Juventud de Moisés.

Las tradiciones sobre Moisés lo presentan como alguien que, desde su juventud, se opone a lo inhumano y a la opresión del sistema en el que vive. Pero esta sensibilidad tiene que madurar. No se trata de defender la vida generando muerte. La huida de Moisés al desierto tiene, además, una gran carga simbólica. Es necesario tomar distancia para contemplar mejor la realidad y conocer nuestras posibilidades y limitaciones. De nuevo en el desierto, en un pozo de Madián, Moisés toma partido por los débiles al defender a las mujeres maltratadas por unos pastores.
Remata el capítulo con una especie de prólogo sobre el tipo de relación que Dios mantendrá con su pueblo. Hasta ahora, Dios ha estado «ausente» y nótese que su «arribo» al relato lo motivan los lamentos de su pueblo oprimido. Dios no es indiferente al sufrimiento de los suyos, se interesa por ellos y, en consecuencia, actúa.

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