Los capítulos 24-27 forman un bloque que concluye los oráculos contra las naciones. Se trata ahora de un juicio más genérico contra la humanidad: el Señor hace que la tierra se seque, que los pueblos se dispersen y que las instituciones de la sociedad desaparezcan. Los hombres han manchado la tierra con sus crímenes (v. 5; cfr. Nm 35,33). Esta catástrofe cósmica forma parte del plan de Dios, que concluirá con la restauración de Jerusalén (25-27).
