En esta renovación de la Alianza, el pueblo se ha mantenido a distancia. Los acontecimientos se han llevado a cabo entre Dios y Moisés; ahora el pueblo puede confiar en su futuro, porque Moisés es para ellos el mediador perfecto: habla cara a cara con Dios y goza de su favor, pues Dios lo escucha. El pueblo no se atrevería a dar la espalda a su guía y mediador como lo hizo en 32,1-4. Es interesante cómo los cuarenta días que Moisés permanece en el monte, según 24,18, sirven de excusa para rechazarlo (32,1-4). Se menciona de nuevo en 34,28 y sirve para que el pueblo adhiera su voluntad y su destino a la guía del mediador que no ha buscado su propio beneficio sino el del pueblo, y que ha sido capaz de restablecer por ellos y para ellos la Alianza con Dios; esa adhesión y veneración por su guía queda ilustrada con la imagen del rostro resplandeciente, que brilla, no para sí, sino para el pueblo.
