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos gracias al Padre por habernos dado a Jesús para ser como uno de nosotros. Él venció a la tentación, y por su causa nosotros también podemos resistir al mal y vivir para todo lo que es justo y bueno.

Introducción al Padre Nuestro
Con Jesús nuestro Señor
pidamos a nuestro Padre del cielo
que podamos resistir la prueba de todas las tentaciones.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor,
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos el don de estar siempre en paz contigo,
con nosotros mismos y unos con otros.
En las pruebas inevitables de la vida,
guárdanos fieles a ti
y no permitas que oprimamos a nadie.
Ayúdanos a construir juntos tu reino de justicia y amor
hasta que termines felizmente
todo lo que comenzaste en nosotros,
por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Cordero de Dios
que venció todas nuestras tentaciones
para traernos justicia y vida.
Dichosos nosotros
invitados a tomar parte
en este santo banquete de salvación.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Dios, siempre fiel:
Tu Hijo Jesús fue fiel a ti y a su misión,
aun a costa de su vida.
Te pedimos, Señor, que nosotros también
caminemos por el sendero del amor fiel
a ti y a nuestros hermanos.
Que ojalá sepamos elegirte siempre
a ti y la vida, y no el pecado y la muerte,
y preferir el bien de los que nos rodean
por encima de nuestros intereses egoístas,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive contigo y con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: En esta eucaristía hemos mirado con admiración a Jesús y hemos visto cómo sufrió las tentaciones y cómo las venció. Hemos mirado a Jesús, y en él reconocemos lo más íntimo de nosotros mismos. Él es el tipo de persona que nosotros, cada uno a nuestra manera peculiar, debemos intentar lograr. Durante nuestros cuarenta días de Cuaresma seguimos mirándolo e intentamos asemejarnos a él. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Scroll to Top