TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO  MIÉRCOLES

TEMPLOS DE DIOS

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Señor, Dios de la Alianza,
las casas de culto 
que construimos para ti 
con nuestras propias manos 
no te pueden contener.
Te agradecemos que construyas
con nuestra pobre ayuda
tu propia morada entre nosotros
donde las personas vivan unas para las otras
en razón de tu presencia viva
entre nosotros, 
Jesucristo, nuestro Señor, para siempre.

Primera Lectura

Sam 7, 14-17

 Hombre de fe, David quiere construir una casa para Dios, para albergar el Arca de la Alianza, ya que el Arca era el signo de la presencia y la unión de Dios con su Pueblo. Pero la lealtad de David a la Alianza es suficiente para Dios. En cambio, Dios construirá una casa para David: su casa real será el anuncio de la venida del Salvador, y a través de este Salvador, Dios habitará con su pueblo para siempre. En esta Eucaristía, celebramos la alegría de tener a Dios presente en medio de su Pueblo.

En aquellos días, el Señor le habló al profeta Natán y le dijo: "Ve y dile a mi siervo David que el Señor le manda decir esto: '¿Piensas que vas a ser tú el que me construya una casa, para que yo habite en ella? Desde que saqué a Israel de Egipto hasta el presente, no he tenido casa, sino que he andado en una tienda de campaña, por dondequiera que han ido los hijos de Israel. ¿Acaso en todo ese tiempo le pedí a alguno de los jueces, a quienes puse como pastores de mi pueblo, Israel, que me construyera una casa de cedro?'

Di, pues, a mi siervo David: 'Yo te saqué de los apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo, Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.

Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantaré allí para que habite en su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de tus enemigos. Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y cuando tus días se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Él me construirá una casa y yo consolidaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo. Si hace el mal, yo lo castigaré con vara fuerte y con azotes, pero no le retiraré mi favor, como lo hice con Saúl, a quien quité de tu camino. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí, y tu trono será estable eternamente' ".

Natán comunicó a David todas estas palabras, conforme se las había revelado el Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 88, 4-5. 27-28. 29-30

R. (29a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
"Un juramento hice a David, mi servidor,
una alianza pacté con mi elegido:
'Consolidaré tu dinastía para siempre
y afianzaré tu trono eternamente'.

El me podrá decir: 'Tú eres mi padre,
el Dios que mi protege y que mi salva'.
Y yo lo nombraré mi primogénito
sobre todos los reyes de la tierra.

Yo jamás le retiraré mi amor
No volaré el juramento que le hice.
Nunca se extinguirá su descendencia
y su trono durará igual en el cielo".

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo;
todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre.
R. Aleluya.

Evangelio

Mc 4,1-20

 El Reino está aquí entre nosotros, pero encuentra la resistencia de la gente. Es difícil responder a las exigencias del Evangelio, convertirnos al plan que Dios acaricia para nosotros, formar una comunidad que viva de acuerdo a sus leyes de amor y justicia y que y dé testimonio de su presencia. ¿Estamos deseosos y dispuestos a ser esa comunidad que promueva el auténtico crecimiento del Reino de Dios?

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

"Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno". Y añadió Jesús: "El que tenga oídos para oír, que oiga".

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: "A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados".

Y les dijo a continuación: "Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? 'El sembrador' siembra la palabra.

'Los granos de la vereda' son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

'Los que reciben la semilla en terreno pedregoso', son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

'Los que reciben la semilla entre espinas' son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, 'los que reciben la semilla en tierra buena' son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno".

Oración de los Fieles

–      Que nuestras asociaciones y organizaciones puedan darse cuenta de la necesidad de cooperar para ser sinceramente la Iglesia de Cristo, oremos.

–      Que nuestra comunidad siempre sea consciente de que no está sola sino unida en la fe y el amor, en la esperanza y el servicio, con la Iglesia universal, oremos.

–      Que la Iglesia pueda siempre ser hospitalaria y ser un hogar para los extranjeros y refugiados, para las personas sin hogar o país, oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro,
todo lo que quieres
para estar presente entre nosotros, tu Pueblo,
es que te seamos leales
por el poder de Jesús, tu Hijo.
Traemos antes ti nuestro amor sincero
en estos dones de pan y vino
y te pedimos que permanezcas con nosotros,
que hagas tu hogar entre nosotros 
por medio de tu Hijo, Jesucristo,
nuestro Señor por siempre.

Oración después de la Comunión
Oh Señor, Dios fiel,
en esta Eucaristía hemos recordado
cómo nos ha librado
de nuestras miserias 
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Sigue estando con nosotros, tu Pueblo;
protégenos del mal, 
sé un padre para nosotros 
y permítenos que seamos tus hijos e hijas
por medio de tu Hijo fiel,
Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
El Señor sigue sembrando su Palabra en nosotros cada vez que escuchamos y leemos las Escrituras y siempre que traducimos nuestra fe en obras. Que seamos capaces de oír esa Palabra y vivirla, con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

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