Este oráculo, que menciona tanto a Tiro como a Sidón, en realidad está dirigido contra los fenicios en general. Estos habían prosperado económicamente, lo que también les confería cierto poder político. La posición geográfica de Tiro le permitía beneficiarse del tráfico comercial, que aprovechaba para oprimir al resto de los pueblos. No hay una descripción detallada de la caída de Tiro, pero sí queda constancia de las distintas ocasiones en que fue amenazada y quedó semidestruida. La destrucción total no llegaría hasta el s. IV a. C., con Alejandro Magno.
