Nacimiento de Isaac.

Dos partes bien definidas conforman este texto. La primera (1-8) relata el cumplimiento de la promesa (17,15s) con el nacimiento de Isaac y recoge las palabras de Sara (6s), las primeras en toda la historia de la matriarca. Los redactores narran la costumbre de que al padre le corresponde poner nombre a los hijos (3), la ley de circuncidar al niño el octavo día (4) y el ofrecimiento de un banquete el día del destete del infante (8). Sin embargo, el mensaje principal se encuentra en la segunda parte (9-21), donde se definen los destinos de Ismael e Isaac. Ismael también participará de la bendición y promesa de una numerosa descendencia que continuará después de Abrahán por medio de Isaac (13b.18).
No hay que tomar este relato como la narración de la suerte que correrán Isaac –pueblo hebreo– e Ismael –ismaelitas o árabes–. Se trata más bien de la constatación de la relación entre ambas etnias, cuyo origen se pierde en el tiempo. El relato es solo un recurso literario cuyo propósito es establecer el momento en que se origina el antagonismo sempiterno entre estos dos grupos.

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