TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO  VIERNES

EL REINO DE DIOS CRECE DISCRETAMENTE

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios, siempre paciente y bondadoso:
Calma nuestra impaciencia 
cuando tratemos de anunciar
tu verdad, tu justicia y tu paz
a un mundo, e incluso a una Iglesia,
que aún no están dispuestos a acogerlas.
Que en nuestro desaliento e impotencia 
logremos aceptar
que todo crecimiento verdadero viene de ti.
Nosotros sólo podemos plantar la semilla: 
hazla tú brotar y florecer
hasta hacerse un árbol frondoso
que cobije a muchos en sus ramas.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
 

Primera Lectura

2 Sm 11,1-4a.5-10a.13-17

 El adulterio de David con Betsabé y el homicidio de Urías subrayan que el pecado es, en gran medida, parte de nuestra historia humana. Cristo, descendiente de David y Betsabé, con su humanidad salvará la nuestra enredada en el pecado. Porque donde abundó el pecado, abundan todavía mucho más la gracia y la vida de Cristo.

En la época del año en que los reyes acostumbraban salir a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel contra los amonitas. Los derrotaron y pusieron sitio a Rabbá.

David se había quedado en Jerusalén. Un día, al atardecer, se levantó de dormir y se puso a pasear por la terraza del palacio; desde ahí vio a una mujer que se estaba bañando. Era una mujer muy hermosa. David mandó preguntar quién era aquella mujer y le dijeron: “Es Betsabé, hija de Eliam, esposa de Urías, el hitita”. David mandó unos criados a buscarla. Se la trajeron a su casa y durmió con ella. La mujer quedó embarazada y le mandó decir a David: “Estoy encinta”.

Entonces David le envió un mensaje a Joab: “Haz que venga Urías, el hitita”. Joab cumplió la orden, y cuando Urías se presentó a David, el rey le preguntó por Joab, por el ejército y por el estado de la guerra. Luego le dijo: “Ve a descansar a tu casa, en compañía de tu esposa”. Salió Urías del palacio de David y éste le mandó un regalo. Pero Urías se quedó a dormir junto a la puerta del palacio del rey, con los demás servidores de su señor, y no fue a su casa. Le avisaron a David: “Urías no fue a su casa”. Al día siguiente, David lo convidó a comer con él y lo hizo beber hasta embriagarse. Ya tarde, salió Urías y se volvió a quedar a dormir con los servidores de su señor y no fue a su casa.

A la mañana siguiente escribió David a Joab una carta y se la envió con Urías. En ella le decía: “Pon a Urías en el sitio más peligroso de la batalla y déjalo solo para que lo maten”. Joab, que estaba sitiando la ciudad, puso a Urías frente a los defensores más aguerridos. Los sitiados hicieron una salida contra Joab y murieron algunos del ejército de David, entre ellos, Urías, el hitita.

Salmo Responsorial

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 6bc-7. 10-11

R. (cf. 3a) Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados.
R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Es justa tu sentencia
y eres justo, Señor, al castigarme.
Nací en la iniquidad,
y pecador me concibió mi madre.
R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.
Haz que sienta otra vez júbilo y gozo
y se alegren los huesos quebrantados.
Aleja de tu vista mis maldades
y olvídate de todos mis pecados.
R. Misericordia, Señor, que hemos pecado.

Aclamación antes del Evangelio

Mateo 11, 25

R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 4,26-34

El Reino de Dios no irrumpe en nuestro mundo humano con signos y poder extraordinarios. Se trata de un crecimiento paciente, discreto, que comienza con una diminuta semilla, tanto en la historia de la Salvación personal de cada persona como en la historia de Salvación de la humanidad entera. Aun cuando esa semilla del Reino está amenazada por el pecado, que rechaza todo crecimiento, sus ramas, sus hojas, sus flores y sus frutos se abren paso en la historia.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

Oración de los Fieles

–      Para que la diminuta llamita de fe, todavía viva en los corazones de muchos que abandonan la Iglesia, no se apague sino se avive de nuevo y se convierta en luz brillante que renueve sus vidas, roguemos al Señor.

–      Para que nuestras escuelas siembren en los corazones de nuestros jóvenes las semillas de la fe y de un amor generoso y servicial, y para que el Señor bendiga a los educadores en su formidable misión, roguemos Señor.

–      Para que los misioneros sigan sembrando con ilusión la semilla de la alegre Buena Nueva de Salvación en nuestro mundo que, con frecuencia, se muestra indiferente y hostil al Evangelio, roguemos al Señor

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, paciente y poderoso:
Te presentamos ahora los frutos 
procedentes de diminutas semillas de trigo
y de pequeños brotes de la vid.
Por el poder de tu Espíritu
se convertirán en Jesús mismo, 
para vivir en medio de nosotros.
Que la semilla de su vida y su mensaje
dé frutos entre nosotros, su Pueblo, 
y nos haga Cuerpo visible del mismo Cristo para el mundo,
para que crezcan en todos nosotros 
una serena confianza y una firme esperanza.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Con tu mano generosa has sembrado 
aquí, entre nosotros, en esta eucaristía, 
la semilla original de todo lo bueno y verdadero:
tu Hijo Jesucristo.
Aunque ahora nuestra fe y nuestro amor 
parezcan insignificantes y decepcionantes,
danos la esperanza y el valor 
para que el mismo Jesús pueda unirnos en una comunidad
donde prevalezcan siempre la verdad, la justicia y la libertad,
hasta que la cosecha esté ya lista para la recolección,
a su debido tiempo, cuando tú dispongas.
Concédenoslo por medio de Jesucristo nuestro Señor

Bendición
Hermanos: La paciencia y la humildad son necesarias en el trabajo de Dios. Él siembra, él planta, y él da crecimiento. Él también cosechará. Pero él espera, de todos modos, que nosotros colaboremos con él, bajo su amparo y bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

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