CUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
SALIÓ PODER DE ÉL
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios todopoderoso:
Con frecuencia sentimos hambre de poder
cuando no lo tenemos.
Cuando lo poseemos,
pedimos y anhelamos más poder todavía;
y entonces no sabemos cómo usarlo correctamente.
Ayúdanos a aceptar siempre el poder
de nuestra influencia, nuestros talentos y cualidades,
como dones que vienen de tus manos
y a usarlos para el bien de otros,
para curar y perdonar,
para llevar a otros vida y para edificar,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.
Salmo Responsorial
R. (1a) Protégeme, Señor, porque te amo.
Presta, Señor, oídos a mi súplica,
pues soy un pobre, lleno de desdichas.
Protégeme, Señor, porque te amo;
salva a tu servidor, que en ti confía.
R. Protégeme, Señor, porque te amo.
Ten compasión de mí,
pues clamo a ti, Dios mío, todo el día,
y ya que a ti, Señor, levanto el alma,
llena a este siervo tuyo de alegría.
R. Protégeme, Señor, porque te amo.
Puesto que eres, Señor, bueno y clemente
y todo amor con quien tu nombre invoca,
escucha mi oración
y a mi súplica da repuesta pronta.
R. Protégeme, Señor, porque te amo.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Cristo hizo suyas nuestras debilidades
y cargó con nuestros dolores.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús utiliza su poder para hacer el bien y para dar a sus discípulos y al pueblo una lección objetiva sobre la fe. El de Jesús es un poder que da salud y vida. Cuando la mujer enferma toca a Jesús con una especie de fe mágica en su poder, él insiste en la fe; lo mismo hace, como una señal de su propia futura resurrección, cuando resucita a la hija de Jairo. ¿No habría de significar el poder también para nosotros una fuerza que alza y eleva, un poder de resurrección?
En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.
Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.
Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: '¿Quién me ha tocado?' " Pero él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de él.
Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.
Oración de los Fieles
– Para que la Iglesia continúe con genuina compasión el ministerio curativo de Jesús. Que los enfermos se sientan confortados, los oprimidos libres, y los pobres y débiles protegidos, roguemos al Señor.
– Para que en este mundo hambriento de comida material y de valores espirituales, las Iglesias y las naciones prósperas compartan generosamente con los que tienen menos, roguemos al Señor.
– Para que los médicos, enfermeros y enfermeras, y todos los que cuidan de los enfermos y discapacitados, tengan un gran respeto por la vida y en su tarea se inspiren en el amor de Cristo, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Llena estos dones de pan y vino que te presentamos
con el poder de tu Santo Espíritu,
para que sean para nosotros
pan y vino de Resurrección y de vida
de Jesucristo tu Hijo.
Por medio de esta eucaristía
transfórmanos en hombres y mujeres
de esperanza y alegría,
que caminan juntos
siguiendo el mismo camino y estilo de vida
de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Tú nos has dado el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo
como una fuente de poder que da vida.
No permitas que la dejemos inactiva o improductiva,
sino ayúdanos a usarla como una gran fuerza
para levantar y animar a los que nos rodean
y para construir todos juntos un mundo mejor,
mundo de reconciliación, justicia y amor.
Que así la resurrección de Jesús
actúe ya ahora eficazmente entre nosotros,
hasta que nos resucites en el último día
por Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: El evangelio de hoy afirma sobre Jesús: “Una fuerza especial había salido de él”. Era un poder que curó y que resucitó a una niña. Si nosotros tenemos poder, que sepamos emplearlo siempre para elevar y animar a los hermanos; nunca para menospreciarlos ni humillarlos. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
