QUINTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
EL TEMPLO ES PARA LA GENTE
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Padre, Dios de la Alianza siempre nueva,
nos has atado a ti
con cuerdas conductoras de amor duradero;
las palabras que nos dices
son espíritu y vida.
Abre nuestros corazones a tus palabras
para que nos toquen
en lo más profundo de nosotros mismos.
Que nos muevan a servirte
no de forma servil
sino como hijos tuyos
que te aman y a quienes has liberado
por medio de tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
En la dedicación del Templo de Jerusalén, el rey Salomón oró al Señor. Pidió a Dios que estuviera siempre allí presente por el bien de la Alianza, disponible a cuantos se acercaran a expresar sus necesidades.
El día de la dedicación del templo, Salomón, de pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, levantó los brazos al cielo y dijo esta oración:
"Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni aquí abajo en la tierra. Tú eres fiel a la alianza que hiciste con tus siervos, y les muestras tu misericordia, cuando cumplen de todo corazón tu voluntad.
Si ni el cielo infinito te puede contener, ¿cómo va a ser posible, Señor, que vivas en medio de los hombres y habites en esta casa que yo te he construido? Pero ciertamente atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, Señor, Dios mío, y oirás el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti: Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo, sobre este lugar, del cual has dicho: 'Yo estaré ahí'. Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio.
Oye, pues, Señor, la súplica de este siervo tuyo y de tu pueblo, Israel. Cuando oren en este lugar, escúchalos desde el cielo, en donde tienes tu morada. Escúchanos y perdónanos".
Salmo Responsorial
R. (2) Qué agradable, Señor, es tu morada.
Anhelando los atrios del Señor
se consume mi alma.
Todo mi ser de gozo se estremece
Y el Dios vivo es la causa.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Hasta el gorrión encuentra casa
y la golondrina un lugar para su nido,
cerca de tus altares,
Señor de los ejércitos, Dios mío.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Dichosos los que viven en tu casa,
te alabarán para siempre;
dichosos los que encuentran en ti su fuerza,
pues caminarán cada vez con más vigor.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Pues un día en tus atrios vale más
que mil fuera de ellos, y yo prefiero
el umbral de la casa de mi Dios
al lujoso palacio del perverso.
R. Qué agradable, Señor, es tu morada.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Inclina, Dios mío, mi corazón a tus preceptos
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
R. Aleluya.
Evangelio
Tras un periodo de fervor inicial, la enseñanza de los fariseos empezó a dar a entender que había que sacrificar a las personas en aras del Templo, que las tradiciones religiosas (hechas por personas y jurídicas) eran más importantes que las leyes de Dios, que se supone que son interiores a las personas y expresan una relación personal. Jesús les echa en cara esto. Porque el Templo del Señor está para las personas, no las personas para el Templo.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y algunos escribas, venidos de Jerusalén. Viendo que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin habérselas lavado, los fariseos y los escribas le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos comen con manos impuras y no siguen la tradición de nuestros mayores?" (Los fariseos y los judíos, en general, no comen sin lavarse antes las manos hasta el codo, siguiendo la tradición de sus mayores; al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones, y observan muchas otras cosas por tradición, como purificar los vasos, las jarras y las ollas).
Jesús les contestó: "¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas, cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres".
Después añadió: "De veras son ustedes muy hábiles para violar el mandamiento de Dios y conservar su tradición. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre. El que maldiga a su padre o a su madre, morirá. Pero ustedes dicen: 'Si uno dice a su padre o a su madre: Todo aquello con que yo te podría ayudar es corbán (es decir, ofrenda para el templo), ya no puede hacer nada por su padre o por su madre'. Así anulan la palabra de Dios con esa tradición que se han transmitido. Y hacen muchas cosas semejantes a ésta".
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia. Para que no sustituya el Evangelio por ritos y leyes de invención humana sino que lleve a los hombres la libertad, la dulzura y la luz de Cristo, te pedimos.
– Por los que se sienten molestos por los cambios en la Iglesia. Para que aprendan a apreciar los intentos del pueblo de Dios por entender y vivir nuestra fe de una manera contemporánea siempre fiel al Evangelio, te pedimos.
– Por nosotros, que compartimos la mesa del Señor, para que aprendamos de Jesús que el amor es el corazón de la ley y que el verdadero amor se expresa en el servicio, rogamos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor, Dios nuestro,
te presentamos nuestra disposición
para responder a tu amor.
Fortalécenos con el Cuerpo y la Sangre
de tu Hijo Jesucristo
para que, con él, nos dediquemos a ti
con toda nuestra mente y nuestro corazón
y que seamos capaces
de comunicar tu amor y tu justicia
a todos los que nos rodean.
Concédelo por Cristo, nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro,
tu Hijo se ha compartido con nosotros
en esta celebración eucarística.
Te rogamos que nos des su Espíritu de fortaleza
para que compartamos también su actitud
de apertura a tu voluntad
y a las necesidades de la gente.
Que así, vivamos el corazón de la ley
y te sirvamos como hijos e hijas tuyos
en quienes reconoces a Jesucristo,
tu Hijo y nuestro Señor para siempre.
Bendición
Como hijos agradecidos de Dios, pongamos nuestro corazón en buscar en los mandamientos no nuestra voluntad sino la voluntad de Dios, de modo que no preguntemos lo que Dios nos manda hacer sino simplemente cómo podemos responder a su amor y mostrar ese amor a las personas que nos rodean. Que Dios nos bendiga a todos: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
