TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES
VERDADERO REINADO CON JESÚS
Ciclo del Leccionario: I
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios bondadoso, Padre de todos:
Tú nos conoces y nos quieres;
ocurra lo que nos ocurra,
estamos siempre en tus manos.
A donde quiera que nos lleves,
tú sabes bien a dónde quieres que vayamos.
Te pedimos, Señor, fe y confianza.
Haz que tu voluntad sea nuestra,
para que pueda conducirnos a tu casa
bajo la guía de aquel
que siempre y en todo cumplió tu voluntad:
Jesucristo, nuestro Señor
Primera Lectura
La Ley antigua no era capaz de salvar a la gente. Podía solo señalar dónde y cuándo se cometía pecado, pero no lo perdonaba. Por eso los sacrificios tenían que repetirse. El sacrificio que realmente perdonó el pecado fue el de Cristo, porque fue ofrenda y oblación personal de sí mismo, y así tocó el corazón de Dios.
Eficacia del sacrificio de Cristo y el sacerdocio de los creyentes
La ley es sombra de los bienes futuros, no su presencia verdadera. Con los mismos sacrificios ofrecidos periódicamente cada año, la ley nunca puede hacer perfectos a los que se acercan.
Porque si los hubiera purificado definitivamente, al no tener conciencia de pecado, los que rinden culto habrían dejado de ofrecerlos.
Por el contrario, estos sacrificios sirven para hacerles recordar sus pecados cada año,
ya que la sangre de toros y cabras no puede perdonar pecados.
Por eso, al entrar en el mundo dijo: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo.
No te agradaron holocaustos ni sacrificios expiatorios.
Entonces dije: Aquí estoy, he venido para cumplir, oh Dios, tu voluntad –como está escrito de mí en el libro de la ley–.
Primero dice que no ha querido ni le han agradado ofrendas, sacrificios, holocaustos ni sacrificios expiatorios que se ofrecen legalmente;
después añade: Aquí estoy para cumplir tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.
Y en virtud de esa voluntad, quedamos consagrados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.
Evangelio
Jesús nos asegura que lo que nos acerca a Dios y nos hace sus parientes y familiares es el hacer la voluntad del Padre. Esto es lo que realmente importa, más que los lazos de sangre.
La madre y los hermanos de Jesús
Llegaron su madre y sus hermanos, se detuvieron fuera y lo mandaron llamar.
La gente estaba sentada en torno a él y le dijeron:
—Mira, tu madre y tus hermanos [y hermanas] están fuera y te buscan.
Él les respondió:
—¿Quién es mi madre y [mis] hermanos?
Y mirando a los que estaban sentados en círculo alrededor de él, dijo:
—Miren, éstos son mi madre y mis hermanos.
[Porque] el que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Oración de los Fieles
– Para que estemos siempre cercanos a Jesús buscando con él, y con su Madre, María, la voluntad del Padre, roguemos al Señor.
– Para que los sacerdotes, religiosos y misioneros sigan confiando en el Señor, que los llamó a pesar de su debilidad humana. Que, con Cristo, se preocupen y cuiden especialmente de los pobres y débiles, roguemos al Señor.
– Para que los desalentados y heridos por la vida no se sientan amargados, y para que puedan sacar fuerza y esperanza nuevas gracias a nuestra presencia amable y a nuestra amistad sincera, roguemos al Señor
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Este pan y este vino
quieren ser signos de que, con Jesús, tu Hijo,
estamos dispuestos a buscar tu voluntad.
Permítenos participar en este banquete de la eucaristía
como hermanas y hermanos suyos,
y seguirlo fielmente
en su camino de fidelidad hacia ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has dado una tierra y un mundo
que tenemos que dominar y desarrollar
conforme a tus sabios planes.
Y tú quieres que unamos fuerzas
para la construcción del Cuerpo de Cristo.
Que ojalá sepamos hacerlo así
con la fuerza de Jesús mismo.
Haz de esta Iglesia y de este mundo
una comunión de fe y esperanza,
de amor y paz,
como un signo claro y un camino seguro
hacia tu alegría y felicidad
que durarán por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos y hermanas de Jesús… ¿En qué medida estamos unidos a él y somos como él? Rezamos con mucha frecuencia el Padre Nuestro y allí le pedimos que su voluntad se haga en la tierra como en el cielo. Esto es lo que pedimos, y esto es precisamente a lo que nos tenemos que comprometer. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
