Mientras que el pueblo posiblemente festeja la retirada del ejército de Senaquerib del sitio en 701 a. C., el profeta está compungido por la visión del «día del Señor» (v. 4; cfr. 2 Re 18,13-16; 19,9; Is 36,1s; 37,8). Isaías insiste en que, a pesar de todo, el castigo sigue amenazando y critica la visión tan obtusa de los habitantes de la ciudad, que, en lugar de confiar en el Señor, confían más en sus armas y estrategias; y que, en lugar de hacer penitencia, se lanzan al desenfreno (12s).
