TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
LA SEMILLA DEL REINO
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Día a día experimentamos
lo difícil que es aceptarte a ti
y dejar que tu Reino crezca en y entre nosotros.
Vence, Señor, nuestra resistencia,
dispón nuestro corazón para aceptarte
con tus propias condiciones,
sin idea alguna preconcebida.
Que la semilla de Evangelio de tu Hijo
dé mucho fruto en nosotros,
para que él, Jesús, viva y reine entre nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Por mediación de Jesús –por su obediencia–, Dios logró implantar su ley en los corazones de los hombres. La Nueva Alianza mueve a las personas en lo más profundo de sí mismas y las dispone a buscar la voluntad de Dios.
Todo sacerdote se presenta a oficiar cada día y ofrece muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar pecados.
Cristo, en cambio, después de ofrecer un único sacrificio por los pecados, se sentó para siempre a la derecha de Dios
y se queda allí esperando a que pongan a sus enemigos como estrado de sus pies.
Porque con un solo sacrificio llevó a perfección definitiva a los consagrados.
También el Espíritu Santo nos lo atestigua, al decir:
Ésta es la alianza que haré con ellos en el futuro –oráculo del Señor–: pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su conciencia.
Me olvidaré de sus pecados y delitos.
Ahora bien, si son perdonados, ya no hace falta ofrenda por el pecado.
Evangelio
El Reino está aquí entre nosotros, pero encuentra la resistencia de la gente. Es difícil responder a las exigencias del Evangelio, convertirnos al plan que Dios acaricia para nosotros, formar una comunidad que viva de acuerdo a sus leyes de amor y justicia y que y dé testimonio de su presencia. ¿Estamos deseosos y dispuestos a ser esa comunidad que promueva el auténtico crecimiento del Reino de Dios?
Parábola del sembrador
En otra ocasión se puso a enseñar a orillas del lago. Se reunió en torno a él tal gentío que tuvo que subirse a una barca que estaba en el agua y sentarse en ella, mientras toda la gente quedaba en tierra, junto al lago.
Les enseñaba muchas cosas con parábolas, esto es lo que les decía:
—¡Escuchen con atención! Salió un sembrador a sembrar.
Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino; vinieron las aves y se las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso con poca tierra. Al faltarles profundidad brotaron enseguida;
pero, al salir el sol se marchitaron, y como no tenían raíces se secaron.
Otras cayeron entre espinos: crecieron los espinos y las ahogaron, y no dieron fruto.
Otras cayeron en tierra fértil: brotaron, crecieron y dieron fruto; produjeron: unas treinta, otras sesenta, otras cien.
Y añadió: El que tenga oídos para oír que escuche.
Propósito de las parábolas
Cuando se quedó a solas, los que estaban a su alrededor junto con los Doce le preguntaron acerca de las parábolas.
Él les dijo:
—A ustedes se les comunica el secreto del reino de Dios; pero a los de fuera todo se les propone en parábolas
de modo que:
por más que miren, no vean;
por más que escuchen,
no comprendan;
no sea que se conviertan
y sean perdonados.
Explicación
de la parábola del sembrador
Y les añadió:
—Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a entender las demás?
El que siembra, siembra la Palabra.
Los que están junto al camino donde se siembra la Palabra son los que en cuanto la escuchan, llega Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos.
Otros son como lo sembrado en terreno pedregoso: cuando escuchan la Palabra, la reciben con gozo;
pero no tienen raíces, son inconstantes. Llega una tribulación o persecución por causa de la Palabra, e inmediatamente fallan.
Otros son como la semilla que cae entre espinos: escuchan la Palabra,
pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos ahogan la Palabra y no la dejan dar fruto.
Y otros son lo sembrado en tierra fértil: escuchan la Palabra, la reciben y dan fruto al treinta o sesenta o ciento por uno.
Oración de los Fieles
– Por los que difunden y proclaman la Palabra de la Buena Nueva, del Evangelio: sacerdotes y misioneros, catequistas y maestros, para que sigan sembrando la semilla, aun cuando no vean todavía la cosecha alentadora, roguemos al Señor.
– Por aquellos a quienes no los mueve la palabra de Dios. Para que la Iglesia pueda oír su silencioso anhelo y proclamarles la misma Palabra de tal forma que perciban que ella tiene mucho que aportar a su vida y a su felicidad, roguemos al Señor.
– Por los que han permanecido sordos a la palabra de Dios. Para que se vuelvan sensibles y se dejen mover por ella, especialmente cuando la vean florecer y dar fruto en sus vidas, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Traemos ante ti pan y vino,
frutos del campo y de la cosecha.
Siembra en nosotros las semillas de vida
del Cuerpo y Sangre de tu Hijo,
para que podamos producir
una rica cosecha de justicia y amor,
gracias al mismo Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios de poder y de amor:
Tú nos has dicho tu Palabra de Vida.
Nosotros te hemos dado una respuesta
de buenas intenciones y promesas.
Que tu Palabra arraigue firmemente
en las profundidades de nuestro mismo ser,
para que continuemos proclamándola
con obras de entrega a los hermanos,
que son actos de fe en tu futuro feliz
y en tu palabra viviente,
Jesucristo, nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Dios sigue sembrando. Él envía la lluvia que da vida y el sol lleno de luz y calor, para que la semilla brote, crezca y dé fruto. Pero, en nosotros, ¿dejamos que la semilla de la Palabra crezca y madure? Ojalá demos mucho fruto, con la bendición del Señor. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
