Ezequiel nos narra una de sus últimas visiones, en la que es conducido por un misterioso personaje que le enseñará en detalle las medidas del nuevo templo. El profeta es conducido desde el patio exterior (40,17-19) al patio interior (40,28-31) y al Santo de los santos (41,3). Ante la mirada de Ezequiel, este personaje va verificando la superficie de patios y construcciones, habitaciones y salones, especialmente las dimensiones de muros y puertas, con el fin de delimitar lo más minuciosamente posible las líneas que separarán los espacios profanos de los sagrados (42,20).
