Dios se queja del pueblo por rechazar el camino de paz y confianza en Él, simbolizado por las aguas tranquilas de Siloé, el acueducto que lleva el agua a Jerusalén desde el torrente de Gijón. Ante la amenaza de la alianza del reino del Norte (Israel) con Siria (cfr. Is 7,1; 2 Re 16,5), el rey Acaz se somete totalmente a Asiria, hasta el punto de introducir un altar asirio en el templo (2 Re 16,10-18). A este pedido de auxilio le sigue la brutal invasión de Asiria, que se describe como la furia de un gran río (el Éufrates) que inunda y arrasa Siria e Israel, pero también afecta gravemente a Judá, que estará «con el agua hasta el cuello» (8) debido al enorme tributo que tendrá que pagar. Sin embargo, la mención del «Emanuel» en este versículo abre la esperanza de la liberación de Judá.
