Este poema está conformado por tres dichos o mensajes; al final de cada uno se repite una especie de estribillo (11b. 16b. 21). Los tres se dirigen al reino del Norte, que, a pesar del golpe recibido por manos de los asirios, piensa en reconstruirse sin tener en cuenta al Señor, lo cual es considerado como un acto de soberbia. En ese panorama, tampoco el Señor se acordará de ellos, ni siquiera de los que están más cerca del corazón de Dios: los huérfanos y las viudas. «Sigue extendida su mano», es una forma de denunciar la obstinación y la contumacia. Todos los intentos de purificación de Samaría han fallado y, por eso, se anuncia su destrucción total (19).
