Las tradiciones sobre el desierto conservaron este relato que, releído durante el destierro en Babilonia o en otros momentos críticos de la vida de Israel, da esperanza y mantiene viva la fe del pueblo. El rey de Moab, al ver el avance de Israel, siente temor y llama a Balaán, un personaje respetado y famoso que, según parece, vive en territorio mesopotámico, lejos de Moab. Según el texto, se trata de un hombre de Dios que, de acuerdo con las creencias de aquel entonces, tendría la capacidad suficiente para maldecir o bendecir y lograr que su maldición o bendición tuviera efecto. Lo llamativo del pasaje es que, a pesar de tratarse de un «hombre de Dios», su burra tiene más visión que él. El relato se construye a modo de fábula o cuento que ilustra el proce-so de discernimiento que un personaje como Balaán debe realizar para saber exactamente a qué dios sirve.
Los repetidos intentos de Balac de arrancar a Balaán la maldición contra Israel, con el mismo resultado contrario, indican el grado de conciencia que el pueblo israelita ha ido desarrollando entre los demás pueblos. Este es un punto de apoyo en momentos históricos difíciles, cuando tanto la fe como la identidad nacional estuvieron a punto de perderse.
La escuela sacerdotal (P) aprovecha estas tradiciones, reelaborándolas y actualizándolas a la época del destierro en Babilonia, para fortalecer la esperanza y mostrar que, a pesar del poderío de los enemigos de Israel, Dios no les fallará.
