Vocación de Jeremías.

Los vv. 4 a 10 nos narran la vocación de Jeremías. Es interesante comparar este relato con otros relatos también vocacionales: Éx 3,1-4,17; 1 Sm 3; 1 Re 19,19-21; Is 6; Ez 2s; Lc 1,26-38. En todos constatamos el siguiente esquema: Dios irrumpe en la conciencia de la persona; el elegido se asombra; el Señor le confía una misión; el elegido se resiste y se siente pequeño para la misión; pero el Señor pronuncia la última palabra de ánimo y respaldo: «No temas, yo estoy contigo». Dios elige al profeta antes de que este haya sido concebido y lo consagra cuando aún está en el seno materno (5). Dios propone, invita, pero no condiciona ni obliga a nadie a seguirlo; por encima de todo está la libre voluntad de la persona para decir sí o no a la invitación. La misión inherente a la vocación profética es superior a las fuerzas de cualquier humano, sin embargo, la misión no es del profeta; la misión es de Dios; el profeta vive de la Palabra de Dios y es quien lleva el sentir de Dios al pueblo (vv. 8-19). Jeremías es enviado a un pueblo que ha abandonado a Dios y lo ha reemplazado por ídolos hechos con sus propias manos (16). Dios le anticipa que la misión será ardua y difícil (18).

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