Llanto del profeta.

Jeremías ama entrañablemente a su pueblo y sufre las consecuencias de su obstinación. A la pregunta del profeta, Dios responde con otra pregunta irónica, que es una denuncia: el pueblo lo irritó con ídolos foráneos (19). Jeremías no logra entender la ceguera incurable del pueblo, que no percibe su propio pecado (22).

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