CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

SALIÓ PODER DE ÉL

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios todopoderoso:
Con frecuencia sentimos hambre de poder
cuando no lo tenemos.
Cuando lo poseemos,
pedimos y anhelamos más poder todavía;
y entonces no sabemos cómo usarlo correctamente.
Ayúdanos a aceptar siempre el poder
de nuestra influencia, nuestros talentos y cualidades,
como dones que vienen de tus manos
y a usarlos para el bien de otros,
para curar y perdonar,
para llevar a otros vida y para edificar,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura

2 Sm 18,9-10.14b; 19,1-4

David llora la muerte de su hijo a quien, a pesar de su fidelidad, amaba mucho.  

En aquellos días, después de haber sido derrotado por los hombres de David, Absalón, su hijo, se dio a la fuga. Iba montado en una mula, y al meterse la mula bajo las ramas de una frondosa encina, a Absalón se le atoró la cabeza entre las ramas y se quedó colgando en el aire y la mula siguió corriendo. Uno de los soldados lo vio y le fue a avisar a Joab: "Acabo de ver a Absalón colgando de una encina". Joab se acercó a donde estaba Absalón, tomó tres flechas en la mano y se las clavó en el corazón.

Mientras tanto, David estaba en Jerusalén, sentado a la puerta de la ciudad. El centinela, instalado en el mirador que está encima de la puerta de la muralla, levantó la vista y vio que un hombre venía corriendo solo. Le gritó al rey para avisarle. El rey le contestó: "Si viene solo, es señal de que trae buenas noticias. Déjalo pasar. Tú, quédate ahí". El centinela lo dejó pasar y permaneció en su puesto.

El hombre que venía corriendo, que era un etíope, llegó a donde estaba David y le dijo: "Le traigo buenas noticias a mi señor, el rey. Dios te ha hecho justicia hoy, librándote de los que se habían rebelado contra ti". El rey le preguntó: "Pero, mi hijo Absalón, ¿está bien?" Respondió el etíope: "Que acaben como él todos tus enemigos y todos los que se rebelen contra mi señor, el rey".

Entonces el rey se estremeció. Subió al mirador que está encima de la puerta de la ciudad y rompió a llorar, diciendo: "Hijo mío, Absalón; hijo, hijo mío, Absalón. Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar, Absalón, hijo mío".

Le avisaron entonces a Joab que el rey estaba inconsolable por la muerte de Absalón. Por eso, aquella victoria se convirtió en día de duelo para todo el ejército, cuando se enteraron de que el rey estaba inconsolable por la muerte de su hijo. Por ello, las tropas entraron a la ciudad furtivamente, como entra avergonzado un ejército que ha huido de la batalla.

Salmo Responsorial

Salmo 85, 1-2. 3-4. 5-6

R. (1a) Protégeme, Señor, porque te amo.
Presta, Señor, oídos a mi súplica,
pues soy un pobre, lleno de desdichas.
Protégeme, Señor, porque te amo;
salva a tu servidor, que en ti confía.
R. Protégeme, Señor, porque te amo.
Ten compasión de mí,
pues clamo a ti, Dios mío, todo el día,
y ya que a ti, Señor, levanto el alma,
llena a este siervo tuyo de alegría.
R. Protégeme, Señor, porque te amo.
Puesto que eres, Señor, bueno y clemente
y todo amor con quien tu nombre invoca,
escucha mi oración
y a mi súplica da repuesta pronta.
R. Protégeme, Señor, porque te amo.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 8, 17

R. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades
y cargó con nuestros dolores.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 5,21-43

 Jesús utiliza su poder para hacer el bien y para dar a sus discípulos y al pueblo una lección objetiva sobre la fe. El de Jesús es un poder que da salud y vida. Cuando la mujer enferma toca a Jesús con una especie de fe mágica en su poder, él insiste en la fe; lo mismo hace, como una señal de su propia futura resurrección, cuando resucita a la hija de Jairo. ¿No habría de significar el poder también para nosotros una fuerza que alza y eleva, un poder de resurrección?

 

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: '¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

Oración de los Fieles

–      Para que la Iglesia continúe con genuina compasión el ministerio curativo de Jesús. Que los enfermos se sientan confortados, los oprimidos libres, y los pobres y débiles protegidos, roguemos al Señor.
–      Para que en este mundo hambriento de comida material y de valores espirituales, las Iglesias y las naciones prósperas compartan generosamente con los que tienen menos, roguemos al Señor.
–      Para que los médicos, enfermeros y enfermeras, y todos los que cuidan de los enfermos y discapacitados, tengan un gran respeto por la vida y en su tarea se inspiren en el amor de Cristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Llena estos dones de pan y vino que te presentamos
con el poder de tu Santo Espíritu,
para que sean para nosotros
pan y vino de Resurrección y de vida
de Jesucristo tu Hijo.
Por medio de esta eucaristía
transfórmanos en hombres y mujeres
de esperanza y alegría,
que caminan juntos
siguiendo el mismo camino y estilo de vida
de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Tú nos has dado el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
como una fuente de poder que da vida.
No permitas que la dejemos inactiva o improductiva,
sino ayúdanos a usarla como una gran fuerza
para levantar y animar a los que nos rodean
y para construir todos juntos un mundo mejor,
mundo de reconciliación, justicia y amor.
Que así la resurrección de Jesús
actúe ya ahora eficazmente entre nosotros,
hasta que nos resucites en el último día
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El evangelio de hoy afirma sobre Jesús: “Una fuerza especial había salido de él”. Era un poder que curó y que resucitó a una niña. Si nosotros tenemos poder, que sepamos emplearlo siempre para elevar y animar a los hermanos; nunca para menospreciarlos ni humillarlos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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