Denuncia y amenaza.

La respuesta de Dios a la pregunta del profeta «¿Te vas a quedar callado?» (64,11) se encuentra aquí: «Aquí estoy, aquí estoy» (1). Dios había estado esperando a su pueblo rebelde que no quería saber nada de Él. La responsabilidad no era de Dios, sino del pueblo que se había alejado de Él al practicar el culto a los ídolos (3-4). Por eso Dios los castigará (6-7).

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